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sábado, 12 de abril de 2014

QUIÉN GANÓ???

¿QUIÉN GANÓ? Calendar abril 12, 2014 | Posted by Malú Kikuchi Por Malú Kikuchi (13/4/2014) Vamos por partes, total, Argentina ya está descuartizada. Es por un problema de orden en el caos que nos rodea, cuestión de intentar, ojalá lo consiga, entender algo. Aunque sea un poquito. ¡Primer paro nacional! Ya sé que no es el primero, pero casi, y sé que no fue nacional, pero casi. Lo más destacable: un paro peronista a un gobierno que se dice peronista cuando le conviene y ahora le conviene. Más debilitada está Cristina, más necesita del PJ. ¿Pero el PJ necesita a Cristina? Pregunta que sólo un peronista puede contestar. Julio Bárbaro,¡auxilio! El paro, liderado por Moyano, Barrionuevo y Micheli (el sabio Maquiavelo decía que “no siempre el amigo de nuestros amigos, es nuestro amigo; pero siempre el enemigo de nuestros enemigos, es nuestro amigo”. El paro del 10/4 lo confirma. Y no lo armó Magneto, ni la SRA, ni contó con apoyo de la CIA. El paro tenía 8 razones para ser un paro casi nacional. Recuerdo algunas: paritarias libres, subir el mínimo no imponible, el 82% móvil, la inseguridad, el ajuste, la inflación, y algunas otras. Según Aragón (que la pega con todas las encuestas), el 60% de los argentinos no sabía por qué se paraba. Estoy segura que más del 60% quería el paro ¡porque están, estamos HARTOOOOSSSS! ¿Quedó claro? Hasta acá vamos bastante bien. Pero el diablo, perdón, la izquierda metió la cola y decidió hacer piquetes para imposibilitar las entradas a la ciudad de Buenos Aires. Los dueños del paro repudiaron los piquetes. Querían un paro en paz. Lo más increíble es que los apóstoles de los piquetes, o sea el gobierno, también los repudiaron, hasta reprimió el de la Panamericana. iLas cosas que hace la realidad cuando es adversa! De no creer. ¿Qué pasó con eso de “no judicializar la protesta” y “no dejar los principios en la puerta de la Rosada? El hecho es que a pesar de los cortes de la izquierda no queridos por los padres del paro, ni por el gobierno, estos demostraron que siempre los que no se quieren se pueden poner de acuerdo en algo, es cuestión de esforzarse y encontrar un enemigo común. Ninguno quería los cortes. Los del paro para demostrar que el paro era voluntario, el gobierno para permitir que los que querían trabajar pudieran hacerlo. ¡Ojo!, la izquierda crece todos los días. Y como la naturaleza es enemiga del vacío, si la oposición (-no se ría-, escribí “oposición”, de alguna manera hay que llamarla), no se despierta de la siesta y muestra alguna disposición de querer ser gobierno, la izquierda está de pie y viene marchando. El paro fue político, todo paro es político. Este en particular representó una demonstración de fuerza ante el gobierno. Una forma elemental pero contundente de decirle a Cristina, al Chino, a Axel y a alguno más, podemos parar el país y hacerlo en paz. No necesitamos ni choris, ni gaseosas, ni planes que ya escasean. La lucha, se disfrace como se disfrace, con palabras grandielocuentes y objetivos altruistas, siempre es por el poder, desde Aníbal Barca pasando por las Cruzadas. Siempre es el poder. Y el poder es dinero. Ha sido así desde el principio de los tiempos y lo será hasta que el ser humano decida crecer por dentro. Y para eso nos falta mucho. Conclusiones primitivas y subjetivas. El paro fue un éxito rotundo en todo el país. El agua y el aceite se pueden mezclar si enfrentan un enemigo común. Los pedidos que dieron forma al paro no serán ni siquiera discutidos por el gobierno. Cristina necesita llegar al 10/12/2015 en las mejores condiciones posibles y para eso tendrá que seguir tragando el aceite de ricino de las recetas ortodoxas en materia económica. La izquierda sigue avanzando, dando a su vez muestras de un poder que crece sin que nadie se anime a detenerla. Por lo menos no se avizora en el horizonte al que sea capaz de hacerlo. El gobierno sale debilitado. Por supuesto que no se va a dar por enterado y Cristina nos regalará una vez más con alguna otra “condena” nacional, quizás esta vez con una vedette realizando el baile del caño. Desde Tecnópolis y sin Tinelli. El paro pasó. ¿Quién ganó? El gobierno perdió. Los “gordos”, los de la CGT de Caló, perdieron. La inexistente CTA de Yasky, perdió. Moyano, Barrionuevo y Micheli ganaron (¡juntos! difícil de imaginar), pero no solucionaron nada. La izquierda creció. La inseguridad continúa (mataron a una embarazada más) y la inflación sigue engordando precios. Los jubilados siguen condenados a una paupérrima supervivencia y los despidos seguirán el ritmo de la inflación que traerá más recesión. Puede que suban el mínimo no imponible. Pero la devaluación ya fue y la próxima vendrá y los chicos perdieron un día más de clases y casi nadie trabajó. Por lo tanto, ¿quién ganó? Perdimos todos. Perdió el país.

jueves, 10 de abril de 2014

LA PALABRA......

La palabra y la barbarie – Por Agustín Laje agus5Por Agustín Laje (*) A dos días del segundo paro nacional contra el Gobierno, y en el marco un clima social enrarecido por los desbordes de inseguridad que han puesto de manifiesto la ausencia del Estado en materia de Seguridad y Justicia, Cristina Kirchner irrumpió nuevamente en nuestros televisores y radios el martes pasado. La una vez más insufrible Cadena Nacional no tenía por objeto comunicar medidas económicas racionales para el control de la inflación frente a la que, en definitiva, reaccionan los trabajadores plegados al paro de hoy. Mucho menos tenía el fin de comunicar un nuevo plan de Seguridad que transmitiera tranquilidad a los atemorizados e indefensos vecinos. Nada de eso. Se trató, simplemente, de la apretura que, con su posada voz de maestra jardinera, Cristina encabezaba de lo que se dio en llamar “Encuentro Federal de la Palabra”, una suerte de “feria del libro” en Tecnópolis. A los adulones de siempre y las marionetas que enrojecen sus manos de tanto aplaudir, se le sumó esta vez una comparsa de “artistas populares” –curioso eufemismo para designar a hacedores de morisquetas de baja estofa– que acompañaron a la presidente con shows de “hip-hop”, “stand-up”, entre otras “expresiones nac&pop”. Semejante circo oficial en el marco de semejante crisis económica y social, contribuye a convencernos una vez más de que el estudio del kirchnerismo está pasando del dominio de los politólogos al campo de los psicólogos sociales. La verdad sobre el rimbombante “Encuentro Federal de la Palabra” colisiona con la alocución inaugural de Cristina Kirchner que, en resumidas cuentas, hizo de la “palabra” y el “diálogo” fuentes de paz y concordia. En efecto, la génesis del mentado “Encuentro Federal de la Palabra”, al contrario, es la discordia, la fragmentación y la vocación para el monólogo que caracteriza al kirchnerismo. Lo cierto es que a mediados del año pasado, el Secretario General de la Presidencia Oscar Parrilli empezó a mantener reuniones con Gustavo Canevaro, titular de la Fundación El Libro. Las intenciones estaban cantadas: el kirchnerismo pretendía apropiarse de la 40º edición de la Feria del Libro que tendría lugar en abril del 2014, mudándola del Predio de La Rural a Tecnópolis y, con ello, no sólo capitalizar políticamente un evento que adquiere mayor significancia todos los años y que la tendrá especialmente en su cuadragésima entrega sino, también, arrebatarle el acontecimiento al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y fastidiar a la Sociedad Rural. Pero las maniobras del kirchnerismo no dieron fruto, y los organizadores de la tradicional “Feria del Libro” decidieron mantenerla en La Rural. ¿Los motivos? Fundamentalmente, factores como la inseguridad, el clima (Villa Martelli, donde se encuentra Tecnópolis, suele inundarse en caso de lluvias), dificultades de acceso, y el tamaño de los predios (La Rural tiene más de 45.000 metros cuadrados mientras que Tecnópolis cerca de 10.000), provocaron la negativa rotunda que se le dio al kirchnerismo. De hecho, el 70% de los expositores –según la revista especializada Ferias y Congresos– se manifestó en contra de trasladarse a Tecnópolis. El “Encuentro Federal de la Palabra” es, entonces, fruto de una fallida movida política y reflejo de una sociedad fragmentada por quienes hacen de la palabra un instrumento de discordia social. Con toda la desfachatez que le es connatural, Cristina Kirchner aleccionó durante la apertura del evento en cuestión que “en tiempos que hay quienes quieren volver a la barbarie, tenemos que estar muy fuertes para que sea la palabra y la racionalidad las que primen en nuestra sociedad”. Perdido en la desmemoria colectiva quedó un hecho incontrastable: el kirchnerismo ha sido desde sus orígenes amo y señor de una palabra puesta al servicio de la barbarie; una palabra monopolizada por la prepotencia y la arrogancia que, en virtud del engañoso espejismo de una “democratización mediática”, viene silenciando voces que no se ajustan al monocorde discurso oficial. ¿O acaso ya hemos olvidado la palabra bárbara de Cristina Kirchner defenestrando frente a todo el país por Cadena Nacional al “abuelito amarrete” que se le había ocurrido presentar un amparo frente a la Justicia contra el cepo cambiario porque quería defender su derecho a comprar moneda extranjera para hacerle un regalo al nieto? ¿No recordamos la barbarie que supuso el uso de la palabra por parte de Cristina Kirchner en Harvard, donde ninguneó a distinguidos estudiantes argentinos que osaron hacerle preguntas espontáneas? ¿Y qué hay de aquella vez en que Cristina Kirchner hizo uso de la palabra a través de Cadena Nacional para escarchar –datos de AFIP en mano– al agente inmobiliario que osó en decir que la política cambiaria del gobierno había perjudicado al sector inmobiliario? Cristina Kirchner no percibe sus contradicciones morales sencillamente porque la ética le está vedada. La autocrítica, en efecto, es desconocida por la barbarie. La misma que en la “feria K” de Tecnópolis habló del valor de la palabra “para difundir amor” es la que ha venido haciendo uso de la palabra con pretensiones monopolísticas desde 2007 hasta la fecha para fragmentar a la sociedad. En esta sintonía, Cristina acaba de recibir el “Premio Rodolfo Walsh a la Libertad de Expresión”, brindado por supuesto por la ultrakirchnerista Universidad de La Plata, que ya ha premiado con la misma distinción a otros dictadores del Siglo XXI como Hugo Chávez, Rafael Correa, Evo Morales, y a la apologista del terrorismo internacional Hebe de Bonafini. Mientras el kirchnerismo prosigue con sus habituales payasadas y contrasentidos, el país se para hoy jueves y un cachetazo nos devuelve de las sandeces del “Encuentro Federal de la Palabra” a la realidad de una Argentina que se cae a pedazos junto a un gobierno con final anunciado. (*) Agustín Laje dirige el Centro de Estudios Libertad y Responsabilidad, y es co-autor del libro “Cuando el relato es una FARSA”. Twitter: @agustinlaje

lunes, 7 de abril de 2014

VIRUS

El virus de la mentalidad progresista – Por Nicolás Márquez Nota de portada 6 nico2Luego del fracaso mundial en el que ha incurrido el régimen comunista (derrota formalizada y simbolizada con la caída del Muro de Berlín en 1.989), resulta sumamente dificultoso explicar y analizar por qué sus adherentes, en vez de efectuar un riguroso acto de constricción y reflexión mudando de tan horrorosa ideología hacia aquellas que han demostrado eficacia y vigencia, prosiguen aferrándose al marxismo y sus derivados a modo de masoquismo intelectual o espiritual. Creemos que una de las causas que quizás explique esa perseverancia, en parte consiste en que mayormente no se suele juzgar a esa ideología en función de sus infructuosos resultados, sino en función de la aparente bondad de sus objetivos. De todos modos y a pesar de su insistencia en permanecer en el desacierto, existe en los numerosos prosélitos de este espectro ideológico una notable mutación en las formas y en el lenguaje con respecto a la radicalizada militancia de otrora. En efecto, una vez ya devaluado el “comunismo” y por ende el término “comunista”, la mayor parte de sus simpatizantes de inmediato maquillaron el actuar y en primera instancia salieron a la palestra aplicando un discurso vagaroso nutrido de una fraseología repartidora y distribuidora de culpas alegando que “es el fin de las ideologías” (metiendo a todas ellas en una difusa licuación derrotista) cuando en verdad, prima facie, solamente era el fin de la ideología comunista que había fracasado, pero no de las exitosas que perduraron. Dentro de esta estrategia disuasiva, se solía decir (y se sigue diciendo) que las categorías “derecha-izquierda” son caducas; pero sin embargo, los izquierdistas (concientes o no) insistentemente tildan de “derechista” a todo aquel que no piense como ellos, lo cual resulta contradictorio, puesto que como el concepto ¨derecha¨ se vincula necesariamente con el de ¨izquierda¨, al declararse que la “izquierda” después de la caída del Muro de Berlín ha desaparecido, por lógica debería dejar de usarse la palabra ¨derecha¨. Asimismo, el término “derecha” nunca es definido de manera concreta o taxativa, y se suele llamar de ese modo a todo aquel que no sea de izquierda. Ocurre entonces que la izquierda no ha desaparecido sino cambiado de cáscara. El hecho de que en la actual coyuntura no le convenga cuestionar del todo el Derecho de Propiedad (aunque se lo relativice) ni la Economía de Mercado (aceptada a duras penas no sin regulaciones estatales y todo tipo de dirigismos) no implica la extinción de la izquierda, y muchísimo menos el aminoramiento de la cuantía de sus militantes e ideólogos. Que el debate actual se haya perfilado hacia un costado menos economicista y se haga mayor hincapié en aspectos culturales o morales, ello no impide que tal antinomia se encuentre a la orden del día. Pero este “agiornamiento” no es absoluto, pues aunque en minoría, subsisten sectores pertenecientes a una nostálgica izquierda tan bulliciosa como dogmática y dividida en tantos partidos como militantes. Estos, aunque numéricamente modestos, muchas veces y en determinados puntos concretos marcan objetivos que luego son alcanzado no por ellos, sino por el progresismo (poseedor de mayor poder político) que los conciente cómplice y silenciosamente. Esta izquierda rabiosa, según lo describe la fastuosa pluma del Profesor Antonio Caponnetto, está compuesta por variados grupos que “Ideológicamente hacen gala de anarquismo y marxismo explícitos, de guevarismo y comunismo directo y brutal, y de una forma mentis signada por la promiscuidad, el hampa, la roña moral y física, y el odio a todo lo que represente la más elemental noción de autoridad humana o divina. Son en sentido estricto, irrecuperables hordas rojas, llámense quebrachos, polos obreros, corrientes clasistas y combativas, izquierdas unidas o delincuentes rejuntados”.[1] Empero, como ya fuera dicho, el grueso de la “izquierda” actual no está representada por estas infelices comparsas sino que, utilizando diferentes solapas, rara vez suele presentarse en sociedad como tal. Pues el comunismo residual y sus adaptados simpatizantes comenzaron a utilizar denominaciones que resultasen más almibaradas ante la opinión pública, suavizando entonces los rótulos y así como la expresión “socialdemócrata” o “reformista” fueron los eufemismos favoritos y más utilizados durante las décadas 80/90, actualmente la denominación predominante y en boga es el “progresismo”. La propia etiqueta nos lleva a relacionarla instantáneamente con la palabra “progreso” que resulta “talismánica” al sonar agradable a los oídos de cualquier interlocutor. Tradición, Progreso y Progresismo En efecto, el vocablo “progresismo” utilizado a modo de desprendimiento del término “progreso”, es asociado ipso facto con el “avance”, a lo que se suele vincular instantáneamente “mejoría” o “bienestar” en cualquier área que se trate. Asimismo, quien se oponga a alguno de los “cambios” (selectivamente promovidos por los hábiles manipuladores de esta corriente) de inmediato es calificado difamatoriamente como un “retrógrado”. Si bien oponerse a novedades nocivas no implica ser tal cosa, la etiqueta ya queda colocada y luego es difícil erradicarla cuando detrás del estigma hay además una profusa campaña mediática dirigida a consolidar el mote de arcaico. Este tipo de trampas lingüísticas no es nuevo ni exclusivo, puesto que así como nadie puede estar en contra -en materia penal- de las “garantías jurídicas”, estas nada tienen que ver con el “garantismo” (que es la corriente criminológica del progresismo), doctrina tendiente a beneficiar siempre y de cualquier modo a los delincuentes. Mutatis mutandis, nada tiene que ver el “progreso” con el “progresismo”. ¿Y cuál es la verdadera naturaleza de aquello que se denomina “progresismo”?. Aquí tendríamos que efectuar una clasificación divisoria: Por un lado encontramos lo que denominaremos el “Progresista Activo”, que es el ideólogo, el militante conciente, portador de un objetivo concreto. Por el otro, encontramos al “Progresista Pasivo” (la inmensa mayoría de sus miembros) que son simples adherentes al discurso superficial del progresismo. Es decir: tenemos progresistas abiertamente comprometidos y compenetrados con una causa específica, y progresistas que repiten y acatan el discurso con motivo y ocasión de una extraña mezcla compuesta por el hábito, la ingenuidad, la hipocresía y el snobismo. A estos últimos también les cabe el mote de “idiotas útiles”, pues en palabras de Chesterton: “hay dos clases de dogmáticos: los que saben que lo son y los que lo son si saberlo”. En extrema síntesis, podemos decir que el progresismo constituye una tendencia propensa a abrazar todo aquello que es nuevo o transgresor por el sólo hecho de serlo. Vale decir, se nutre del hecho sintomático de aplaudir y promover las novedades como un fin en sí mismo, sin siquiera analizar la fecundidad de la novedad en cierne. Pero en rigor de verdad, es dable efectuar la siguiente aclaración: el objetivo enmascarado de los verdaderos ideólogos del “progresismo” (el progresismo activo) no consiste en barrer con todo lo actual como un fin que se agota allí sino para luego, y como objetivo ulterior, construir otro esquema de valores y de sociedad (de tinte igualitaria y emparentada con el socialismo). La consigna es entonces: “destruir para construir”, o como lo pregonaba en otro contexto el lider comunista Mao Tse Tung: “desaprender lo aprendido para aprender”. La enmascarada finalidad de los “progresistas activos” consiste entonces en “destruir” la cultura, las Instituciones y los valores tradicionales o naturales, no para generar un gigantesco escombro socio-cultural como un daño per se, sino para, sobre sus ruinas, edificar todo aquello que no se pudo efectuar por la vía armada y la coacción. En cambio, el “progresista pasivo” (probablemente bienintencionado) no tiene conocimiento sobre estas metas ulteriores, pero resulta involuntariamente funcional a los retorcidos intereses escondidos por los “progresistas activos”, que obran como verdaderos titiriteros. Para estos últimos, el objetivo de plazo inmediato es cambiar todos los paradigmas antedichos y a la postre, modificar las estructuras políticas. A modo ejemplificativo de lo que conforma este fundamentalismo de adhesión a lo flamante, tomemos en cuenta que el lema escogido por el brillante pensador marxista italiano Antonio Gramsci (considerado como el padre de la “revolución cultural”) para la revista Ordine Nuovo: “La Verdad es Revolucionaria”, y tangencialmente, como la “revolución” es por definición algo necesariamente “nuevo” que viene a suplantar a lo vigente, lo “nuevo” es luego ofrecido como algo necesariamente verdadero. A esto debemos agregar el siguiente detalle: el marxismo nunca tuvo por objetivo buscar la verdad, sino “construir” una verdad, y sobre esta “verdad artificiosa” o premisa falsa, construir una nueva estructura social. Dentro de su composición interna, los “progresistas activos” no siempre trabajan en forma conjunta, pero tampoco inorgánica. Por lo general se mueven en el marco de plataformas autónomas, pero unidas o entrelazadas por objetivos comunes. O sea, el progresismo no tiene una textura uniforme y está integrada por diversas expresiones, dirigentes, grupos u O.N.Gs., que se especializan o dedican cada una a temáticas concretas, que van desde los “ecologismos”, “pacifismos”, “ecumenismos”, “feminismos”, “derechos humanos” y “pansexualismos” entre otros “buenos propósitos”. Prima facie, ninguna de estas consignas conlleva un objetivo malsano, sino que la perfidia suele esconderse detrás de sus atractivos carteles. Desde lo cotidiano, y concentrándonos en el perfil del “progresista pasivo”, éste defiende las principales ideas-fuerzas direccionadas por el “progresismo activo”, pero difícilmente consienta el objetivo ulterior que se halla enmascarado. Siguiendo la pluma del citado profesor Caponnetto, a este variado espectro lo componen por igual “funcionarios y piqueteros, periodistas y legisladores, partidócratas y punteros de comité, abortistas y manfloros, sedicentes defensores de los derechos humanos y esa inmensa ralea en la que tanto cabe el cantautor como el comunicador social, el universitario progresista, el marginal salteador, el atildado dirigente oficial, el curerío apóstata, los jueces garantistas y la turba juvenil o senil a la que han llenado el alma de resentimientos e historias mendaces”.[2] Según lo señala el impecable análisis de Juan José Sebreli, el progresismo argentino constituye una “franja compuesta por un sector de la clase media semiculta de los grandes centros urbanos, agrupada bajo la denominación vagarosa de “progresismo”…Sus principios confusos y contradictorios, mezcla de ingenuidad e hipocresía, de contestación y conformidad con las bogas vigentes y beata devoción por las “buenas causas”, asemejan a los progresistas de hoy a los “idiotas útiles” de los tiempos dorados del estalinismo. “Los progresistas inciden en la opinión pública, ya que muchos son profesores, escritores, periodistas, psicoanalistas, artistas, comunicadores sociales, a los que se suman ricos con sentimiento de culpa, o gente exitosa en el mundo del espectáculo, el deporte o los negocios. Para muchos de ellos, el progresismo, en la acomodada madurez, representa la fidelidad al ultraizquierdismo cultivado en su juventud. Rasgos característicos del progresismo son la confusión entre la moral y política, entre moral y economía, el rechazo por toda forma de realismo político, la sustitución de los análisis concretos por la denuncia y la lamentación, el reemplazo de propuestas viables por la sujeción a principios abstractos, a bellos deseos imaginarios, una obstinada negación a ver la cruda realidad y una memoria histórica maniquea y distorsionada…La indignación del progresismo es una actitud moralista y sentimental que, en abierta contradicción con el marxismo clásico, consideran reaccionaria la preocupación por los datos de la economía, por los fríos y deshumanizados números…Por su incapacidad de crear un nuevo partido o un movimiento homogéneo, el progresismo está obligado a adoptar alternativamente a los dos partidos mayoritarios (radical y peronista) aunque de tanto en tanto, rompe esta rutina con la aparición de algún nuevo partido de trayectoria fugaz… El progresismo, que nada aprende, repite eternamente los mismos errores y su arrogancia no le permite admitirlos, prefiere creer que fue traicionado por estos partidos aunque las expectativas no cumplidas solo estaban en su propia imaginación y no en la voluntad de los dirigentes políticos; el engaño será siempre posible mientras existan quienes desean ser engañados y necesitan engañarse a sí mismo”.[3] Progresismo Pasivo -Hipocresía, Igualitarismo y Snobismo Respecto al defecto de la “hipocresía” señalado por Sebreli, cuya definición es “Fingimiento o falsa apariencia”, es ésta característica (tan común en vastos sectores de nuestra clase media y alta) la que provoca que este espectro poblacional adhiera al progresismo, al advertir que ser ¨progre¨ suena ¨chic¨, y públicamente se definen de ese modo o defienden y sostienen posiciones enroladas en él. De este modo, el “progresista pasivo” a favor del “amor libre” (siempre y cuando no lo practiquen su mujer y su hija); aplaude efusivamente la novedad del ¨casamiento gay” (siempre que el contrayente pederasta no sea su hijo); en materia criminológica el “garantismo” se considera “un avance de los derechos humanos” (hasta que le roban la casa e ipso facto peticiona la pena de muerte); mira con antipatía al sistema económico capitalista, pero cuando tiene que emigrar al extranjero en busca de prosperidad, ni se le ocurre escoger un país que no sea capitalista y así, se sirve y disfruta del comfort y la tecnología occidental, aunque con entusiasmo repudie la “sociedad de consumo”. Fustiga con virulencia a la Iglesia, hasta que padece una enfermedad o situación grave y se rodea de Rosarios y estampas con Santos de los más variopintas; en economía se abomina del individualismo y se pregona un “distribucionismo solidario”, hasta que le retienen o confiscan sus depósitos en algún ¨corralito¨ bancario y en defensa de su patrimonio, no vacila en derrocar a un gobierno al que votó (tal lo ocurrido en Argentina en el año 2.001) y así, se divulgan inacabables declaraciones de principios nunca practicadas con el ejemplo personal, que ratifican la doble faz entre el discurso y el actuar concreto. En torno a este último ejemplo, un viejo chiste decía que ¨socialista es todo aquel quiere repartir lo que no le pertenece¨. Pero todas las novedosas consignas que estamos viendo y que en materia cultural se pretenden instalar como algo natural y cotidiano, no son arrojadas a la opinión pública indiscriminadamente, sino que la mayor parte de las ideas-fuerza promovidas poseen un inadvertido denominador común: todas profesan el igualitarismo (columna vertebral del marxismo) que trae como secuela la nivelación hacia abajo. De esta manera, en lo económico, la postura “distributiva” pretende nivelar la remuneración del vago con el laborioso o del productivo con el improductivo; en lo criminológico el “garantismo” o el “abolicionismo” asimila al hombre honesto con el delincuente; el “relativismo moral” iguala al asceta con el depravado y así, numerosos ejemplos nos conducen a la misma finalidad igualitaria. La prédica “igualitaria” del progresismo llega a absurdos tan grandilocuentes que no vacila en exaltar por ejemplo la “igualdad de oportunidades”, que por definición es enemiga de la “igualdad ante la ley”. Cuenta Benegas Lynch que “si se enfrenta un lisiado con una atleta en un partido de tennis, para otorgarles igualdad de oportunidades habrá que maniatar al atleta con lo cual se habrá conculcado su derecho… de lo que se trata es de que la gente tenga más oportunidades pero no iguales. La igualdad entonces es ante la ley, no mediante ella”.[4] Es por ello que Milton Friedman alertaba: “Una sociedad que coloque a la igualdad por encima de la libertad terminará sin libertad y sin igualdad”. Agrega Benegas Lynch que hay tres factores que conducen al igualitarismo: “la envidia, la inseguridad respecto a las propias capacidades y la hipocresía. De los tres, tal vez este último sea el elemento que, con más frecuencia, aparece como rasgo sobresaliente en los “apóstoles de la igualdad” y con pluma festiva se pregunta “¿cuáles son entonces las ventajas que reporta la tan cacareada “justicia social” y su correlativa “distribución de ingresos”? Ningún beneficio reporta, sólo quita incentivo para la optimización de la capacidad creadora…Para ilustrar la idea, recurramos a un ejemplo sencillo: si el gobierno decide nivelar las fortunas “en 100″ – y todo excedente se expropia para entregarse a los que tienen ingresos menores que 100— nadie en su sano juicio producirá mas de 100, aunque su potencialidad fuera de 10.100”.[5] La prédica “igualitaria” va tomando entonces tanta fuerza y aceptación que, alegando el loable propósito de destruir privilegios y desigualdades excesivas, se puede ir más allá, y abolir también gradualmente desigualdades naturales y legítimas. A medida que el rodillo compresor del igualitarismo se vaya tornando más pesado y destructivo, la sociedad irá aceptando el igualitarismo como algo normal, aunque no lo sea. A modo de mero ejemplo cotidiano, es pacíficamente consentido por la masa el concepto del “impuesto a la riqueza” (lo que es algo así como una sanción al éxito comercial), o en otros campos (como el político) la absurda imposición del cupo mínimo de mujeres en una lista partidaria (tratando a la mujer de infradotada al presumir que no tiene capacidad de ganarse un espacio propio) y así, un inacabable etcétera. No sin relevante dosis de snobismo, el “progresista pasivo” es además propenso a tomar posiciones favorables a temas de moda (ahora centradas en un exaltado racionalismo) y así, opinará que en el Siglo XXI hablar de Religión ya es algo propio del “oscurantismo medieval”, y no vacilará en plegarse a despiadadas críticas a la Iglesia Católica (algo que siempre queda bien y jamás hay represalia por blasfemar gratuitamente). “¿Cómo vamos a creer en esas cosas en la era de Internet?” afirmará teologalmente en la mesa de comensales nuestro “progre” lenguaraz, mientras le alcanza el salero a uno de sus contertulios y sin vacilar lo apoya en la mesa (no en la mano), caso contrario trae “mala suerte”. Seguidamente el mentado “racionalista” ya “liberado de las ataduras religiosas”, lo primero que lee en el diario es el “horóscopo” (los hombres particularmente la “suerte numérica” y las mujeres los temas referidos al “corazón”) y probablemente participará en reuniones de “meditación”, “gimnasias orientales” e “imposición de manos” entre otras “ciencias milenarias” a efectos de “armonizar los chacras energéticos”. Del mismo modo, y con el objeto de atraer las “energías positivas”, perfumará su casa con “sahumerios”, decorará el interior de la misma con colores perfecta y “científicamente” combinados a fin de ahuyentar las “malas ondas” y no escatimará en consumir devotamente toda la proliferación de textos de “autoayuda”, los cuales suelen traer una serie de aforismos y moralejas pretendidamente profundas. Al mismo tiempo, el progresista solerá tener una porción notable de soberbia contraída a partir de la elevada capacidad intelectual que él mismo supone tener (o que le han hecho creer que tiene) quizás por haber transitado en educación terciaria o universitaria, convirtiéndose así en un verdadero “especialista en generalidades” siempre predispuesto a “reflexionar” y opinar autorizadamente sobre cualquier tema, siendo tan capaz de analizar profusamente la política trasnacional como de armar (en una servilleta de papel) la lista del equipo de fútbol imbatible. Políticamente correcto y teorizador de un difuso “deber ser”, adhiere en la mesa de café al “pacifismo universal”, y se indigna con igual intensidad tanto por los “pingüinos que están impregnados de petróleo”o “las injusticias que hay en el mundo” como por los “niños que mueren de hambre” entre otros sollozos líricos. Propuestas económicas para solucionar los problemas que tanto parecen acongojarlo no se le suelen ocurrir demasiado, aunque a veces recurre a soluciones asombrosas proponiendo “vender las riquezas que hay en el Vaticano”. Pero como el “progre” no necesariamente se limita al análisis de temas contemporáneos, también se da el gusto de viajar cinco siglos en el tiempo y en dos segundos afirmar que somos pobres por el “sometimiento del que somos objeto tras la colonización europea”, teoría conocida y repetida, aunque demasiado rebuscada al provenir de un “progre” argentino (de apellido paterno y materno de origen europeo) que quizás no posea el mínimo rasgo aborigen. Tampoco advierte que el supuesto “saqueo” al que alude no fue hecho contra él y los suyos, sino por su familia y cosanguíneos ascendentes, ni se le ocurre pensar por qué la Argentina hace no cinco siglos sino cinco décadas era económicamente superior a España, Portugal e Italia juntos. Como característica destacada, agregamos que el “progresista pasivo” incurre en la insistente indignación y no sabe ni propone ninguna solución concreta a los temas universales que por el lapso de cinco minutos diarios lo apesadumbran. En algún sentido, el progresista es un “utopista”, y para el “utopista” la vida no puede tener normalmente un sentido legítimo de lucha, de prueba y de expiación, sino solamente de una paz blanda y regalada. [1] Revista cabildo – Kirchner Jefe y Garante del delito – Antonio Caponnetto –oct/nov 2005). [2] Caponetto mazo abril 2004- Estado de Descomposición. [3] (Crítica a las Ideas Políticas Argentinas – Juan José Sebreli – 402). [4] (Alberto Benegas Lynch – Las Oligarquías Reinantes-102). [5] Revista de la Cámara de Comercio de Guatemala, Nº 8, febrero de 1975.

domingo, 6 de abril de 2014

DESGRANADA SOCIEDAD

Desgranada Sociedad “La marcha convocada por Leopoldo López, más que abrir un agujero a la dirigencia, muestra una respuesta de buena parte de la sociedad que no aguanta más el lento reaccionar de los jefes, que aún piensan que estamos en la vieja democracia” Nelson Bocaranda El martes pasado comencé a conducir un ciclo de televisión, “Un país diferente”, que podrá verse cada semana en www.canaltlv1.com. Pretendo que se transforme en un ámbito en el cual se discutan los temas más importantes para el futuro de la Argentina. Para la primera emisión invité al Ing. Emilio Apud, integrante del grupo de los ochos secretarios de energía; conversamos sobre la situación del mercado, a raíz de la quita de subsidios, y de las perspectivas mediatas en materia energética . Si tiene interés, puede ver ese primer programa pinchando en https://www.youtube.com/watch?v=2C-9t8hI0SU&list=UUgF9ahMxHViwYu-wF8OD0Dw. El 8 de abril me acompañarán Julio Bárbaro y Ricardo López Murphy, y el 15 Agustín Monteverde. La inseguridad, primera en las preocupaciones de los ciudadanos, copó los titulares de la mano de los más de doce linchamientos –uno se transformó en asesinato- que, pese a ser relativamente usuales en los últimos meses, adquirieron visibilidad cuando la escena se trasladó a un barrio de Buenos Aires, cercano al centro de la ciudad. No voy a explayarme sobre el particular (sólo mencionaré la edad de los “ajusticiados” que, cuando llegó el kirchnerismo, tenían diez a doce años), ya que de ello se han ocupado pensadores, funcionarios, periodistas y compatriotas de a pie; pero voy a recordar una respuesta de Borges cuando un periodista malintencionado le preguntó en Europa si en la Argentina había caníbales: “no, ya no; nos los comimos a todos”. Se ha hablado mucho de la ausencia del Estado; algo realmente sorprendente en una Argentina donde éste ha tomado un rol preponderante en montones de actividades que le hubieran debido resultar ajenas: el fútbol, Tecnópolis, Aerolíneas Argentinas y hasta el mercado de telefonía celular, entre muchas más. Es claro que, dada que su capacidad de presencia eficiente no es infinita, ha dejado de ocuparse de otros asuntos que sí le son propios y esenciales: salud, vivienda, educación, seguridad, defensa y justicia; de todos estos temas, los ciudadanos con capacidad para hacerlo afrontan el doble costo -el primero, los impuestos- de proveerse privadamente. Lo curioso es que la Presidente se comporta, frente a una sociedad yaciente y desgranada, como si recién hubiera llegado al poder, olvidando que los miembros de su familia llevan once años sentados en el sillón de Rivadavia; pretender, todavía, que los Kirchner no tuvieron nada que ver con los actuales niveles de pobreza e indigencia, el deterioro de la enseñanza y, sobre todo, el grave desgarramiento del tejido social de la Argentina es, como mínimo, hipócrita. Doña Cristina debiera tener más respeto por sus conciudadanos, no súbditos, cuando exagera la frecuencia de la cadena nacional para hablar de pavadas, mientras manda al Coqui Capitanich a “relatar” la realidad, es decir, a intentar convencernos de que no es lo que es, o viceversa. Un hecho que, a pesar de cuanto muestra sobre la forma en que se conducen tanto las relaciones exteriores como el “capitalismo de amigos” en esta época, no deja de ser cómico, fue el decreto de quiebra de la empresa que, en teoría, fabricaba cosechadoras y había vendido, en versión oficial, dieciocho unidades durante la visita presidencial a Angola y que, en realidad, no era más que una gran estafa. Ahora resulta aún más insolita la rara movida de Patotín y el entusiasmo de doña Cristina en Luanda, cuando llegó al extremo de aletear desde el atril. Incluyo este comentario porque, en estos días, parece más probable la teoría que esbocé en una nota que escribí entonces, a la que titulé “¿Son eternos los diamantes?”, que puede verse clickeando en http://egavogadro.blogspot.com.ar/2012/05/son-eternos-los-diamantes.html, básicamente porque no hay más explicaciones racionales para la visita. La conmoción producida por la auto-denuncia de British Petroleum (BP) ante el mercado de valores (SEC) de Nueva York, por haber pagado coimas en la Argentina, alcanza al Portugués Das Neves, ex Gobernador hoy militante del massismo, y a funcionarios nacionales de primer nivel, como el incombustible Ministro de inexistente Planeamiento, Julio De Cobrado, y a varios de sus segundos, encabezados por Daniel Cameron, el Secretario de Energía; en algún momento, , las compras de gas de Enarsa y los contratos de Bridas con Chubut, de Timba López con Petrobras, de Chevron y Apache con YPF, y del Gobierno con Repsol, guardados siete llaves, verán la luz y exhibirán el inmundo hedor de uno de los costados más graves de la monstruosa corrupción de esta década. El jueves 10, por primera vez desde 1975, el sindicalismo concretará una huelga general contra una administración peronista que, con seguridad, paralizará al país entero; la adhesión a la medida de colectiveros y ferroviarios, gremios enrolados en la CGT oficialista, garantizan ese resultado. Por lo demás, la izquierda ha comenzado a presionar a las cúpulas eternizadas para incrementar el nivel de protesta con cortes y concentraciones, y Camión Moyano se ha mostrado favorable a las posturas de Bandeja Barrionuevo, que pretende la organización de un plan de lucha con paros de duración creciente. Metalúrgicos, comerciales, estatales de UPCN y algunos otros sindicatos importantes se han mostrado permeables a las exigencias de la Casa Rosada para firmar convenios muy por debajo de la inflación reconocida; eso producirá, y es fácil predecirlo, la migración de muchos de sus afiliados, descontentos con la fuerte poda que implicarán sobre los salarios y la falta de actualización de la base del impuesto a las ganancias, que se comerá el aumento que obtengan. Habría que recordarle a Caló, el jefe de la alianza más cercana a la Casa Rosada, que cuando los dirigentes aceptaron una quita importante en los sueldos, los convenios fueron desconocidos por los afiliados, y ése fue el principio del fin de la era de Isabelita. La falta de recursos del Gobierno ha congelado el monto de los planes sociales y de las jubilaciones, y los damnificados engrosan cada día las filas de los descontentos con el “modelo”, que se manifestarán en el único lugar en que su protesta puede adquirir visibilidad, la calle. Ante la segura inacción de las policías, descontentas por la marcha atrás en los aumentos concedidos bajo presión en diciembre, por las permanentes purgas e inficionadas por la corrupción y el narcotráfico, sólo le quedará a la señora Presidente el recurso de la Gendarmería, muy bien equipada y pagada, pero insuficiente en número para controlar el escenario en todo el país. Habrá llegado así la hora del Tte. Gral. Milani, cuyo concurso resultará esencial para ese objetivo; resta saber qué sucederá si, como presumo, las bases –los oficiales con mando de tropa- no acatan las órdenes de represión de la rebelión social, sobre todo porque saben que, en el futuro, serán encarcelados por ello, aún cuando se dicten leyes y decretos que lo habiliten. La existencia de mil seiscientos camaradas presos, muchos de ellos sin condena y, casi todos, ya en edad provecta y muy enfermos, actuará como fuerte disuasivo para la obediencia reglamentaria. El “modelo”, hoy en manos de los imberbes de La Cámpora, está haciendo agua en el imaginario de todo el universo social, pero con una marcada incidencia en los sectores más humildes, tradicional base electoral del PJ; pretender, entonces, que reuniones de figurones piantavotos –como las que están haciendo bajo el control del Chino Zannini- consiga restaurar los daños producidos en esa cadena de poder y reunifique al partido bajo autoridades groucho-marxistas, no pasa de ser una ilusión, como tantas otras en las cuales creyó la familia imperial a lo largo de su prolongado período. Resulta razonable pensar, como muchos, que es preferible esperar hasta diciembre de 2015, sin hacer olas que pudieran presentarse como excusa para la fuga con honor y, de ese modo llegar, hasta lograr que las muchas bombas de tiempo que el kirchnerismo ha plantado estallen. Sin embargo, viendo cuantos inversores están aguardando un cambio de gobierno para traer sus dólares, a esta altura tan necesarios como el oxígeno mismo, me pregunto por qué hacer que los ciudadanos, sobre todo los más indefensos, sufran tanto, y permitir que los delincuentes que han asaltado el poder dispongan de tiempo para poner a buen recaudo sus bienes mal habidos. El cambio de percepción de los mercados sería muy rápido y se generaría trabajo y riqueza. Argentina tiene enormes posibilidades de desarrollo, pero sólo se transformarán en realidades cuando este régimen haya terminado y el respeto a la ley y la Justicia independiente dejen de ser una utopía. Continúo sosteniendo que, para ello, deben utilizarse todos los mecanismos previstos en la Constitución Nacional para destituir a los mandatarios, y no acompañaría un golpe de estado salvo, como dijo el Gral. San Martín, “cuando la Patria está en peligro, todo está permitido menos dejarla perecer”. Bs.As., 6 Abr 14 Enrique Guillermo Avogadro. Abogado

sábado, 5 de abril de 2014

FUENTE OVEJUNA

*Fuente Ovejuna” Calendar abril 5, 2014 | Posted by Malú Kikuchi “FUENTE OVEJUNA” Por Malú Kikuchi (6/4/2014) Fue un hecho histórico. Sucedió realmente en 1476, en Fuente Ovejuna, pueblo cordobés que dependía de la Orden de Calatrava. Eran los tiempos de la unificación de España, ardua tarea de los Reyes Católicos. Pero la parte política es sólo el telón de fondo, no hace al hecho en sí. Con su genial talento, Lope de Vega escribe una obra teatral en 3 actos, cuyo título es Fuente Ovejuna (1619) y nos retrotrae al secundario, cuando era obligatorio leerla en 4° año. De acuerdo a otro grande, Menéndez y Pelayo, “no hay otra obra más democrática en todo el teatro castellano”. Como hace tiempo que la leímos, refresquemos la memoria. Fernán Gómez de Guzmán es el comendador que rige Fuente Ovejuna. Abusa del poder, es un tirano. Pretende a Laurencia, la hija del alcalde, que lo rechaza. Trata de obligarla, pero el novio de Laurencia, Frondoso, lo impide. Laurencia y Frondoso deciden apresurar su casamiento, pero estando en la iglesia, Don Fernán los detiene. El pueblo, harto de robos, violaciones y atropellos de todo tipo, entra en el palacio y asesina al comendador. Durante el juicio, cada vez que se pregunta quien fue el asesino de Fernán, el pueblo, todos a una, contestan: “Fuente Ovejuna, Señor”. Sin poder averiguar nada más, el pueblo se disculpa, los Reyes Católicos lo perdonan. No es ficción. Sucedió. La naturaleza es enemiga del vacío. Si el gobierno no cumple con su indelegable función de proveer a la seguridad de su pueblo, alguien lo hará en su lugar. Lo hará mal, fuera de la ley, castigando sin proporción el delito cometido, y lo hará porque está fuera de sí, harto de todo hartazgo. Decía Perón “cuando los pueblos se cansan, suele tronar el escarmiento”. Dejo constancia que esto no es una justificación de hechos que no son, ni pueden ser justificables, es sólo una explicación; porque nada sucede sin una razón previa. Causa y consecuencia. Toda causa tiene su consecuencia. Zaffaroni, la impunidad, la visible corrupción estatal, el poder judicial vaciado de justicia, y en parte la exclusión y los hijos de la droga, son las causas de los permanentes crímenes, violaciones, robos, arrebatos, secuestros virtuales y de los otros, que sobrevivimos los que tenemos la suerte de hacerlo. Los linchamientos, que están mal, que no deben ser, pero son, responden a personas cansadas de no recibir respuesta a sus permanentes reclamos de seguridad, por la que pagan altos impuestos y no reciben nada a cambio. Reconocemos que Cristina tiene razón, que si alguien cree que su vida no vale nada, piensa que la del otro tampoco vale nada. Es cierto, los NI-NI saben que van a morir violentamente y temprano, no les importa matar, ni morir. Pero vamos a recordarle a Cristina que estos hijos de la droga, o los Ni-Ni, jóvenes todos ellos, crecieron los últimos 11 años bajo un gobierno K. Durante estos 11 años hemos vivido un festival de violaciones a todas las leyes, empezando por el gobierno. Mal ejemplo para la gente. Por un lado, si el juez es sobreseído de todos los cargos que hay en su contra y él a su vez sobresee inimaginables aumentos patrimoniales de miembros del gobierno; ¿por qué el ratero no va a quedarse con un reloj o una cartera? En cuanto a la droga y su crecimiento de estos 11 años, se supone que son la razón de tanta muerte gratuita, sucedida a pesar que el asaltado entregó dinero, llaves y auto. Muertes porque sí. Nadie hace nada. La gente se cansa. “Tanto va el cántaro a la fuente…” No se puede pretender que la gente siga paralizada ante tanto crimen y no reaccione, ya que los que deben ocuparse de poner orden, no lo hacen. Llama la atención entre tanta progresía como nos rodea, el horror que causan los linchamientos, que son horrorosos, pero no más que asesinar jubilados a golpes -1 cada 4 días-, o dispararle en la panza a Carolina Píparo que ya había entregado los dólares que había sacado del banco, de manera que Isidro, el bebé, muriera asesinado. Horroroso. Probablemente la amenaza del nuevo código penal, tan amigable para con los delincuentes y tan olvidado de las víctimas, haya sido uno de los detonantes de los linchamientos. No han sido una conspiración, pero sucedieron en alejados lugares del país, casi al mismo tiempo. Lo que indica que el pueblo tiene un reloj común, y por estas horas marca “¡basta!” El gobierno tiene que dejar de mirar culebrones o talk shows y poner no sólo atención, sino abocarse a lo que debiera haber hecho desde el comienzo de sus mandatos, el 25/5/2003, y ocuparse de la seguridad de la gente, de la buena gente que trabaja, paga impuestos, manda sus chicos al colegio y vive aterrada, encerrada tras las rejas, con custodios y cámaras de seguridad. Nada es suficiente. Quizás, sólo quizás, si los delincuentes supieran con certeza que sus crímenes iban a ser castigados con penas justas, se lo pensarían dos veces antes de cometerlos. Mientras, el fantasma de los linchamientos seguirá asustándonos. ¡Cuidado! El pueblo dijo “hasta acá llegamos”. Fuente Ovejuna no es sólo una obra de teatro, está basada en un hecho real.

jueves, 3 de abril de 2014

LINCHAMIENTOS

Los linchamientos y la responsabilidad estatal – Por Agustín Laje Por Agustín Laje (*) agus5Los “linchamientos” como modalidad de “justicia por mano propia” constituyen un fenómeno sociológico que, habiendo empezado en Rosario, corrieron como reguero de pólvora replicándose en numerosos puntos del país. Hoy, se han transformado ya en un encendido debate nacional que nos envuelve a todos. Pero como ocurre a menudo en debates de naturaleza polémica y compleja, es más fácil expresarse sobre las consecuencias que desentrañar las causas. Consternarse sobre el linchamiento en sí mismo y evitar reconocer sus determinantes, parece configurar el discurso social y políticamente aceptable sobre la temática. Lo que no se quiere reconocer, en concreto, es que en la base de la justicia por mano propia se encuentra un Estado que ha perdido el efectivo monopolio de la fuerza y, por lo tanto, su facultad esencial de brindar Justicia, pues tal reconocimiento implicaría preguntarse en qué se canalizaron las energías estatales si no fue en cumplimentar sus funciones fundamentales. No se puede hablar, en términos genéricos, de un “Estado ausente” o de un “Estado presente” sin especificar ausente o presente dónde, como tampoco sería correcto suponer que un Estado enorme en términos de las funciones que se ha adjudicado sea necesariamente lo mismo que un Estado fuerte. En efecto, el Estado argentino ha venido amplificando sus intromisiones en la sociedad civil imparablemente durante la última década pero sigue siendo, sin embargo, un Estado cuya debilidad se pone de relieve todos los días. El Estado argentino se ha ausentado, específicamente, en lo que hace al cumplimiento de su función esencial de proveer seguridad y Justicia a los ciudadanos, mientras sus energías y recursos fueron volcados en el “pan y circo” propio de un gobierno de innegable corte populista. El último informe sobre seguridad en América, emitido por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la ONU, ubicó a la Argentina como el país del continente con mayor cantidad de robos por habitante, registrando una tasa de 973,3 asaltos cada 100.000 habitantes, superando ampliamente a México que se llevó el segundo lugar del ranking con una tasa de 688 robos, y Brasil, en tercer puesto, con 572,7. En lo que hace a la cantidad de homicidios, según las estadísticas oficiales aquéllos comenzaron a crecer significativamente en el año 2007 con 2071 asesinatos; al año siguiente se registraron 2305 homicidios y, en 2009, 2543 casos. A partir de ese momento, el Gobierno dejó de difundir las estadísticas para empezar a hablar de la inseguridad como una “sensación” y despojarla, con ello, de su carácter real. No obstante, la sociedad civil hace rato que ha tomado conciencia sobre su desprotección como una realidad bien palpable. Las medidas emprendidas han variado de acuerdo al poder adquisitivo, pero todas tienen en común presentarse como alternativas de supervivencia frente a la ausencia estatal: la reclusión en countries por parte de los sectores más pudientes, la contratación de guardias de seguridad privados que custodian las calles de barrios de clase media y la conformación de “patrullas comunitarias” en barrios donde no alcanza para costear servicios de seguridad privados, ponen al descubierto un sentimiento de indefensión generalizado. Es bien conocido que la inseguridad ha sido durante los últimos años uno de los temas que más ha preocupado a los argentinos, sin que de ello resulten medidas contundentes y serias por parte de las autoridades gubernamentales. Tanto es así, que la gente no conoce siquiera la voz de la ministra de Seguridad de la Nación, y la estrategia kirchnerista ha consistido en el negacionismo que subyace al lamentable slogan “la inseguridad es una construcción de los medios de comunicación”. En este orden de cosas, los linchamientos han sido expresión de la desconfianza social en las instituciones del Estado en su capacidad de reprimir al delito. Una expresión sumamente drástica que nos retrasa como civilización cientos de años, por supuesto. Pero expresión, al fin, de un problema social cuyos determinantes parecen no interesar en un debate en el que siempre es más fácil despotricar contra los linchadores que hacerlo contra quienes deberían proveer Seguridad y Justicia a la ciudadanía para que los linchamientos no se transformen, siquiera, en una posibilidad. (*) Agustín Laje dirige el Centro de Estudios Libertad y Responsabilidad, y es co-autor del libro “Cuando el relato es una FARSA”. Twitter: @agustinlaje Facebook: https://www.facebook.com/agustinlajearrigoni

martes, 1 de abril de 2014

LA MENTIRA

El "modelo" es la mentira http://www.diariocastellanos.net/noticia/el-modelo-es-la-mentira por Héctor B. Trillo Si bien desde sus comienzos el kirchnerismo se ha caracterizado por la utilización de eufemismos para evitar contar la realidad tal cual es, esta tendencia ha arreciado en estos últimos meses. Posiblemente por la evidente necesidad de ajustar las cuentas públicas mediante la toma de diversas medidas que permitan "cerrar" los números; el oficialismo ha debido tragarse varios sapos, siguiendo el recordado eslogan del líder supremo del "movimiento" que hoy y desde hace ya muchos años, gobierna el país. No estamos ante un serio problema inflacionario, sino que se producen reacomodamientos de precios como consecuencia de la puja distributiva. No existe un cepo cambiario, ya que todo el mundo viaja al Exterior. No estamos ante un impresionante recrudecimiento de la inseguridad, sino que los "medios" magnifican los hechos provocando un enorme desasosiego en la población. No nos enfrentamos a un tarifazo, sino que estamos asistiendo a una reasignación de los subsidios estatales, o, más contundente todavía: "una reducción diferencial de subsidios". La impronta del kirchnerismo es la mentira y el sofisma. Esto hay que decirlo con todas las letras. Desde la explicación del enriquecimiento de la presidenta en Harvard hasta la increíble protección al juez Oyarbide. Desde la penosa puesta en escena del ocultamiento y la dilación en el caso Báez, hasta el más triste aún sobreseimiento del matrimonio presidencial por el mismo juez nombrado. Los más resonados casos ventilados en la Justicia, como por ejemplo los que involucran al vicepresidente Boudou, han sido claramente sometidos a todo tipo de presiones y artilugios, incluyendo en su momento la renuncia del Procurador General de la Nación. La mentira ha sido una constante en todos estos años. A fines de 2006, una patota miserable encabezada por el secretario de comercio Moreno avanzó sobre el Instituto de Estadísticas y Censos de manera ominosa, cruel y especialmente cobarde. Lo hizo con la finalidad de destruir las estadísticas y mentir sobre la tasa inflacionaria, sobre el índice de pobreza, sobre el índice de indigencia, sobre el índice de crecimiento y sobre cuanto índice pudiera reflejar mínimamente la realidad argentina. Al mismo tiempo, dejaron de suministrarse datos técnicos y estadísticos de todo tipo en diversas reparticiones oficiales. Pero todo esto fue llevado a cabo con el aval del entonces presidente de la Nación. No se conocen balances de Aerolíneas Argentinas o de Aysa. Nadie sabe qué pasó con ENARSA. Se ha vedado el acceso a las declaraciones juradas de los funcionarios. Y así podríamos seguir largamente. Todo se oculta, todo se esconde. No se explica, no se habla, no se contestan las preguntas más obvias. Y todo este entramado de ocultamientos y protecciones baja de lo más alto del Poder político. Por eso decimos tan claramente como podemos que acá de lo que se trata es de una manera de gobernar, basada en el ocultamiento y la mentira. Y también en los "aprietes" y las delaciones, pero esas no son cuestiones que nos ocupen en este caso en particular. La frutilla de la torta acaba de ocurrir con el dato del crecimiento del PBI durante el año 2013. Se había calculado oficialmente en torno del 4,9%, lo cual obligaba a pagar más de 3.600 millones de dólares a los tenedores de los llamados cupones asociados al crecimiento del PBI, ideados por Lavagna cuando el canje de deuda de 2005. De buenas a primeras se procedió a cambiar la base de cálculo, y ahora resulta que en realidad el PBI creció sólo el 3% el año pasado. Como el porcentaje está por debajo del mínimo requerido para pagar el referido cupón (que es el 3,22%), el cupón no se pagará. Es notable pero para esta nueva base de cálculo, se informó que se ha tomado como base el año 2004, en lugar de la anterior que era del año 1993. ¿Y qué pasó con ese mismo índice de crecimiento del PBI entre 2004 y 2012? No lo sabremos NUNCA. Porque desde muchos lugares venía sosteniéndose que el crecimiento a tasas chinas anunciado por el gobierno nacional era una mentira más. Que no era que el país no creciera al compás de la soja o el sector automotor, sino que lo hacía mucho menos que lo que señalaban las cifras oficiales. Cuándo no, podríamos agregar. La mentira alcanzó todos los aspectos de la vida política. Desde las justificaciones a la pésima calidad de la educación pública hasta el funcionamiento de la justicia que se intentó avasallar de manera flagrante. Nosotros nos quedamos en estos comentarios con la cuestión económica, porque esa es nuestra especialidad. Luego de la confiscación de Repsol ocurrió lo que ya todo el mundo sabe: se llegó a un "acuerdo" que dejó locos de contentos a los españoles y con los bolsillos más flacos todavía al sufrido pueblo argentino. Pero hemos escuchado en varias oportunidades a funcionarios sostener que luego de la estatización de YPF en la Argentina se acabaron los problemas de desabastecimiento de combustibles y al respecto también tenemos varias cosas para decir. Porque siguiendo el ritmo de la mentira oficial acá parece que lo que pasó es que simplemente al hacerse cargo el Estado de YPF se acabaron todos los problemas de la "especulación" de las empresas petroleras. No vamos a repetir en detalle lo ocurrido con YPF, el grupo Eskenazi y la "venta" obligada por Néstor Kirchner del 25% del paquete accionario contra utilidades futuras. Pero sí debemos decir que desde que se produjo la apropiación ilegal de las acciones del grupo español, los precios de las naftas comenzaron a subir sin prisa y sin pausa. No todo el mundo sabe que las petroleras deben abastecer al mercado mediante cupos y que si no les alcanzan los combustibles deben importarlos, pagándolos al precio internacional. Por lo que en tal caso venderlos localmente al precio oficial significaba desde hace varios años trabajar a pérdida en el excedente importado. Sí es sabido que durante mucho tiempo los precios de las naftas evolucionaron de manera bastante tenue con respecto de la inflación, de tal forma que resultaban demasiado baratos y por ende un incentivo al consumo, tal como pasó con la energía en general en todos estos años. Por un lado se trabajaba a pérdida con el combustible importado, y por el otro se consumía en demasía por ser barato localmente. Una pintura perfecta. También debe señalarse que hasta comienzos del año pasado, la exportación de petróleo argentino era reconocida hasta un tope de 45 dólares el barril, quedando el excedente en manos del Estado en concepto de "retención", utilizando un mecanismo similar al que pretendió imponerse al campo con la famosa resolución 125. Pues bien, ese valor se corrigió a 70 dólares. También se ajustó el valor por el millón de btu de gas para aproximarlo un poco al valor internacional. Es decir, se cambió el criterio seguido anteriormente que mantenía los precios baratos, incentivaba el consumo, desalentaba la exportación, hacía trabajar a pérdida a los importadores y desalentaba todo tipo de inversión en exploración. Sin embargo los adalides las explicaciones funambulescas del gobierno, afirman sueltos de cuerpo que lo que aquí ha ocurrido es que gracias a YPF nacional y popular, y al "mago" Gallucio, la funesta destrucción de la actividad en manos privadas ha sido corregida. Baste agregar, por si cupiera, que YPF representa hoy un poco más del 30% del mercado petrolero argentino. Y el resto, claro está, sigue en manos privadas que trabajan en áreas concesionadas. La mentira ha sido la constante, repetimos. Aquella surrealista filmación donde el ex ministro de economía le dice a una reportera griega que, simplemente, se quiere ir, porque le pregunta por la inflación, es de una elocuencia y de un patetismo conmovedores. Nadie como Lorenzino puso mejor en evidencia la mentira y la cobardía. Tal vez Guillermo Moreno, también. Un patotero de historieta, ahora premiado con un cargo diplomático en Roma, al mejor estilo de aquel "embajador plenipotenciario y extraordinario" otorgado a José López Rega en tiempos de Isabel Perón. El pánico escénico de Lorenzino y las explicaciones de la presidenta en Harvard sobre su condición de "abogada exitosa" son, a nuestro modo de ver, el sumun de lo que significa un modelo de mentira y perversión. Porque detenernos en detalles sobre los dichos cotidianos del jefe de gabinete, que en general son abstrusos y ridículos; o los dirirámbicos insultos de Aníbal Fernández o Carlos Kunkel no aportan nada más que una muestra del andamiaje elaborado para salir a cruzar las denuncias y hasta las evidencias. Pero, en los casos citados verdaderamente el rey quedó desnudo, y todos lo vimos por televisión. Y eso es irrefutable.

Chiste de la semana

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