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martes, 29 de mayo de 2012

BARRANCA ABAJO

Barranca abajo por María Zaldívar La educación argentina es pésima. Hace un par de décadas, yo sostenía que estábamos formando una generación de inadaptados para la vida. Los chicos que iban a colegios públicos salían mal preparados, con muchas horas menos de clase de las necesarias para estar capacitados de enfrentar el siglo XXI. Porque venían de colegios que el populismo y la pobreza habían convertido en comedores en los que, aleatoriamente, se los instruía y porque las carencias materiales les hizo imposible el acceso a las herramientas tecnológicas de las que dispone el mundo. Con suerte, habían compartido una computadora entre docenas de alumnos una vez y cada tanto. Esos establecimientos envejecidos no contienen a nuestra población infantil ni en lo académico ni en lo humano. Las goteras, el frío y los problemas edilicios son el marco de una escuela pública que fue perdiendo sus laureles bien ganados en otras épocas. El egresado, entonces, resulta un producto escasamente capacitado para enfrentar los desafíos que nos plantea el mundo modernísimo al que la sociedad global se viene asomando. No siempre la educación pública fue el adefesio actual. Por el contrario, durante un siglo representó uno de los orgullos nacionales. Los egresados de escuelas y universidades estatales eran garantía de excelencia que la acumulación de políticas equivocadas transformó en parias sub capacitados. Haciendo memoria, sin ira, buscando explicaciones hay que mirar para atrás porque definitivamente allá están las respuestas. Probablemente la escuela pública fue distinta, por ejemplo, cuando sus maestros no conformaban las filas de la CGT porque sentían que su vocación de formar a nuestros hijos no tenía parecidos con los reclamos que podrían inspirar a los obreros del puerto o a los metalúrgicos. En la vereda de enfrente, estaban los privilegiados hijos de quienes tienen las posibilidades económicas de pagar por una educación a la altura de las necesidades de los tiempos que corren. Esos chicos tienen acceso a internet, idiomas y una educación completa que les garantiza salida laboral y buenas remuneraciones. Mientras esto ocurría a la vista de la clase dirigente que nada hacía por reducir la brecha, lo político también mutaba. La calidad institucional se estrellaba a fuerza de corrupción. Los partidos políticos hacían todo lo posible para volverse corporaciones monolíticas que impidieran el debate, el disenso y la competencia interna. Cuando lo lograron, los espacios de participación se achicaron aún más en tanto que los poderes del estado ya habían sido capturados por minorías para beneficio propio; la ideología de la mediocridad era ley y filtro. A la pobreza de la educación pública y la aparición de una casta política saqueadora con nuevos códigos se sumó y generalizó una filosofía de lo fácil y lo rápido que traspasó a la sociedad y carcomió sus cimientos. Ser rico pasó a ser infinitamente más importante que ser culto; sin educación ni valores o, tal vez, sin educación en valores, estaban dadas las condiciones para lo que vino: “vale todo” y “sálvese quien pueda”. Eso y decir que el sistema imperante saca lo peor del ser humano es lo mismo. Y es lo que la Argentina viene practicando desde hace décadas. Ese día entendí que los grupos de inadaptados que crecían en nuestra sociedad eran dos, por motivos diferentes, pero dos: los hijos de la escuela pública por su falta de preparación para los desafíos del nuevo siglo y los hijos de las escuelas exclusivas. Ellos, que a la par de los idiomas y las herramientas académicas modernas conviven con el valor de la competencia y de la palabra; que aprenden el mecanismo de los premios y los castigos y son instados a la superación y la exigencia también tienen dificultades a la hora de la inserción en una sociedad sin esos códigos de comportamiento. Inadaptados en lo académico, unos; inadaptados para la convivencia, los otros. Cómo se sobrepone a una ecuación compleja quien no estudió el modo de resolverla? Cómo se traicionan los principios con los que alguien se educó para obtener un ascenso o “sacar” un expediente? Alguien me dirá que puede haber egresados valiosos de la escuela pública y atorrantes de la otra y yo les diré que sin ninguna duda es cierto. El presente análisis es una descripción de tendencias, no de casos aislados. Y la rebelión interna que padecemos los liberales es saber que muchos padres de espíritu sano están atrapados por este sistema siniestro que les impide elegir la educación de sus hijos; este sistema perverso de malandras autoritarios y ladrones que los hacen rehenes de sus políticas de hambre; este sistema que los convierte en clientes obligados de sus escuelas, de sus hospitales y de sus limosnas. La factura a los que no padecieron esa ostensible violación al primero de los derechos individuales, el de la libertad, es preguntarles qué excusa tuvieron para aceptar y en muchos casos, colaborar con la instalación de estas gentuzas en los espacios de poder. La Argentina actual está estancada por todo esto. Porque muchos no están capacitados a entender el proceso en que estamos sumidos y, por lo tanto, tampoco son capaces para encontrar el camino de salida. Hay quienes entienden muy bien y que aprovechan las ventajas de corto plazo que les otorga el caos. Ambos grupos sumados son mayoría. El resto somos los atrapados y para los atrapados, no hay más opciones que soportar la arbitrariedad o emigrar mientras sea posible. Se equivocan quienes refieren ejemplos de otras épocas y otras dictaduras. Esta es única porque el peronismo es único y se compone de lo peor de los autoritarismos que el mundo moderno conoce. Porque siempre hay un peronista “bueno” (generalmente aislado circunstancialmente del peronismo gobernante) dispuesto a reivindicar al régimen y porque siempre hay un comodín inescrupuloso sin ideología que, en aras de obtener poder, hace alianza con él para llegar. El peronismo es la catástrofe de la historia Argentina. Negarlo es resistir la realidad. Mientras tanto, nos imponen sus códigos y como uno no elige las alternativas sino entre las alternativas que el destino pone frente a nosotros, entre “vale todo” y “sálvese quien pueda” elijo lo segundo. Ezeiza.

LA IMPROVISADA

Imprevisibilidad gubernamental por Aleardo F. Laría Esta presidenta es absolutamente responsable y previsible", afirmó Cristina Fernández ante un auditorio colmado de jóvenes militantes de La Cámpora y la JP Evita. La mandataria hizo estas declaraciones el martes pasado durante la inauguración de la Sala de la Juventud Néstor Kirchner en la cámara baja. A pocas semanas de haber procedido a la expropiación-confiscación de la empresa más importante del país –algo que no estaba previsto en su programa de gobierno– las afirmaciones de Cristina sonaron sorprendentes y poco convincentes. Si algo caracteriza a la gesta que se inició hace justamente nueve años es la imprevisibilidad. En un contexto donde los partidos políticos son "cáscaras vacías" –Moyano dixit– y las declaraciones programáticas que se presentan a las elecciones son meros enunciados retóricos, carentes del menor rigor, muchas de las decisiones políticas que se impulsan desde el Poder Ejecutivo parecen ir dirigidas a apagar fuegos surgidos en el momento. No existe, o no se conoce, un verdadero plan de gobierno. Ninguna de las medidas más fuertes adoptadas por este gobierno –estatización de las AFJP, ley de Medios, modificación de la Carta Orgánica del Banco Central, o la más reciente de expropiación de YPF– estaba incorporada en un programa que hubiera sido previamente votado por los electores. Y si alguien encuentra alguna referencia perdida en ese programa, deberá convenir que no fueron, hasta antes de su tratamiento por el Congreso, exhibidas claramente frente al electorado. Digamos, para ser ecuánimes, que la imprevisibilidad no es un problema que sólo pueda atribuirse a este gobierno. En general forma parte de la cultura política de toda la región, porque al decir de Carlos Matus, "la práctica de gobierno en América Latina facilita la improvisación y desvaloriza la planificación porque el aparato del sector público conforma un sistema macro-organizativo de baja responsabilidad". Con este calificativo de baja responsabilidad se quiere señalar que nadie pide rendición de cuentas de forma sistemática por el desempeño en las apuestas realizadas por los gobiernos en ausencia de planes vinculados a promesas electorales transparentes. El sistema político, a través del partido que se apropia literalmente del Estado, utiliza criterios internos de evaluación, basados en el modo en que se satisfacen las oportunidades de negocios, poder y protección que se otorgan a sus miembros. A los ciudadanos sólo les queda el acto electoral, ejercido cada cierto tiempo, para hacer valer sus preferencias, en una ceremonia donde predomina la retórica y se acude al uso exacerbado de estereotipos firmemente arraigados en el inconsciente colectivo de las sociedades. Como señala Matus, la improvisación está tan arraigada en nuestras sociedades porque ofrece claras ventajas a los políticos. En primer lugar, está al alcance de todos, dado que para improvisar no hace falta tener entrenamiento ni conocimientos especiales. Obsérvese que la mayoría de los dirigentes políticos latinoamericanos son abogados, una profesión que no presta en su currículo la menor atención a la gestión administrativa o a la formación en control presupuestario. Por otra parte, la improvisación alimenta el egocentrismo y la soberbia del hombre práctico, que permanece sometido a la ignorancia de segundo grado ("no sabe que no sabe"). La improvisación es flexible y adaptable a la realidad, dado que nadie tiene que explicar los cambios ante la ausencia de una planificación previa y es la herramienta preferida por nuestros dirigentes políticos porque actúa exenta de formalismos. El dirigente improvisador actúa basado en la intuición y rehúsa atenerse a una teoría o técnica basada en el conocimiento científico. El resultado final es un sistema de enorme mediocridad, que carece de estímulos para elevar la calidad y la eficiencia del sistema de gestión pública. Los dirigentes políticos se resisten a sacar el sistema organizativo de su actual punto de mediocridad porque temen perder las bases de su poder artesanal. De este modo el proceso de modernización del aparato público latinoamericano queda atrasado, en un momento en que las empresas privadas están enfrascadas en un proceso de búsqueda continua de la calidad, mejorando notablemente su eficiencia productiva. No es una paradoja menor que los proclamados defensores de la intervención fuerte del Estado en la economía sean luego los que trabajan denodadamente por corromperlo, parasitarlo y debilitarlo internamente.

SE QUEMA EL RANCHO

SANTA CRUZ. Primer indicio anarquista: queman autos en El Calafate. En una madrugada quemaron once (11). La policía no sabe qué hacer. Es alarmante cómo las autoridades en materia de seguridad de la provincia, son rápidamente desbordadas por los acontecimientos. En El Calafate incendiaron intencionalmente, 11 autos, 6 de ellos solos en la madrugada del sábado último. Desconcertada la policía, no encuentra el camino para resolver la situación. Como si esto fuera poco robaron en un negocio que linda con el Hotel Los Sauces. El sábado a la madrugada, El Calafate fue nuevamente escenario de la quema de autos en la vía pública. Seis vehículos de mediana antigüedad fueron incendiados mientras se encontraban estacionados, rompiendo los vidrios y tirando en su interior un producto combustible que comienzan a tomar rápidamente el tapizado, dejando en pocos minutos al vehículo convertido en una bola de fuego. Los bomberos acuden una y otra vez a sofocar incendios, pero hasta el momento es un absoluto misterio para la policía, cuál es motivo y quiénes son los saboteadores. Algunos indicios suministrado extraoficialmente por la policía, indican que serían más de una persona y actuaría en conjunto en dos o más lugares, en tanto hay otra hipótesis de que sería grupos de jóvenes que salen a “divertirse” y el hecho de que se focalicen en vehículos viejos (R-12, Fiat 147, R-18 y similares) podría estar dado porque estos autos – en general – no poseen alarmas y les permiten concretar el ilícito y luego darse a la fuga. Lo increíble del caso es que a dos semanas de repetirse estos hechos vandálicos, la policía no ha podido organizar una acción para ponerle fin a las andanzas de estos delincuentes. En total ya van 11 autos quemados, en una población relativamente pequeña donde ya las autoridades debieran haber cuadruplicado su presencia en las calles, realizando rondas en vehículos particulares, comunicados en red y recorriendo todo El Calafate, para poder detectar a los autores. “No se hace nada, porque dicen que no hay policías; los únicos que corren son los bomberos. Como no queman la 4×4 de ningún funcionario municipal, nadie se calienta, al lado de mi negocio se quemó un auto que si estallaba el tanque de nafta nos quemaba a todos nosotros, pero parece que eso no le importa a nadie”, dijo a nuestro corresponsal el dueño de un multirrubro cercano donde sucedió uno de los atentados contra un auto estacionado. Cerca de CFK El colmo de la inseguridad llegó al barrio de la presidenta Cristina Fernández, pues un ladrón encapuchado y a punta de pistola robó en la heladería y fábrica de chocolate “Ovejita Patagónica”, un local lindante con el Hotel Los Sauces de la familia Kirchner y a pocos metros de la residencia oficial. “Es que cuando ella (La presidenta) no está, es como que la seguridad se relaja. Imagínese, si roban ahí, lo que queda para nosotros”, dijo el kiosquero, alertando que El Calafate se ha convertido en un lugar con mayor inseguridad y hasta ahora no hay un plan efectivo para combatir el delito. (OPI Santa Cruz)

CARTA MILITAR

CARTA ABIERTA DE UN TENIENTE CORONEL A UN GENERAL Mi general, en este Día del Ejército Argentino, le escribo para acercarle una reflexión hecha con bronca, decepción e incertidumbre. También con tristeza, porque el Ejército que yo viví hasta hoy está siendo cambiado, no en su orgánica ni en sus sistemas de armas – que son circunstanciales – sino en sus esencias. Más que cambiado está siendo destruido ante la mirada indiferente o quizá cómplice de quienes hoy, circunstancialmente, tienen la responsabilidad de conducirlo. Nos formamos en el mismo Colegio Militar y nos nutrimos de los mismos valores que encontrábamos hechos carne en la historia pasada y presente del Ejército. Creo que ambos ingresamos por vocación, una vocación que se fue fortaleciendo en los años de Colegio y, más tarde en el trabajo diario del cuartel. Siempre me chocó que se hablara de “carrera”. Lo nuestro era y es vocación. Carrera es correr para llegar a una meta, en última instancia, para satisfacción individual, más allá de la sana ambición que es motor legítimo de nuestros pasos. Pero no todo es ambición, no todo es querer llegar. La vocación es darse, la vocación es entrega, la vocación es servicio, como aprendimos en el Colegio y como usted nos remarcaba como Oficial de Operaciones y, más tarde como Jefe de Unidad. Como verá hemos compartido varios destinos, todavía hoy recuerdo como nos entusiasmaba escuchar los relatos de sus combates en el Monte Tucumano, de sus operaciones en el conurbano contra la Columna Norte de la banda montonera. De su boca escuché historias de coraje, de sacrificio por el camarada que tenía a su lado y en el que se resumía la razón del valor y el arrojo, del coraje más allá de toda razón. También supimos de miserias, de cobardías. Tengo muy presente una discusión suya con el Jefe de Unidad y otra con ocasión de la visita del Cte Br, por lo que usted consideraba era una casi traición, renegar de la lucha sostenida contra los terroristas y abandonar la suerte de los camaradas que estaban siendo requeridos por la justicia a una discutible, mentirosa e incierta “Batalla Jurídica”. Recuerdo como se indignó, cuando el Cte Br, le respondió “… y que quiere Mayor, que hagamos un golpe?” . Para usted esa respuesta sólo escondía ineptitud o cobardía. Era sólo una justificación tibia y apresurada, de su vocación de no hacer nada. Hoy, usted es general, no es seguramente el momento histórico que siempre soñó: nos gobiernan los terroristas que el Ejército – usted y nuestros camaradas combatieron; los medios, comprados o por ideología, nos humillan; pareciera, aunque la experiencia de nuestros destinos, muestra lo contrario, que la sociedad nos ignora o nos condena; no tenemos presupuesto, ni hipótesis de conflicto, nos imponen reformas inconsultas, concebidas por ideólogos ignorantes de los temas de Defensa y cuantas otras cosas más. Pero, es el tiempo que le toca, se preparó toda su vida para este momento y llega en un punto de quiebre para el Ejército Argentino. Usted es superioridad ahora, no el tiempo que le hubiera gustado, en la crisis, en medio de una batalla ideológica, continuación de la lucha de los setenta. Es su tiempo y su batalla y debe dar testimonio. Hoy, mi general, están tratando de quebrar la conciencia histórica del Ejército, de convencernos que nuestroscamaradas son delincuentes de lesa humanidad – usted también -, que todos los que estamos en el Ejército desde esos días, aunque yo no era todavía oficial, formamos parte de una asociación ilícita. Y esto con la complacencia o silencio culpable del Jefe de Estado Mayor, y por omisión, ambición o tibieza del resto de losgenerales. Hoy, mi general. Veo con dolor, con rabia, como han abandonado a los que están presos, primero les quitaron la asistencia jurídica, sabiendo que ninguno de ellos tiene los medios para pagar un buen abogado, luego, se gestiona que los saquen de las unidades. Lo veo también con rabia, por que nuestros presos, muchos son sus compañeros, otros sus subalternos y los más, superiores de esos años, a los que, cuando estaban en actividad, el general Bendini, o Pozzi, o Pérez Bovard o Lugani trataban con respeto, amabilidad e incluso pleitesía u obsecuencia. ¿Qué lección de lealtad nos están dando?, ¿qué lealtad pueden esperar de nosotros, si ustedes son así con los que fueron sus jefes y comandantes? ¿Qué ejemplo dan a la ciudadanía, a nuestros cadetes, a nuestros oficiales? No hace demasiados días tuve que ordenar la quema de los planes tácticos de mi unidad, ¿qué respuesta le tengo que dar a mis oficiales cuando preguntan la razón? … que ya el Ejército no tiene planes para cumplir con su misión, o que no tiene Misión y por eso no tiene planes. O que la misión se cumplirá con operaciones de guerrilla… Acaso Chile abandonó sus Hipótesis de Guerra Convencional? … acaso lo hizo Brasil? ¿Cómo es esto que ya no seremos un ejército convencional? ¿Qué más vamos a entregar ahora: las unidades blindadas, la Escuela Militar de Montaña, la Aviación de Ejército, la Escuela de Guerra, los Liceos, el Colegio Militar...?. A cambio de qué... de Unimog repotenciados?. A cambio de un Gaucho que no sabemos muy bien para que sirve, además de para pasear a la ministra…? Mi general, dónde quedó la dignidad personal institucional,dónde quedó el coraje, acaso arrinconado en cinco oficiales que se atrevieron a vestir uniforme para rendir homenaje a nuestros muertos, un homenaje al que no se atreve el Jefe de Estado de Mayor para no molestar a los asesinos de hace treinta años?. El coraje de que hace gala la conducción de la Fuerza, es el coraje “administrativo” para sancionar a tenientes y capitanes y a un mayor que ni estuvo, ni sabía. ¿Esa es toda la valentía que tienen nuestros mandos? Se están equivocando otra vez de enemigo. El enemigo no son los tenientes y capitanes, o los jefes o los retirados, que no quieren ver destruido el ejército, ni lavado el cerebro de las generaciones futuras de cadetes y oficiales. El enemigo son los Duhalde, los Mattarollo, losVerbistky, los Ocampo, la Garré, los Kunkel. Ese es el enemigo, está afuera, no dentro del ejército. Sí, seremos el enemigo, si quieren verlo de esa manera, en la medida que no vamos a ser cómplices de la derrota definitiva del Ejército. Nos pueden considerar enemigos, si el único objetivo de los mandos es meter la cabeza en un agujero como el avestruz, o llegar a ser embajadores de la “patria montonera”. Mi general, este es su tiempo, es el tiempo de mostrar que lo suyo no es “la carrera”, sino que lo suyo es vocación. No va a quedar para semilla, más tarde o más temprano se va a ir, va a pasar o lo van a pasar a retiro, como todos. Salvo que aspire a una embajada, pero la cola para eso, parece que va a ser larga… La diferencia está en el grado de fidelidad a su vocación, al testimonio de entereza moral, valentía y dignidad que dé usted en la culminación de su vida militar activa. ¿Qué más le puede pedir ya al Ejército?. ¿Más años de Megane? ¿Más años de camarero? Y después qué? ¿Cuándo mire para atrás que le queda, el sabor amargo de la cobardía, la tibieza o la omisión, o la satisfacción de haber dado testimonio de decencia y coraje en la defensa del Ejército, de su patrimonio histórico,de sus camaradas presos? Su tiempo es ahora, no cuando lo inviten a formar parte del Foro de Generales Retirados. La melena de león le tiene que crecer ahora, su rugido se tiene que escuchar ahora, no cuando no corra ningún riesgoadministrativo, en la comodidad de su casa. Mi general, porque lo conozco sé que usted no me va a defraudar. Que no va a defraudar a los cientos de oficiales, que lo conocen y recibieron su ascenso con expectativa de ser bien mandados. Se preguntará porqué no firmo esta carta abierta, no la firmo por la misma razón por la que no lo nombro, pero tenga por seguro que cuando usted dé testimonio, como general, me tendrá a su lado como Teniente Coronel. Con nombre y apellido. Reciba un abrazo sincero, en el Día del Ejército Argentino, el mismo que parió a la Patria, le dio la Independencia, conquistó el desierto, derrotó con las armas a la subversión, combatió en Malvinas y resiste en la fortaleza de su memoria histórica, de sus mártires de todos los tiempos, con las miserias y grandezas de sus hombres, los últimos embates de la canalla terrorista.

lunes, 28 de mayo de 2012

PESOS

PESOS Suponga que deja olvidado un billete de 100 pesos en algún bolsillo y que lo encuentra dentro de un año. Ese billete se habrá transformado, como máximo, en un billete de 80 pesos, por la magia de la inflación. Suponga, ahora, que deposita 100 pesos en un plazo fijo a un año en una entidad financiera. Cuando venza, el dinero que recibirá tendrá un poder de compra de, como máximo, 88-90 pesos. Está claro, entonces, que el que apuesta al peso pierde. Obviamente, como usted necesita pesos para sus gastos de todos los días y tiene excedentes por períodos cortos, sigue demandando pesos y sigue depositando fondos en pesos en el sistema financiero, lo mismo que las empresas. Pero, usted no es tonto/a, y sabe que ese “impuesto” que paga, es el costo por tener dinero para las transacciones diarias, y ahorro de corto plazo. Pero si tiene excedentes de fondos que van más allá del muy corto plazo, usted trata de conservarlos. Comprando un bien, o buscando activos que, según su expectativa, lo “protegen” de alguna manera, contra la inflación. Puede ser un inmueble, un bono, una acción, o… dólares. El problema con los inmuebles es que existe lo que los economistas llamamos, “indivisibilidad del capital”. Es decir, se necesita mucho dinero para entrar y no se puede salir “parcialmente”. El problema con los bonos o las acciones, es que se necesita información, asesoramiento especializado, y cumplir con cierta burocracia operativa. Con los dólares, en cambio, los montos mínimos de entrada y salida son muy bajos, y salvo el costo del spread comprador/vendedor, los trámites son sencillos, o al menos, lo eran hasta hace no mucho tiempo. Por supuesto que las acciones, los bonos, los inmuebles y hasta el dólar pueden bajar de precio y, luego de un año, se puede perder más que con la inflación. Pero no es menos cierto, que también pueden subir de precio y mucho, cosa que con el peso, seguro, no va a pasar. En otras palabras, el que ahorra en pesos tiene una pérdida asegurada, mientras que el que ahorra en dólares, puede perder, pero también puede ganar. En condiciones “normales”, siempre existe un precio esperado del dólar, y una tasa de interés en pesos, que termina igualando el rendimiento de los ahorros en pesos o en dólares, al menos, a priori. Es decir, si alguien espera una devaluación del peso contra el dólar del, por ejemplo, 20%, en un año, si el banco le paga por un plazo fijo en pesos a un año, 20% de interés, comprar 100 dólares hoy, o depositar 100 pesos a plazo fijo hoy, y comprar 100 dólares dentro de un año, resultan equivalentes. (Por supuesto que en clima de “fin del mundo”, esta relación se rompe). Pero sucede que, el gobierno decidió, en octubre del año pasado, después de destruir el mercado de la carne, el mercado de la energía, el del trigo, y otros mercados, destruir también el mercado de dólares y pesos, rompiendo la relación entre ambos al limitar la compra de dólares en el mercado en dónde el Banco Central es oferente, obligando a una pesificación forzada de los ahorros. Pero la relación entre pesos y dólares, no se puede borrar con un simple “de eso no se habla”, y cuando las expectativas de una mayor devaluación, derivadas de la revaluación del dólar en el mundo, contra el resto de las monedas, en especial el Real brasileño, se empezaron a generalizar, mientras que las tasas de interés en pesos siguieron bajando. Mientras los aumentos salariales ya acordados o por acordar, junto a las necesidades de más maquinita de Ciccone/Banco Central, para cubrir el bache fiscal de Nación y Provincias, dieron la señal de que la inflación, en los próximos meses, no bajará, la demanda de dólares por ahorro se incrementó. En el mercado “anterior”, esta mayor demanda la frenaba la suba de la tasa de interés, y/o la venta de reservas del Banco Central. Ahora, la mayor demanda sólo la frena el precio del dólar libre. Es decir, lo que antes se reflejaba en la tasa de interés, ahora lo mide la brecha. El problema es que el precio del dólar libre, está, además, distorsionado por los controles, las prohibiciones y el riesgo de operar bajo la ley K. Por eso, el precio combina expectativas de todo tipo y no sólo las de devaluación. Paradójicamente, entonces, Moreno fija las cantidades de dólares que quiere tener, pero la diferencia entre el dólar oficial y el dólar libre, y el número al que habrá que converger cuando se junten ambos valores, lo termina fijando el mercado. ¡Después de todo, mi amigo Guillermo resultó un neoliberal!: Él fija las cantidades y el mercado pone el precio. Enrique Szewach

FORES NO QUIERE AL FORRO

Con mas rechazos que aprobaciones, este lunes (28/05) la candidatura de Daniel Reposo para ocupar la Procuración sumó otro “no”, en este caso del Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia (FORES) quien destacó que "Ni los antecedentes de desempeño anterior en la función pública, ni su escasa actividad académica permiten calificar al Dr. Daniel Gustavo Reposo como idóneo para el alto cargo al que ha sido propuesto" por el Gobierno, sostuvo FORES en una nota con su postura enviada al Senado nacional. Añadió que "Reposo es ajeno a la actuación profesional en el ámbito de la Justicia, no habiendo ejercido como abogado ni como juez". Pero también advirtió la entidad que "su actuación pública y declarada amistad con el Vicepresidente de la Nación (Amado Boudou), en circunstancias en las que este último es objeto de acusaciones públicas por su desempeño a favor de empresas contratistas con él relacionadas, entre otras múltiples acusaciones que deberán ser investigadas, hacen objetable la candidatura del Dr. Daniel Gustavo Reposo para el cargo de Procurador de la Nación". En consecuencia, FORES solicitó "en primer lugar al Poder Ejecutivo que retire la propuesta y formule una nueva". Y al Senado le pidió "que rechace el pliego del candidato propuesto por falta de idoneidad técnico-profesional y ética". En su informe FORES reprobó el currículum de Reposo (tema sobre el cual mencionó las denuncias de falseamiento de datos) y advirtió, por ejemplo, acerca de causas judiciales en las que quedó involucrado el aún titular de la Sindicatura General de la Nación (compra de vehículos del Ministerio de Economía e incidentes en asamblea de Papel Prensa).

PÁNICO

Una pregunta pone en pánico al kirchnerismo www.lanacion.com.ar/1476817 por Jorge Fernández Diaz ¿Saben quién es Eduardo Anguita? Es un ex militante de la izquierda revolucionaria que estuvo preso diez años, diez meses y dos días en el "Pabellón de la Muerte" que armó Ramón Camps en una cárcel de La Plata. Su madre fue secuestrada y desaparecida, y Eduardo tuvo que rehacer completamente su vida, estudió Comunicación Social, abrió un hogar para niños desamparados y escribió, junto con Martín Caparrós, una obra maestra del periodismo narrativo: La Voluntad, tres tomos sobre la historia de la generación de los 70. El kirchnerismo le robó el corazón: Anguita se convirtió en periodista militante y escribió con vehemencia a favor del Gobierno. No he dejado de leerlo nunca. Y a pesar de que se encuentra en las antípodas de mi concepción profesional (creo en el periodismo independiente) y también de mi visión ideológica (soy un ex peronista y un eterno socialdemócrata sin partido), no le he perdido el respeto ni el afecto. Ni aun cuando escribió febrilmente a favor de la ley de medios, legislación valiosa que sin embargo fue dictada con el secreto y vil propósito de amordazar a las voces disidentes. Hace pocos días Anguita protagonizó, en su programa de Radio Nacional, un momento histórico. Sacó al aire a la mano derecha de Guillermo Moreno e intentó formularle la pregunta que cualquier ciudadano de a pie quisiera hacerle: a qué se debe esta fuga de dólares. "¡No hay fuga de dólares! -lo cruzó Beatriz Paglieri-. ¡Es un error transmitir eso, yo no puedo permitir que lo haga!" Desde el más elemental sentido común, Anguita le dijo: "Pero hay fuga de dólares, Beatriz, cómo que no". La secretaria de Comercio Exterior le respondió: "Anguita, estás hablando desde el desconocimiento". Entonces Eduardo le pidió que no lo desautorizara y le recordó que era veterano en este oficio y que hablaba con datos producidos por expertos que no son enemigos del Gobierno. Paglieri clausuró la tensa entrevista ordenándole que no "transmita información que le hace daño al país". El sorpresivo choque entre un periodista que abraza la fe kirchnerista y una funcionaria que intenta correrlo a escobazos parece un involuntaria comedia de enredos. Y muestra el estado extremo de negación patológica, de aislamiento de la realidad y de maquillaje perpetuo de las cifras que se vive en la cima del poder. Paglieri es una de las responsables de la destrucción del Indec, hito que quedará como una gran mancha negra en los libros de historia. Se fueron del sistema 83.500 millones de dólares en los últimos años. Y desde que pusieron este cepo cambiario, salieron de los bancos 3500 millones de dólares más. Al Gobierno le molesta que estos datos se den a conocer. Y es capaz incluso de amonestar en público a su propia tropa para tapar la verdad. Porque la respuesta de la secretaria no fue un accidente. Algunos días después, en el hotel Four Seasons, durante una jornada que organizaba la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios y ante los siempre obsequiosos empresarios argentinos, retó a los periodistas que sacaban el tema del momento: el dólar. Les dijo: "No creo que sea una pregunta que ayude al ánimo de construir y tener un equilibrio en el comercio". Está claro. Un país necio, enajenado y dividido no necesita preguntas. Porque ya tiene todas las respuestas. En ese contexto retrógrado, hacer una movida pública para reivindicar la necesidad de preguntar está en las antípodas de lo banal: es decididamente un acto subversivo. El movimiento nacional y popular, y en la vereda de enfrente, la indignada república antikirchnerista, no tienen capacidad ni siquiera para interrogarse a sí mismos, mucho menos para ejercer la duda. Son pensamientos blindados, máquinas descalificadoras. Admito, sin embargo, que no se las puede igualar porque quien detenta el aparato del Estado tiene siempre mayores responsabilidades sobre la degradación de las cosas. Algunos intelectuales criticaron la movida de varios colegas que intentamos impulsar las conferencias de prensa y ejercer el simple derecho a preguntar. Puede ser que los periodistas a veces no tengamos las preguntas adecuadas, pero no cabe duda de que ese ejercicio es primordial para que la democracia funcione de manera plena: los políticos argentinos, cuando llegan al poder, hablan desde la impunidad del circuito cerrado. Es evidente que el Gobierno tiene pánico a las preguntas. Esa emoción violenta se vio en el rostro atribulado de Héctor Timerman cuando Lanata se le acercó durante la gira por Angola. Timerman es mucho más leído, sensible y sofisticado que Moreno, y descuento que sabe en sus fueros íntimos las implicancias de abrazarse con un régimen autocrático acusado de violar los derechos humanos, pero tuvo que plegarse a los desvaríos de Moreno y poner la cara por él cuando las papas quemaban. Es decir, cuando un periodista se atrevía a hacer las preguntas de rigor. Esa gira, que parece surgir del realismo delirante de Soriano y de las páginas bizarras de A sus plantas rendido un león, también quedará en la historia gracias a que fue mostrada ampliamente por la televisión. Confieso que siempre me pareció una perogrullada la famosa frase de Luis Clur: "Cuando se enciende una cámara, se apaga el autoritarismo". Hoy veo que no le faltaba razón, y que preguntar es el verbo sanador cuando las respuestas han sido secuestradas por los fanáticos y los mediocres

Chiste de la semana

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