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sábado, 8 de febrero de 2014

PANORAMA

Panorama político nacional de los últimos siete días La metáfora de Tinelli Un test sobre la actualidad política: ¿quién fue el autor de esta frase: “Fui convocado para hacer algo que evidentemente no se podía hacer. Me di cuenta tarde”? ¿Miguel Galuccio? ¿Jorge Capitanich? ¿Marcelo Tinelli? Fue Tinelli, es cierto: después de jornadas de tironeos y negociaciones con las sombras de Máximo Kirchner, el hombre orquesta de Ideas del Sur fue defenestrado de Fútbol para Todos antes aún de hacerse cargo. Un úkase de madrugada de la Presidente avaló los deseos de su hijo y decidió seguir adelante “con los nuestros”, es decir, con el equipo periodístico seleccionado por los muchachos de La Cámpora. Fútbol para los nuestros A Tinelli lo había convocado el Jefe de Gabinete, Jorge Milton Capitanich, quien en el momento de mayor poder de su gestión (el primer día), se propuso, entre otras ambiciosas metas, cambiar el estilo ramplón y explícitamente faccioso de la transmisión oficial del fútbol, un artefacto propagandístico de alto costo para la caja central. Le ofreció el negocio a Tinelli y este puso manos a la obra. Pero el proyecto empezó a frenarse en vísperas del inicio del campeonato. A mitad de semana, Capitanich desmintió con énfasis que la causa de la parálisis fuera la resistencia de la agrupación del hijo de la Presidente. Se preocupó por "desligar de cualquier operación mediática a la eventual injerencia" de La Cámpora que, proclamó el jefe de gabinete, “está integrada por compañeros militantes con profunda vocación de servicio y un compromiso extraordinario, no sólo para defender el proyecto nacional y popular, sino para aportar ideas creativas en múltiples lugares de responsabilidad". Algunas horas más tarde debió comunicarle a Tinelli que (“a pedido de la Presidente”) las transmisiones quedarían a cargo del camporismo. Fue entonces cuando Tinelli twiteó la frase citada al inicio del artículo. Pero, ¿no resulta obvio que el propio Capitanich podría firmar al pie de ese texto? Después de que se frustraron las expectativas que muchos (y él mismo) alentaron a su arribo al gobierno central y la posibilidad de que se convirtiera en correa de transmisión de los puntos de vista de los gobernadores peronistas para contribuir a abrir los ventanales de un gobierno encerrado, ¿no podría concluirse que también él fue “convocado para hacer algo que evidentemente no se podía hacer”? ¿Podrá Galuccio? ¿Y qué decir de Miguel Galuccio? El CEO de YPF aspira a convertir a la petrolera estatal en la hendija por la que penetre el aire de la gran inversión nacional y externa en energía convencional y no convencional. Ese objetivo requiere realismo y cumplir con ciertos prerrequisitos, los primeros de los cuales son el respeto a normas internacionalmente homologables y el trato civilizado con los inversores. De lo general a lo concreto: hay que arreglar el intermezzo que los termocéfalos del oficialismo generaron al confiscar las acciones de Repsol en YPF; hay que cumplir con los acreedores, hay que arreglar resueltamente con el Club de Paris. Y no hay que maltratar a las empresas del sector que ya invierten en Argentina ni hay que fijar políticas de precios que amenacen a la inversión. Esta es una enumeración de asignaturas pendientes, que acumula puntos negativos cuando el gobierno, por caso, maltrata a Shell porque elevó sus precios como respuesta a la reciente devaluación. El gobierno carece inclusive de relato para sostener esos maltratos: el incremento de precios de Shell fue explicado porque “se trata de una empresa que depende de las coronas de Holanda e Inglaterra”, cuando, en rigor, todas las petroleras (YPF no queda aparte) requieren un aumento y, además, las provincias petroleras resisten la política del ministerio de Economía que quiere garantizarles a los consumidores un incremento más contenido del precio de los combustibles por un camino que recorta las regalías a los distritos productores (y de ese modo les afecta ingresos esenciales para sostener el empleo, la infraestructura y la inversión e esas provincias). ¿Puede Galuccio avanzar en su proyecto productivista y vinculado al aliento a la inversión, en el marco de un rumbo económico tortuoso que en los pocos casos en que acierta con una medida lo hace menos por convicción que por imposición de la realidad? ¿O también el CEO de YPF fue “convocado para hacer algo que evidentemente no se podía hacer” (al menos en las actuales condiciones)? Las dudas oficialistas El caso de Fútbol para Todos es una nueva demostración de que, aún en condiciones críticas, el programa del oficialismo sigue siendo el “vamos por todo”, perfeccionado ahora con el “vamos con los nuestros”. Eso sí: “todo” es cada vez menos y “los nuestros” es un concepto que se encoge hora tras hora. Desde las propias filas del oficialismo se ponen en discusión la gobernabilidad y la continuidad del poder presidencial. Nada menos que dos ministros (el de Interior, Florencio Randazzo y el de Defensa, Agustín Rossi) salieron a sostener que la señora de Kirchner y su gobierno “no terminarán antes de tiempo”. ¿Cuál es el sentido de que desde el oficialismo se instale en la agenda esa cuestión? Algunos analistas opinan que las pujas internas del oficialismo contienen a algunos sectores que preferirían un fin súbito antes que una lenta agonía (y que consideran que la falta de reflejos para introducir adecuados ajustes en el rumbo y para ganar aliados determinan decadencia y agonía). Es posible que algunos de esos sectores se hayan sentido interpretados por las frases que sin anestesia disparó esta semana Jorge Yoma (“Cuando uno ve que el Gobierno va camino a un colapso económico, cabe preguntarse si es necesario que el pueblo vuelva a pasar por esa situación o si el sistema político le debe decir la presidenta Hasta acá llegó: cambia o se va'”). El propio Yoma asegura que “los principales dirigentes con responsabilidades en el peronismo hoy hablan en voz baja lo que yo digo en voz alta”. La debilidad política, la falta de confianza y las dificultades económicas se retroalimentan recíprocamente. Un torniquete al dólar Esta semana el gobierno consiguió aplicar un torniquete temporario al frente cambiario. Mérito del presidente del Banco Central, Juan Carlos Fábrega. Necesitó, eso sí, influir coactivamente sobre los bancos forzándolos a desproveerse de divisas y necesitó también levantar las tasas de interés y encarecer el crédito (es decir: usar instrumentos clásicos de ajuste). Se detiene temporalmente la presión del dólar, pero está por verse si se puede revertir la ola de aumentos de precios que ya hace proyectar la inflación anual alrededor del 40 por ciento. A veces el dólar empuja a los otros precios, otras veces ocurre lo inverso. Los gremios, a la hora de discutir salarios (ya se inician las convenciones colectivas) miran a las góndolas más que a las casas de cambio. Los reclamos serán fuertes. Quizás el gobierno pretenda descomprimir con algún aumento por decreto. También eso sería un remedio transitorio. Boudou y la línea sucesoria Como para agregar una yapa al dinámico proceso que viven el gobierno y el oficialismo, esta semana se conoció el pedido del fiscal de caso Ciccone de que el vicepresidente Amado Boudou sea indagado en condición de imputado. Boudou fue seleccionado por la Presidente, es hijo de su decisión solitaria. Por ese motivo, aunque muy pocos en los círculos superiores del kirchnerismo parecen dispuestos a gastar de su propio capital para defenderlo, el vice será sostenido hasta el fin por la Casa Rosada. Y es improbable que él, de motu propio, decida dar un paso al costado para ahorrarle al gobierno una mancha más. La mala hora de Boudou y la atmósfera de inquietud sobre la suerte del gobierno a que aludieron Rossi, Randazzo o Jorge Yoma, alimentan ahora una tensión suplementaria: la que rodea la designación del próximo presidente provisional del Senado, que debe definirse antes del 1 de marzo. El cargo es ocupado hasta ahora por la tucumana Beatriz Rojkes de Alperovich, pero hay muchas señales en el sentido de que ella no seguirá allí. Al parecer la Casa Rosada quiere encumbrar al ex gobernador (y actual senador) santiagueño, Gerardo Zamora, un radical K: no es, por cierto, una muestra de fe presidencial en los senadores propios. El peronismo resiste esa movida y parece encolumnarse detrás del jefe del bloque oficialista de la Cámara Alta, Miguel Angel Pichetto. El político rionegrino, un peronista de extensa trayectoria, cuenta con el respeto de los propios y también con el de los ajenos: se le reconoce un comportamiento moderado y un cumplimiento meticuloso de los compromisos. En caso de que la vicepresidencia quedara vacante, el presidente provisional del Senado pasará a encabezar la lista de la sucesión presidencial.

viernes, 7 de febrero de 2014

Hugo Calzada LA ECONOMÍA CAMINA SIN RED Y POR LA CUERDA FLOJA Por Guillermo Rozenwurcel En cuestión de unas pocas semanas el proceso de deterioro de la situación macroeconómica se aceleró vertiginosamente, como consecuencia de los horrores (sic) de la política económica del Gobierno. Hasta entonces, aunque el contexto macro venía empeorando, lo hacía a un ritmo que dejaba cierto margen para que una política consistente lograse revertir el proceso. El cepo cambiario y la “represión” financiera limitaban la velocidad de la caída de reservas y mantenían acotadas las expectativas de aceleración inflacionaria. Además, el rojo de las cuentas fiscales aún es modesto, la recaudación está en niveles record y el endeudamiento público permanece bajo. Pese al déficit en turismo y energía, la situación de la cuenta corriente externa también dista de ser dramática y las reservas disponibles todavía le dan al Gobierno un significativo poder de intervención. Aunque los niveles de actividad y empleo se estancaron, la economía aún no entró en recesión. Respetando ciertas reglas de juego básicas, el Gobierno hubiera podido disponer incluso de financiamiento internacional para suavizar el ajuste. En vez de adoptar un enfoque integral, desde el cambio en la conducción del Banco Central a fines de noviembre, el Gobierno decidió concentrarse en mejorar el tipo de cambio real mediante un esquema de minidevaluaciones diarias diseñado para hacer subir el tipo de cambio oficial más rápido que la inflación. Con la decisión de mantener las tasas de interés por debajo del ritmo de devaluación y sin el menor atisbo de una estrategia para combatir la inflación, el nuevo esquema cambiario no logró contener la pérdida de reservas ni reducir la brecha con el blue. Su fracaso no hizo más que coordinar el recrudecimiento de la presión sobre las reservas, señalizando la conveniencia de postergar exportaciones y anticipar importaciones u otros pagos al exterior. Las expectativas de fuerte aceleración inflacionaria ocasionadas por las repercusiones de la sublevación de las policías provinciales de inicios de diciembre agravaron la crisis que ya estaba gestándose. En ese contexto, Una vez más el Gobierno eligió ignorar que el problema es sistémico y tomó una medida aislada, que además quiebra el contrato de gradualismo cambiario vigente desde 2003. Es cierto que ahora el tipo de cambio real es un 20% más alto que el promedio de 2013. Pero con una inflación del orden del 4 al 5% mensual prevista para los dos primeros meses del año (equivalente a un rango de 60 a 80% anualizado) es imposible generar expectativas de que la mejora de competitividad se mantendrá, a menos que exista una política fiscal, monetaria, cambiaria y de ingresos consistente, con credibilidad suficiente, que contenga la aceleración inflacionaria en curso. Sin el mínimo indicio de que el Gobierno esté al menos pensando algún plan, y con una credibilidad que se ha ido diluyendo por las constantes marchas y contramarchas que revelan su propia confusión y desorientan a todo el mundo, no es sorprendente que en los primeros cuatro días del nuevo esquema el Banco Central haya perdido más de 800 millones de dólares de reservas, la brecha con el dólar paralelo se mantenga por encima del 50% y caigan los bonos en dólares como reflejo de un aumento en la percepción del riesgo de default. Tal como están las cosas, a la política económica no le quedan opciones “buenas”; deberá contentarse si logra hacer que funcione la “menos mala”. Tampoco tiene demasiado tiempo: la dinámica de los acontecimientos ya no se puede medir en meses, sino en semanas o incluso días. La opción menos mala implica adoptar cuanto antes un programa antiinflacionario integral. Esto requiere en primer lugar una política fiscal más restrictiva, que limite el financiamiento del déficit con emisión. Como, a diferencia del pasado, hoy la devaluación no tiene efectos fiscales positivos (la suba de la recaudación por impuestos al comercio exterior es más o menos equivalente al aumento del gasto en subsidios a la energía) el ajuste sólo puede lograrse aumentando los salarios públicos por debajo de la inflación y/o reduciendo los subsidios. El programa monetario y la política cambiaria deben ser consistentes con la meta antiinflacionaria. En particular, las tasas de interés tienen que ser más elevadas que las expectativas de inflación y devaluación. Complementariamente, para frenar la inercia inflacionaria, sería conveniente que empresas y sindicatos aceptasen ajustar precios y salarios sin basarse en la inflación pasada. La caída real de salarios y el impacto recesivo inicial que, en las presentes circunstancias, ocasionaría este programa, tendería a acentuar drásticamente la ya elevada conflictividad social. Esta circunstancia, sumada al giro de 180 grados que el programa impondría al relato oficial, supondría elevadísimos costos políticos para el Gobierno. Por estas razones, la implementación de esta opción resulta sumamente dudosa. Pero si el Gobierno descarta esa opción, lo más probable es que el peso y las reservas vuelvan a estar más temprano que tarde bajo ataque y la inflación se espiralice. En ese escenario entraríamos en terra incognita, con consecuencias económicas y políticas imprevisibles.

miércoles, 5 de febrero de 2014

EL ATRILERO: CHORIPAN

EL ATRILERO: CHORIPAN: DINERO MAL HABIDO Y MENTIRAS DE OCASIÓN ¿Cómo puede explicar CFK que su patrimonio creció 3.540%? http://periodicotribuna.com.ar/14970-como...

CHORIPAN

DINERO MAL HABIDO Y MENTIRAS DE OCASIÓN ¿Cómo puede explicar CFK que su patrimonio creció 3.540%? http://periodicotribuna.com.ar/14970-como-puede-explicar -cfk-que-su-patrimonio-crecio-3540.html#.UvGdFfmSy50 por Christian Sanz "Detrás de toda fortuna hay un crimen" Honoré de Balzac. Cristina Kirchner ostenta una cuantiosa fortuna que consta de dinero en efectivo, propiedades y emprendimientos hoteleros, la cual creció en una década la friolera de 3.540%. Ciertamente, no le gusta hablar a ese respecto y suele enfadarse cuando alguien hace referencia a ese tópico puntual. Solo se animó a responder en ocasión de hablar ante alumnos de la prestigiosa universidad de Harvard y solo por el hecho de que no tenía otra alternativa. En esa oportunidad, justificó su descomunal enriquecimiento argumentando que se había desempeñado como una "abogada exitosa" a partir del año 2003. La respuesta sorprendió por lo ingeniosa, pero no satisfizo a ninguno de los presentes: ¿Quién podría creer que Cristina ganara tanto dinero ejerciendo una profesión que jamás terminó de estudiar? ¿Qué caso o casos ganó la presidenta del 2003 a la fecha como para justificar esa afirmación? Mal que le pese a quienes creen en la "década ganada", la persona que más se benefició durante estos diez años fue la propia presidenta, quien pasó de tener poco más de 2 millones de pesos a superar los 80. Eso sin contar el dinero que se encuentra fuera del circuito legal o en manos de testaferros, como Lázaro Báez, Cristóbal López y otros. En concreto, en mayo de 2003, antes de que Néstor Kirchner llegara a la presidencia, el matrimonio informó que su patrimonio era de $ 2.239.515. Siete años más tarde, en 2010, Cristina declaró tener $ 79.438.856. Es decir que hubo un incremento del 3.540 % en menos de ocho años. En esos días, la jefa de Estado declaró ser dueña de 27 propiedades: seis casas, doce departamentos, seis terrenos y tres locales. Además, es la accionista mayoritaria en tres sociedades anónimas: Los Sauces SA, dueña del hotel boutique Los Sauces; CO.MA SA; y Hotesur SA, a través de la cual explota el hotel Alto Calafate. Como se dijo, se trata de la declaración jurada del año 2010. El patrimonio de Cristina siguió creciendo luego bastante más. ¿Qué otro caso existe de alguien que haya conseguido un avance tan considerable en su fortuna personal? ¿Algún empresario o artista acaso? Independientemente de que no hay otro caso similar, preocupa que la presidenta de la Nación se haya enriquecido sin poder dar explicaciones sobre cómo lo hizo. Ello permite suponer que lo hizo a través de hechos de corrupción facilitados por su cargo en la función pública. Es interesante detenerse y reflexionar al respecto, justo en días en los que se insiste en hablar sobre la "década ganada". ¿Será tal vez la década ganada para los Kirchner? Eso parece, ya que la pobreza en la actualidad alcanza niveles récord, lo mismo que la inflación y la inseguridad. Al mismo tiempo, la brecha entre quienes más y menos dinero tienen es aún más amplia que la que se dio durante la corrupta década menemista. Será complicado por demás reconstruir la República luego de la devastación que ha dejado el kirchnerismo, quienes se han apropiado hasta de los recursos naturales argentinos y no dudaron en robarse hasta los fondos de Santa Cruz. Todo un tópico sobre el cual reflexionar y que habla, no solo de cómo son aquellos que nos gobiernan, sino también quienes los elegimos para que estén al frente de esa tarea. No es poco.

martes, 4 de febrero de 2014

KORRUPCIÓN Y KURA

Depende: ¿la corrupción tiene cura? por Alejandro Salas Su solución está en gran medida en manos de los ciudadanos. "Los países, cuanto más pobres, más corruptos" No necesariamente. No existe una correlación directa entre pobreza y corrupción. El fenómeno de la corrupción es muy complejo y multidimensional. Tiene que ver con valores, creencias, normas, reglas, instituciones, etcétera. Si miramos a Iberoamérica, por ejemplo, estudios como el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia International, publicado en 2013, que mide las percepciones de corrupción en el sector público de los países, muestran a Venezuela y Argentina como dos de los peor calificados, sin embargo, ninguno de los dos es de los más pobres. Más bien, habría que poner el énfasis en la fortaleza o la debilidad de la institucionalidad democrática. Cuando el ejecutivo de un país domina a los otros poderes del Estado; cuando las fiscalías, contralorías, tribunales electorales y otros viven bajo el mando de uno de los poderes, por ejemplo, del Ejecutivo; cuando la prensa no es independiente o está concentrada en manos de unos pocos; cuando los políticos deben favores a grupos económicos poderosos que financian sus campañas; cuando lo que aprenden los niños sobre ética y valores en la escuela no se practica en casa, y cuando la población es pasiva y solo participa de la vida pública el día de las elecciones, hay un campo fértil para la corrupción. Por ello, la correlación entre pobreza económica y corrupción no es lo fundamental. Se trata más bien de un tema de riqueza o pobreza institucional y de participación ciudadana. "Todos los políticos son corruptos, por eso nada va a cambiar" Falso. No todos los políticos son corruptos ni la política es un mal oficio. Tampoco es cierto que nada vaya a cambiar. La política es parte esencial de la vida democrática y de la convivencia en Estados modernos. Hay muchos políticos que hacen las cosas bien y que quieren hacer más. Es necesario que nosotros como ciudadanos los identifiquemos y los apoyemos. En España, de acuerdo al Barómetro Global de la Corrupción, muy pocos ciudadanos han pagado sobornos para acceder a trámites o servicios públicos, más bien los encuestados identifican como las instituciones más plagadas de corrupción a los partidos políticos (8 de cada 10 españoles) y al Parlamento (7 de cada 10). Estas son dos instituciones clave para una democracia sana, entonces es ahí donde hay que centrar esfuerzos. Hay que dejar de votar por los corruptos, por aquellos que han estado involucrados en actos indebidos. Es asombroso, independientemente del país o de la ideología del partido político, que se siga votando por alcaldes, diputados y otros que son conocidos por los abusos de poder y delitos de corrupción como fraude, evasión fiscal, enriquecimiento ilícito o que simplemente no hacen más transparente la información sobre ellos a los votantes. Usemos un ejemplo sencillo. Si tengo que llevar mi automóvil a reparar, ¿lo llevo al mecánico que sé que en las últimas tres ocasiones me cobró muy caro y el coche se volvió a estropear una semana más tarde, o busco un mecánico nuevo en quien pueda confiar? La respuesta es obvia. Entonces, ¿por qué no aplicamos la misma lógica a los políticos y a los partidos y dejamos de apoyar a los que tienen malos antecedentes? El voto es la primera y más accesible herramienta que tienen los ciudadanos para sancionar a los corruptos. "En España y América Latina existe mucha corrupción, es una cuestión cultural" Depende. Si entendemos cultura como una región geográfica con ciudadanos con orígenes, historia y otros elementos comunes, como podría ser Iberoamérica, definitivamente no. Los ciudadanos de España, Perú, Costa Rica, Brasil o Argentina, por ejemplo, no son por nacimiento o cultura más o menos corruptos que los de los Balcanes, Asia Central, Escandinavia o el Norte de África. Cuando miramos los resultados del más reciente Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia International vemos que Estados como Uruguay y Chile obtienen calificaciones muy positivas, a la par de países como EE UU, Irlanda y Francia, incluso por encima de Austria o Estonia. Por el contrario, otros países de la región como Venezuela o Paraguay están en la parte más baja de la tabla, peleándose las últimas posiciones con Angola, Congo, Myanmar o Yemen, solo por nombrar algunos. España es un país de media tabla, obtiene una calificación de 59, donde 100 es un país percibido como muy limpio y cero como muy corrupto. La corrupción ha estado presente en la historia de la humanidad y se ha manifestado en las diversas sociedades. Por ello, más que un tema de cultura en el sentido más amplio de la palabra, es importante entender aspectos puntuales que se repiten ampliamente en una sociedad y se transmiten y replican a través del tiempo. Por ejemplo, el nivel de tolerancia que ciertas sociedades muestran a la corrupción. Ahí sí se observa que en varios países de América Latina existe un alto grado de tolerancia. En México, por ejemplo, existe la figura del coyote, un individuo que ronda las oficinas donde hay que hacer trámites con la administración pública como son las licencias, pasaportes, etcétera. El coyote te da un servicio, hace que el trámite sea más rápido y sencillo, y esto lo hace gracias a sus amigos en la burocracia o al pago de sobornos. Esta es una manifestación de la corrupción. Muchos utilizamos sus servicios porque nos sirve, nos conviene no perder el tiempo. Es decir, demandamos el servicio y ellos proveen. Se podría decir, entonces, que en México está muy difundida la cultura del coyote como un facilitador de trámites para el ciudadano. Esto no se da solamente a nivel personal y en trámites puntuales, ¿qué pasa cuando a pesar de haber sido descubierto que el ex Presidente peruano Alberto Fujimori estaba en el centro de una red de corrupción que capturó al Estado durante diez años, un alto porcentaje de la población le sigue apoyando? Estamos, sin darnos cuenta, premiando al corrupto. Estos y muchos otros ejemplos son expresiones de esa tolerancia a la corrupción. La tolerancia y la resignación son elementos que sí determinan que en ciertas sociedades esté más extendida esta lacra que en otras. "España ha demostrado ser uno de los países más corruptos del mundo" No se sabe, pero no es lo más relevante. Al ser un fenómeno que se maneja en secreto, no existen mediciones que te permitan decir exactamente que un país es más corrupto que otro. Es más, aunque existieran dichas mediciones, en el fondo tampoco es lo importante. ¿De qué serviría saber si Noruega o Francia son países más o menos corruptos que España? Lo importante es identificar que hay un problema, cómo se manifiesta, cuáles son sus causas y a partir de ello atajarlas. Es en esto último donde se vuelve importante mirar a otros Estados, para aprender de aquellos que han hecho las cosas bien. Tampoco nos hagamos una idea falsa en cuanto al incremento reciente de la corrupción, es decir, la corrupción no es nueva, no es un fenómeno que surge en los últimos dos o tres años o que va de la mano con la crisis económica. La corrupción siempre ha estado presente, con mayor o menor énfasis en algún sector u otro. Lo que muchas veces sucede es que en épocas de bonanza económica suele ser un problema secundario para los ciudadanos, es decir, existe en el fondo una falta de interés basada en el pensamiento "mientras algo no me afecta directamente, no me importa". A raíz de la crisis económica, que tuvo vinculaciones con temas de corrupción, ahora a todos parece molestarnos. En gran medida, los ciudadanos somos responsables, ya que la dejamos florecer durante mucho tiempo, ahora juntos debemos frenarla. Hay que aprovechar de manera positiva el descontento. El Barómetro Global de la Corrupción de Transparencia International de 2013 muestra que el 60% de los españoles creen que los ciudadanos comunes pueden hacer algo en la lucha contra la corrupción. "La corrupción es incurable, hay que aprender a vivir con ella" Para nada. Definitivamente se puede cambiar. Los ciudadanos no tienen que aceptar y resignarse a vivir con la corrupción. Hay que reducir la tolerancia hacia estas actividades y trabajar en generar cambios. Además, hay que ser realistas, esto no es tarea solamente de un presidente o de un solo individuo. Se necesita de alianzas entre los ciudadanos y los sectores público y privado. Hay que empezar por entender que la corrupción, por más pequeña que parezca, tiene consecuencias muy severas. Por ejemplo, si se le da un soborno a un inspector de una municipalidad para que me deje operar un club nocturno sin las medidas de seguridad en regla, el día que hay un incendio y fallecen varios jóvenes, el origen del problema fue, en gran medida, ese soborno. Es responsabilidad de todos entender que un acto indebido, por más mínimo que parezca, tiene consecuencias. También hay que fortalecer y mejorar las reglas e instituciones que previenen y castigan la corrupción. Necesitamos leyes que permiten el acceso a la información, mejores sistemas de compras públicas, más esquemas de gobierno electrónico, controles efectivos y autónomos por parte de las instituciones responsables del control y auditoria, entre muchas otras. Además, es clave contar con ciudadanos que activamente demanden transparencia. La democracia no se vive solamente el día de las elecciones, es ahí donde empieza. Es necesario vivir en democracia pidiendo rendición de cuentas de los políticos que elegimos y a los funcionarios, cuestionándolos cuando no estamos de acuerdo. Finalmente, y este es un elemento clave, es preciso que exista el castigo a los corruptos. La impunidad se da cuando no se castiga a alguien que ha cometido una falta. Lamentablemente, con los casos de corrupción esto sucede con frecuencia. Quienes tienen los medios o la capacidad de evitar el castigo, ya sea por su influencia, recursos financieros o porque conocen bien las debilidades del sistema, suelen evadir el castigo o negociar uno mucho menor al que correspondería en proporción al daño cometido. Es imperante que no les permitamos salirse con la suya. De otra manera, no existe un incentivo para ir por el buen camino, para que aquellos que están en posición de corromperse se inhiban. Cuando empecemos a ver a más corruptos que son castigados, ya sea formalmente por las instituciones encargadas de impartir justicia o por la población, a través de medidas simples como dejar de votar por ellos si son políticos, dejando de comprar sus productos y servicios si son empresas, o simplemente marginándolos socialmente, habremos dado grandes pasos en el duro camino para eliminar la corrupción. Por todo esto, no es sorprendente que en la más reciente medición de percepción de la corrupción de Transparencia Internacional España haya sido uno de los países, junto con Siria, que más retrocedió. A pesar de los escándalos frecuentes y las denuncias, hay muy pocos castigos, muy pocos cambios profundos e incluso se promovió una reforma a través de la Ley de Transparencia, aprobada el noviembre pasado, que se queda muy corta ante las necesidades actuales del país. Artículos relacionados ¿Y si legalizamos la corrupción? Mario Saavedra Economía contra la corrupción. Raymond Fisman y Edward Miguel La corrupción ensombrece a América Latina. Alejandro Salas El factor corrupción. Joshua Keating

domingo, 2 de febrero de 2014

SÍNDROME DE ESTOCOLMO

SÍNDROME DE ESTOCOLMO Calendar febrero 1, 2014 | Posted by Malú Kikuchi Por Malú Kikuchi (2/2/2014) El 23 de agosto de 1973, en Estocolmo, Suecia, en la bóveda del Kreditbanken, 4 ciudadanos, Birgitta Lundblad, Elizabeth Oldgren, Kristin Hehnmark y Sven Safstrom, fueron secuestrados durante 6 días por Jan Erik Olsson (conocido delincuente) y un cómplice. Kristin Hehnmark se comunicó con la policía y pidió que dejaran salir a los delincuentes conjuntamente con los rehenes, a lo que el primer ministro Olaf Palme se negó, alegando que no negociaba con delincuentes. La reacción de Kristin fue llamativa: “Estoy muy decepcionada con Palme. Confío plenamente en los secuestradores, no estoy desesperada, no nos han hecho nada, al contrario, han sido muy buenos.” Esta reacción de empatía con los secuestradores da origen a lo que se llama “síndrome de Estocolmo”. De acuerdo a los criminólogos y los siquiatras, el síndrome consiste en que a partir del miedo, los valores y la moral cambian de alguna manera. Es una respuesta emocional positiva por parte de un rehén hacia su captor, como forma de supervivencia inconsciente. Es agradecimiento por el hecho de haberle permitido vivir, sin poner en contexto que el riesgo de muerte existió sólo por culpa de los captores. Los argentinos estamos viviendo una suerte de síndrome de Estocolmo. La Constitución Nacional, la de 1853, y todas sus reformas+, sostiene en su artículo 19: “Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y la moral pública, ni afecten a un tercero, están sólo reservadas a Dios y exentas de la autoridad de los magistrados. Ningún habitante de la Nación será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohíbe”. Simple, claro y contundente. No hay posibilidad de error. ¿Cuál es entonces la razón que hace de ciudadanos libres, decentes, que ganan su dinero con trabajo honesto, que pagan impuestos exagerados (los más altos de América Latina, y reciben a cambio servicios de Ruanda), mediante los cuales mantienen este estado elefantiásico, se sienten agradecidos porque José Estado, representado por “el Coqui” y “el chico de las patillas”, avalados ambos por el sombrío jefe de la AFIP, graciosamente, cual merced real, les permite comprar hasta US$ 2.000 por mes, siempre y cuando cumplan con atravesados requisitos inventados por una mala copia de los tres chiflados? No se entiende. El estado no es quien para prohibir a los ciudadanos comprar, vender, ahorrar, viajar o ejercer cualquier actividad legal y legítima, todas ellas contempladas en el artículo 14 de la CN. Los argentinos, primero admitieron mansamente no poder comprar libremente una moneda extranjera, algo que demandaban porque el peso perdió su valor, y ahora festejan como si fuera un regalo el poder comprar unos pocos dólares para ahorrar. Es la típica reacción de un perro apaleado que agradece que en vez de pegarle todo el tiempo, sólo lo pateen algunas veces por día. Síndrome de Estocolmo. La libertad no se ejerce en cuotas, se es o no se es libre. Los argentinos, en esta desgraciada década desperdiciada, margaritas a los chanchos, hemos aceptado que la libertad nos es ajena. Y en toda relación humana y social, nunca nos sucede nada que no hayamos permitido que nos suceda. Alguien nos vendió que vivíamos en democracia porque votamos cada dos años. Y es cierto, votamos, que no es lo mismo que elegir (sólo UNEN permitió elegir, todas las demás listas fueron hechas a dedo), y eso es democracia si nos atenemos a la etimología de la palabra, demos, pueblo, kratos, poder. Se puede ser una democracia, de hecho lo somos, el gobierno nazi lo fue, pero no somos una república. La res, la cosa pública se ha convertido y lo hemos permitido, en “la cosa nostra”. La república implica división de poderes, controles de esos poderes entre sí, y respeto irrestricto de las mayorías hacia las minorías. Que tanto las mayorías como las minorías son circunstanciales. La libertad individual, que es la base de nuestra CN, o sea del contrato social aceptado por los argentinos para vivir en sociedad, no admite ni concesiones, ni prohibiciones que estén fuera de norma. Y los que prohíben y/o conceden, están fuera de norma. Y ellos, los equivocados de siempre, tienen derecho a equivocarse, de eso se trata la libertad, los que no tenemos derecho a permitir sumisamente esas equivocaciones, somos los ciudadanos. Alguien tiene que explicarle a este gobierno que somos los mandantes, que ellos están ahí para servirnos, que son nuestros empleados, que los mantenemos, y que a cambio de ello, mientras estén a nuestro servicio, les exigimos que respeten nuestros derechos. ¿Qué es eso de agradecer el hecho que los asalariados bancarizados, y sólo ellos, con una arbitrariedad feroz, puedan comprar unos US$? ¿Y los demás? ¿Cómo osan decidir quién puede y quién no? ¿Quiénes son estos funcionarios que se creen dueños de nuestros ahorros y nuestras necesidades? ¿Cómo lo permitimos? Algo está fallando muy profundamente en nuestra sociedad. Estamos teniendo actitudes de sometimiento que se supone desaparecieron con la Asamblea del año XIII (1813), cuando se declaró la libertad de vientres. En Argentina no existe la esclavitud. Por lo menos en los papeles. Aparentemente, y hasta que tomemos alguna medida al respecto, estamos actuando como si lo fuéramos. El gobierno, sin saber muy bien quién nos gobierna en este momento, al haber perdido la moneda gracias a su demencial política populista, nos arrastra una vez más a una de esas crisis que han llegado a ser una constante en nuestra historia de los últimos años. Del rodrigazo en más, 1975, 1989, 2001/2, acá estamos, esperando el próximo tsunami, mansamente. La pregunta es terrible porque la posible respuesta lo es más: ¿el kirchnerismo es el culpable de la situación actual o es simplemente el emergente de una seria y profunda patología social, que hace que una y otra vez repitamos el mismo error con final previsible? ¿No será tiempo de conocer nuestros derechos para hacerlos valer? En 1810, hace ya 212 años, Mariano Moreno alertaba: “Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos, sin destruir la tiranía”. Y eso es lo que hacemos. La responsabilidad es nuestra. La posibilidad de cambiar es nuestra. Sólo de nosotros depende. Basta de síndrome de Estocolmo. Dejemos de ser rehenes agradecidos porque todavía nos dejan respirar. Por ahora, y poco. Es hora de asumir que somos libres, es tiempo de hacerle saber al gobierno que vamos a hacernos cargo de nuestra libertad. ¡YA!

MADAMA

Una “Madama” Incapaz "Mis metas en la vida siempre fueron ser un pianista en un prostíbulo o ser político. ¡Y para decir la verdad, no existe gran diferencia entre las dos!" Harry S. Truman Cuando mi abuelo describía una situación totalmente desordenada, siempre decía “un prostíbulo (en verdad, usaba otra palabra) sin madama” ya que, cuando ésta estaba presente, todo era prolijo y eficiente. La Presidente, como patrona de este desquicio, se ha mostrado, al menos, ineficaz en su elección del equipo a quien ha encomendado la pública conducción del país y, sobre todo, de su economía. El absurdo cachivache en que doña Cristina y su nuevo valido, el Bambino Kiciloff, secundado curiosamente por el ridículo Coqui Capitanich, han convertido a ese esencial sector, continúa deteriorándose al ritmo de la caída de las reservas –US$ 2.500 millones en enero- y de la ya imparable inflación. Haber encargado la trascendente tarea a un joven que jamás ha trabajado y cuyos lauros académicos se reducen a estudios sobre marxismo, convierte a la viuda de Kirchner, más allá de su genocida e impune corrupción, en una verdadera “patricida”; sin dudas, pasará a la historia, con su fallecido marido, por haber batido todos los records en materia de latrocinios y por haber desperdiciado la mejor oportunidad internacional en casi un siglo. El viento de cola está cambiando rápidamente de cuadrante y, en algún tiempo, soplará de frente y es probable que la mala praxis –por ignorancia, ideología y voluntad de daño- del matrimonio imperial nuevamente contagie a otras latitudes con el “efecto Tango”. Las inversiones extranjeras directas, que tan beneficiosas han resultado para países con conducciones políticas tan disímiles como Ecuador, México, Chile, Uruguay, Paraguay, Colombia y hasta Brasil, llenando sus arcas de dólares, permitiéndoles desarrollar su infraestructura por la vía de endeudamiento barato y a larguísimos plazos, y contar con herramientas contracíclicas para los malos tiempos, obviamente brillan aquí por su ausencia; las duras notas publicadas estos días en todos los medios del mundo sobre la administración de doña Cristina actuarán como elementos disuasivos aún para los más propensos al riesgo. Debemos mucho al Club de Paris, y la payasada del viaje del Bambino no destrabó una situación que lleva más de doce años. Pero, además, tampoco hemos conseguido cerrar con Repsol la forma de pago de la indemnización por la confiscación del 51% de YPF; la compañía pide, para arreglar, que el Banco Central garantice la deuda con reservas o que se efectúe con bonos de la deuda soberana española, que también requeriría un desembolso imposible. Así las cosas, ni siquiera los gigantescos esfuerzos del Mago Galucchio podrán resultar en inversiones reales para la petrolera nacional; sólo Chevron prometió poner sus inmovilizadas ganancias, con leoninas garantías, a cambio del levantamiento del embargo que pesaba sobre sus cuentas por un fallo de Ecuador. La razón es muy simple: Repsol amenaza con demandar a quien invierta en el país antes de que su propio entuerto esté solucionado. El pseudo equipo económico se ha transformado en motivo de risa y preocupación generalizadas en el mundo, por la falta de un plan coherente y, sobre todo, por la adopción de permanentes medidas, aisladas y contradictorias, que son dejadas de lado inmediatamente. La ciudadanía ha comenzado a preguntarse si lo que está pasando no formará parte de un proyecto de intencionada destrucción, al estilo de Hitler ordenando a sus generales incendiar Paris. Porque, debemos coincidir, resulta harto difícil explicar qué se hace y, especialmente, por qué, y eso tiene su reflejo directo en la confianza en la conducción política y en las expectativas de la población, que reacciona huyendo del peso y refugiándose, cuando puede, en el dólar. Ni los “precios cuidados”, ni la represión policial ni el análisis de costos, rubro por rubro, que el Gobierno promete hacer sobre cada uno de los infinitos procesos e insumos que componen cada producto terminado, funcionarán esta vez, como nunca lo han hecho en el pasado. Tal como dijera Einstein en su famosa frase, “pretender, haciendo lo mismo, obtener resultados diferentes, es un síntoma claro de locura”. Cuando, hace más de un año, dije que la inflación llegaría en 2013 al terrible 30%, muchos dudaron; pronostico para este año un piso del 40%. En la medida en que ese flagelo golpeará, como siempre, a los más pobres y que, en estas condiciones, el Gobierno no podrá sostener un aumento similar en los planes sociales y en los salarios, también es fácil predecir enormes conmociones sociales. Ahora bien, y a riesgo de caer en la reiteración, me pregunto: si el ajuste en el gasto público, en la emisión y en las tarifas ya resulta inevitable, ¿es bueno esperar, cualquiera sea el costo, que la crisis terminal le estalle en las manos a la Presidente, aunque eso signifique mayor miseria para muchos argentinos o, por el contrario, sería mejor destituir constitucionalmente al Gobierno ya mismo y perseguir, con la ley en la mano, a los corruptos? Los políticos que aspiran a sucederla son cobardes y profundamente remisos a hacerse cargo ahora de la nave gubernamental, por los riesgos que ello implica, pero esperar hasta 2015 hará que lo que encuentren entonces será muchísimo peor que lo actual y las herramientas de las que dispondrán para enfrentar la situación serán muchos menos poderosas. A mi modesto entender, sería mucho más útil para el futuro de la nación que ya mismo asumiera un gobierno capaz de plantarse frente al mundo, con instrumentos capaces de generar confianza, y accediera a los mercados de capitales antes que el viento termine de bornear y se ponga de proa a los países emergentes. No es necesario inventar nada, pues ya lo han hecho varios vecinos que, ante drásticos cambios de signo político en su conducción, pusieron en marcha medidas que les permitieron conservar la mirada global favorable a sus economías; me refiero, otra vez, a Chile, Ecuador, Bolivia, Uruguay, Perú y Brasil. Es decir, lo urgente es recuperar la seguridad jurídica, traducida en el irrestricto respeto a la ley y a los contratos, puesto que con ella todo será posible y, sin ella, nada lo será. Cuando ésta exista, hasta nosotros mismos miraremos a la Argentina con la vista puesta en sus inmensos recursos y en su capacidad de crear futuro para todos sus habitantes, y volverán nuestros enormes ahorros que hoy se encuentran en colchones y en cuentas en el extranjero. En cambio, si continuamos en esta senda de decadencia generalizada (moral, social, política, institucional), el país dejará de merecer su misma existencia. Las generaciones venideras nos exigen asumir con coraje y con honestidad la pesadísima tarea de la reconstrucción de una sociedad crispada y enfrentada y de una nación a la que, hace menos de cien años, el mundo entero imaginaba entre las primeras del globo. La ciudadanía, con estos reclamos unificados, ha comenzado a convocarse para el jueves 13 de marzo, en Plaza de Mayo y en todas las ciudades del país, con la esperanza de que los opositores, finalmente, se pongan los pantalones, asuman los riesgos y dejen de jugar con el futuro común. BsAs, 2 Feb 14 -- Enrique Guillermo Avogadro Abogado

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