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sábado, 8 de octubre de 2016

SANTOS TRAIDOR

Prensa Republicana, 7-10-16 Por Nicolás Márquez Recuerdo que en marzo del año 2011 estando yo unos días en Bogotá, fui invitado a la Universidad Javeriana a dar una charla a alumnos de derecho de quinto año, cuyo tema a tratar era la guerra antiterrorista que vivió la Argentina en los años 70´ y la posterior guerra jurídica que la guerrilla derrotada le inició a las Fuerzas Armadas victoriosas. En la clase en cuestión intenté en todo momento explicar que en Argentina los Montoneros y el ERP eran algo similar (mutatis mutandis) a las FARC y al ELN de Colombia y que las Fueras Armadas Argentinas representaban el papel equivalente al que en Colombia representan las Fuerzas Armadas que les son propias. Recordé aquella clase estos últimos días a partir de las noticias que el domingo pasado informaron acerca del histórico plebiscito en Colombia, en el cual el castrismo, las FARC y el pusilánime presidencial Juan Manuel Santos padecieron una sonora y merecida derrota electoral a expensas de la parte sana de la población, la cual no quiso entregarse gratuitamente al narco-marxismo criminal. Resulta evidente que las consecuencias de las distintas guerras antiterroristas que vivieron muchos países de la América Española el siglo pasado se repiten esquemáticamente y la Argentina, pareciera ser el caso más emblemático y exagerado de las secuelas de posguerra conforme el siguiente diseño: 1) la guerrilla mataba a diestra y siniestra. 2) El pueblo y la clase política desesperada clamó por una intervención militar drástica. 3) Al fin ésta se hizo presente. 4) Tras duras operaciones de combate se logró exterminar a la guerrilla. 5) Andando los años la insurgencia supérstite y sus compañeros de ruta regresaron disfrazados de víctimas e impregnados de un discurso martirial y derecho humanista, dando comienzo a una mendaz reescritura de la historia (con el aplauso cómplice de la progrería colateral y la chusma bienpensante) la cual obró de antesala para los teatrales juicios a militares y la consiguiente reivindicación e indemnización de los verdaderos culpables: los subversivos. Santos y el pacifismo alcahuete fueron los grandes derrotados del plebiscito Este detallado modus operandi nació en Argentina y sin cambiarse una coma se extendió a todos los países de la región con resultados más o menos similares: los militares salvaron a sus países del comunismo y luego los comunistas reconvertidos a la farsa derecho-humanista los juzgaron, se enquistaron en el poder democrático para poder robar a cuatro manos y quedarse reposando no en la selva foquista sino en los elegantes barrios de sus respectivas capitales tomando champagne del mejor. De todos estos repetitivos procesos hay uno que padece una situación bastante peculiar y es justamente el que se vive en Colombia, cuyo resultado del plebiscito acontecido el domingo pasado sorprendió a propios y extraños. Efectivamente. Visto y considerando que hoy existe una hegemónica y abrumadora propaganda internacional en favor del terrorismo marxista y su endemoniada causa cabe preguntarse: ¿por qué razón Colombia conserva una parte poblacional mayoritaria con un intacto y justísimo desprecio por los asesinos de izquierda?. Esta saludable tendencia se explica de una manera muy simple: Colombia conserva esa postura porque la guerrilla no es un triste lastre del pasado sino una peligrosa realidad del presente y por ende, la propaganda progresista pierde fuerza frente a la cruel amenaza de los mete-bombas. Luego, cuánto más cerca en el tiempo se está del peligro guerrillero más consciente se es del mal que ello implica y la acción psicológica queda trunca ante la perversidad guevarista. O sea que mientras exista el terrorismo de manera latente existirá una reacción masiva en su contra. Dicho de otro modo: mientras existan las FARC existirá una población colombiana mayoritaria que la rechace. A contrario sensu, cuánto más lejos en el tiempo estemos de los hechos ocurridos, la memoria se disipa, la historia es reescrita con arreglo a cánones distorsivos y el grueso de la población acaba creyendo o aceptando dócilmente el siguiente axioma simplón: los militares fueron “genocidas” y los terroristas “chicos altruistas”. Volvamos a mi clase ad hoc en Bogotá. Al finalizar toda la explicación histórica y al tratar de estar parangonando lo acontecido en Argentina respecto de Colombia (analogía efectuada a los efectos de agilizar pedagógicamente el asunto) un alumno insumiso, visiblemente enfurecido y con aires de liderazgo levantó la mano y me increpó de este modo: “No le permito que haga esa comparación! Mi país respeta los derechos humanos! Mi país no tiene militares genocidas! Mi país cumple con la ley!” y remató con la siguiente sentencia “mi país sí combate bien al terrorismo”. Fue entonces cuando la clase quedó enmudecida en el medio de una tensa atmósfera cuando le pregunté al catequizado cabecilla lo siguiente: “NM- ¿en qué año nacieron las FARC en Colombia? R- En 1964 NM: ¿y hoy en el 2011 siguen actuando en la selva y en la ciudad? R: Sí. NM: O sea que si tras 45 años después de su creación aun no pudieron acabar con ella, lo confirmadamente cierto es que ustedes no la combaten bien sino que la combaten muy mal. Si en Argentina exterminamos el problema en poco más de dos años (de 1975 a 1977) lo que ustedes no pudieron resolver en 45, quiere decir que algo tienen que aprender de nosotros”. Con esta respuesta se dio fin a la intervención del pendenciero cuestionador. Eso sí: lo que también le aclaré al curso antes de terminar la clase es que no deben aprender de la Argentina el modo torpe de sobrellevar la posguerra, puesto que hoy las cárceles están abarrotadas de militares octogenarios y los elegantes pisos de Puerto Madero de guerrilleros millonarios. Por lo tanto, mucho celebro hoy que el traidor Santos y su indecorosa corte de pacifistas y alcahuetes que le daban apoyo político (entre los que se encontraba Mauricio Macri) no se hayan salido con tan endemoniado propósito: Colombia merecía y la región necesitaba un gesto popular como el sucedido para ponerle coto a tan agobiante y empalagosa dosis de corrección política.

TENEMOS REMEDIO ??

TENEMOS REMEDIO? Calendar octubre 8, 2016 | Posted by Malú Kikuchi Malú Kikuchi (8/10/2010) Los argentinos decimos que no. Que no tenemos remedio. Que los argentinos son un desastre, los otros argentinos, no nosotros. Que ningún gobierno sirve. Que son todos iguales, malos y mentirosos; que los que saben gobernar son corruptos y dictatoriales y los demás no se animan a hacer lo que deben. ¿Es cierto? Pareciera ser que sí. Los gobiernos peronistas ejercen el poder con naturalidad, como si hubieran nacido para hacerlo. No les importan las consecuencias de sus actos, están seguros de tener razón, aunque no la tengan. Los pocos gobiernos no peronistas, son otra historia. Hablamos de gobiernos electos. El poder los abruma y no se atreven a casi nada. Y así llegamos al actual gobierno que no es PJ, pero tampoco es un gobierno “opositor” de manual. Es distinto. Se esperaba, a partir del nombre auspicioso, “Cambiemos”, que el país iba a cambiar en serio. Pero este gobierno que no tiene miedo a equivocarse, de hecho lo hace con frecuencia, lo reconoce y lo rectifica (¡qué bien!), que es capaz de gobernar, de tomar medidas como levantar el cepo, negociar con los hold outs y con el congreso en el que carece de mayorías y salir airoso. Pero… Es difícil saber si es un gobierno de derecha o de centro derecha, lo que no es ni bueno, ni malo, lo malo es avergonzarse de serlo. Entonces para no parecerlo, es más keynesiano que los K, aumenta los subsidios, ende el ya desmesurado gasto público y se deja correr por izquierda. Roma ayuda. Los gremios que quieren colaborar, es evidente, a pesar de eso presionan, una manera elegante para no decir que extorsionan. Exigen un bono universal para fin de año, de no ser así: paro. El fantasma de los 13 paros hechos a Alfonsín, están todavía frescos en la memoria argentina. Le presentan un ultimátum al gobierno: a mediados de la semana que viene se define lo del bono o van al paro. Dijo *Luis Barrionuevo: “El gobierno nos devolvió la plata de las obras sociales que nos debía Cristina, con un poco de picardía peronista, lo hubieran hecho en cuotas, para negociar”. Pero no son peronistas, ni tienen picardía. Son distintos. El tiempo dirá si mejores o peores. Por el momento, a los tropezones, con 10 meses de gobierno a cuestas, con el periodismo batiendo el parche del “Tarifazo”, que recién ahora empieza a enderezarse, y la inflación a bajar, el balance es… Tenemos libertad de expresión, no tenemos interminables condenas nacionales y ninguno de los miembros del gobierno, empezando por el presidente, es inventor del yo-yo como lo fuera Cristina. Contestan preguntas, hablan con la gente. Se abrieron al mundo, que los recibe mejor de lo que lo hacemos nosotros. Tuvieron la desgracia que el desastre no se hiciera visible en tiempos K y les explotara a ellos, algo que no todo el mundo entiende. Las inversiones van a tardar, no por culpa del gobierno. Argentina es un adicto con escasas y cortas remisiones y con facilidad vuelve a su gran pasión: el populismo. No es fácil. Pero los argentinos queremos soluciones “express”, mágicas, para ayer. De eso no hay. Y AA en vuelos de cabotaje es más cara que los vuelos al exterior. ¿Se le puede hablar a los argentinos de renunciar a su línea de bandera aunque pierda la plata que los pobres le pagan a los ricos? ¿Se animará el gobierno? No se animan a achicar el gasto público, lo aumentaron. Tienen miedo de la izquierda, del Papa, de los periodistas que califican a los gobernantes de conservadores, de derecha sin corazón y otras frases hechas que le suenan bien al pueblo. Al que no defienden, solo la producción competitiva defiende a los pobres de la pobreza. Y con nuestros costos sociales, de eso, ni hablar. ¿Cómo van a cambiar, si no se animan? ¿Estarán a tiempo todavía? O sin remedio, es cierto que los argentinos no tenemos remedio y estamos condenados a repetir errores, aún cambiando de gobernantes, como ya lo predijo *Mariano Moreno hace más de 200 años. Y eso que Cambiemos es glorioso comparándolo con los K. Entonces, el problema no es el gobierno, el problema somos nosotros. *(6/1/2016 “Código Político”, TN) *”Y será tal vez nuestra suerte, mudar de tiranos, sin destruir la tiranía”.

CALDERA DEL DIABLO

Ideas para la Caldera del Diablo de cada día "Lo siniestro es la irrupción del horror en lo cotidiano". Sigmund Freud La sociedad parece haber dejado atrás la preocupación por los problemas de la economía para privilegiar la inseguridad, esa que todos los días cubre de sangre las páginas de los diarios y las pantallas de los televisores, ligada estrechamente al incremento geométrico del narcotráfico durante la larga noche kirchnerista. Como sucede en muchos otros campos de la información, llama más la atención lo que sucede en nuestro inmediato ámbito geográfico -el Conurbano, Rosario, etc.-, algo comprensible si la propia Gobernadora bonaerense ha debido mudar su domicilio a una base militar, que en el interior del país, donde también la inseguridad y la droga están presentes y producen graves daños en el tejido social. Por eso resulta necesario establecer dos escenarios, diferenciados por el tamaño de la concentración humana. Porque una cosa es combatir esa plaga en las grandes ciudades y otra, muy diferente, es hacerlo en las pequeñas poblaciones en las que, como es sabido, todo el mundo se conoce y donde el delito adquiere otras formas adicionales, como el abigeato. Voy a comenzar por éstas y, para ello, me he puesto a pensar en algunas recetas que han sido probadas, con éxito, en otras latitudes. La ciudadanía, unánimemente, vincula la inseguridad a la corrupción policial y su necesaria complicidad con el delito, y a la ineficiencia y el "garantismo" judicial, que privilegia el amparo al delincuente sobre su víctima. Entonces, ¿por qué no mirar alrededor e imitar fórmulas eficaces para solucionar gradualmente el problema? Los gobernadores deben enviar a sus respectivas legislaturas sendos proyectos de ley para reformar todo el sistema judicial y policial en el interior de sus provincias y, una vez probado el éxito de las iniciativas, progresivamente acercarlas a las ciudades de mayores dimensiones. Básicamente, se trata de copiar el sistema que tantos beneficios han traído a los Estados Unidos con los "sheriffs", es decir, poner a cargo de las comisarías de pueblos y ciudades pequeñas a civiles, domiciliados en el mismo sitio y elegidos por el voto popular cada cuatro años. Las ventajas que adoptar esta idea traerían aparejadas son obvias, porque el control sobre la eficiencia de la actividad y la licitud del patrimonio del funcionario serían controladas por sus propios vecinos. Lo mismo habría que hacer con los fiscales y los jueces de pequeñas causas, también electos por iguales períodos entre sus mismos conciudadanos, ya que sumaría al beneficio de la transparencia, la rápida descongestión de los juzgados de mayor cuantía, que hoy se ven impedidos de ejercer eficazmente su actividad por la falta de medios adecuados, espacio físico y personal. El otro aspecto, como dije, es la seguridad y la lucha contra el delito en las grandes concentraciones humanas de todo el país. Para entender mi propuesta, que seguramente encontrará resistencias principistas, es necesario reconocer que estamos, literalmente, en guerra; hemos sido llevados a ella por la lucha entre los diferentes carteles para hacerse de territorios de producción y consumo y rutas para importar y exportar drogas, sean de origen natural o sintético. Y es una guerra en la cual llevamos las de perder, porque esas organizaciones disponen de cantidades tan siderales de dinero que les resulta extremadamente fácil comprar voluntades en la política, en la Justicia y en la policía, amén de permitirles acceder al armamento y a los medios de transporte más sofisticados, obviamente muy superiores a los que disponen quienes se le oponen. El Gobierno se encuentra ante una disyuntiva, la misma que acosó a sus homólogos de otras latitudes: dónde utilizar a las fuerzas de seguridad federales, ¿cumpliendo sus funciones específicas en las fronteras o masivamente enfrentando al delito en el territorio? Creo que la opción ha dejado de existir, ya que la corrupción e ineficacia de las policías locales se ha vuelto innegable y la sociedad así lo percibe; para evitar el riesgo de contaminación, resultará necesario rotar al personal, impidiendo su contacto permanente con los narcotraficantes locales. Claro que eso significa desguarnecer los lugares por donde la droga y el terrorismo -no lo olvidemos, ya que sigue plenamente vigente- ingresan al país. Como se ve hoy en numerosísimas países, es necesario desplegar en las fronteras terrestres, aéreas, fluviales y marítimas a las fuerzas armadas, con todo su potencial y con los equipos tecnológicos necesarios para encarar ese desparejo combate. Por supuesto, antes habría que dotarlas de las leyes indispensables, tanto para permitirles actuar con eficacia cuanto para garantizarles que no serán luego perseguidos por cumplir sus obligaciones, como sucedió con aquéllos a quienes la democracia convocó a defenderla y luego fueron encarcelados por hacerlo, juzgados y condenados por los mismos terroristas a quienes habían vencido militarmente. Ya que construir prisiones de alta seguridad, adecuadas para alojar a narcotraficantes, violadores, corruptos y asesinos, resulta hoy una utopía presupuestaria, el Gobierno debe convocar a una licitación nacional e internacional para que empresas privadas se hagan cargo de hacerlo y de administrar la "hotelería", reservando a las fuerzas penitenciarias -también rotándolas con frecuencia- exclusivamente la seguridad. Naturalmente, habría que ubicar estas cárceles en zonas alejadas y de difícil acceso -por ejemplo, la Patagonia central- e impedir, seriamente, la utilización de medios de comunicación por parte de los internos, para evitar que éstos continúen gerenciando desde ellas sus negocios ilícitos. Seré criticado porque impediría la cercanía entre los detenidos y sus familias, pero creo que no debemos privilegiar ese presunto derecho a la tranquilidad de la sociedad entera, perdida por el accionar de los delincuentes. Insisto en que el Consejo de la Magistratura debe ponerse las botas, "desratizar" la Justicia (Fiscal Germán Moldes dixit) y controlar de cerca a los jueces, para evitar que continúen ejerciendo su ministerio quienes lo han utilizado para sostener cualquier proyecto político y garantizar la impunidad de los corruptos o quienes se encuentren sospechados de connivencia con el delito; una vez desplazada la penosa Procuradora General, Alejandra ¡Giles! Carbó, idéntico procedimiento deberá aplicarse a los fiscales. Aplaudo el proyecto de reforma que envió el Ejecutivo al Congreso, que impedirá el funcionamiento de la puerta giratoria que tanto ha beneficiado a los delincuentes, en especial durante la era Zaffaroni. Pero coincido con las críticas que se le formulan, ya que su aplicación no podrá ser inmediata, precisamente por aquellas dificultades que señalara la Dra. Servini y muchos de los fiscales. Para terminar, todos, todos debemos exigir a nuestros representantes que se sienten a la mesa de discusión de una buena vez, y establezcan políticas de estado respecto al tema de la inseguridad porque, como hemos visto en Colombia y México, si no lo hacemos la guerra será prolongada y, sobre todo, enormemente costosa en vidas humanas. Bs.As., 8 Oct 16 Enrique Guillermo Avogadro Abogado Tel. (+5411) ò (011) 4807 4401/02 Cel. en Argentina (+54911) o (15) 4473 4003 Cel. en Brasil (+5521) 8128 7896 E.mail: ega1@avogadro.com.ar E.mail: ega1avogadro@gmail.com Site: www.avogadro.com.ar Blog: http://egavogadro.blogspot.com Skype: ega1avogadro Facebook: enrique guillermo avogadro

jueves, 6 de octubre de 2016

EL DILEMA...

The Doctor’s dilemma Escrito por Omar López Mato Médico y escritor "El dilema del doctor" es una obra de teatro escrita por Bernard Shaw en 1906, en ella se plantean las dificultades en las elecciones de los médicos. En este caso, se trata de un notable profesional, que debe elegir a quien salvar con un novedoso tratamiento que acababa de descubrir. Las posibilidades eran limitadas, y el doctor llamado Redpenny, debe elegir entre una persona noble y generosa, pero de intelecto limitado, y un joven brillante e inteligente pero vanidoso y antipático. Más allá de que Shaw esboza en este texto algunas ideas eugenistas que con el tiempo conducirían a los excesos raciales del nazismo, la obra apunta a un hecho incontrastable: la vida es elección y más cuando la toma de elecciones está basada en elementos profesionales y éticos sobre las que no siempre existen consensos, aunque muchos creen que los estudios académicos otorgan certeza... Efectivamente, le dan "aires" de certeza pero no dejan de ser controvertidos. El que suscribe, para aquellos que no frecuentan esta columna, es médico oftalmólogo y cirujano con casi 40 años de ejercicio, que no tenía un interés muy particular en la política, más allá de algunos estudios históricos, hasta que en el año 2004 se hizo evidente que la "película" del kirchnerismo "ya la había visto", y que sabía cómo terminaba. Invitado por Humberto Bonanata empecé a escribir estos artículos pensando que la crisis del campo marcaría el final del kirchnerismo, pero éste subsistió gracias a la bonanza de la soja y las atroces mentiras que le permitieron proseguir con el distribucionismo prebendario. Esta gente creía que gobernar era mentir cómo en un partido de truco. Tampoco creía, a mediados de 2015, que el macrismo podía ganar las elecciones y evidentemente la soberbia cristinista tampoco daba crédito a esta posibilidad. Como una arquitecta egipcia se creía inmortal y la vanidad la mató. Ahora la única esperanza que los obstina es el fracaso de este gobierno, al que han sembrado (y siembran) de problemas suficientes para dificultar su accionar. Volviendo al tema planteado por Shaw y en los términos técnicos de mi profesión, a Macri le tiraron un muerto sobre la mesa de operaciones al que debe resucitar, aunque el anestesista no crea que se pueda. El resto del equipo no es muy colaborativo: el ayudante de quirófano es un residente novato, la instrumentadora no entienda la gravedad del caso, la enfermera de quirófano está de huelga y al camillero nadie lo pueda ubicar. También faltan suturas, medicamentos y las gasas no están estériles... ¿Algo más? Sí. La familia del paciente es poco colaborativa, tiene expectativas poco realistas del caso y encima se le nota que es querellante. Durante la cirugía, iluminada por una cialítica algo desvencijada y sucia, se descubre que el bazo está destrozado, el intestino perforado y un riñón está lacerado. El paciente ha sangrado profusamente y no hay suficiente sangre en hemoterapia para compensar el shock hipovolémico. Pero hay que operar y los colegas no comprometidos en el caso, critican los detalles técnicos del procedimiento del cirujano que va actuando a su mejor saber y entender. Habrá quien diga que las medidas económicas asumidas por este gobierno lo conviertan en "un kirchnerismo con buenos modales..." bueno, ya es algo, el ambiente de negocios mejora con los buenos modales. Al cirujano en cuestión le quedan tres posibilidades. a) Dar al paciente por muerto y atenerse a las consecuencias (mandar todo al diablo). b) Cederle la conducción al otro cirujano que, en este caso, llevó al paciente al estado tan delicado que todos conocemos (léase entregar el gobierno al peronismo). c) Seguir adelante con su plan, parando cada tanto a escuchar las opiniones de los colegas, que no siempre pueden ser acertadas ni bien intencionadas (que es lo que está haciendo). El déficit fiscal se podía arreglar en una semana: se despedía a uno o dos millones de ñoquis y asunto arreglado. ¿¡A qué precio!? Se trató de arreglar el costo energético de forma gradual, y "solo" se pidió un aumento del 400%, y ¿qué pasó? Evidentemente la tolerancia no se encuentra entre las virtudes argentinas, cuando no va asociada a prepotencia gubernamental. Se tiende a confundir tolerancia con debilidad. En este contexto solo cabe el gradualismo o como dice José Luís Espert (con tono crítico), "un kirchnerismo atenuado". No resulta una frase muy feliz aunque sea en parte ilustrativa del nuevo curso de los acontecimientos. Señores, el paciente está grave, estamos en la operación, y el cirujano no se va a ir aunque la familia amenace y la enfermera siga tomando mate y de brazos cruzados, y al camillero no haya forma de localizarlo. Las medidas correctivas a veces no pueden ser drásticas. No podemos pasar de un régimen permisivo y fantasioso a una cruda realidad porque mal que mal, en este juego democrático hay un proceso de seducción. Y para hacer los cambios que deben hacerse se debe perdurar El médico debe cautivar al paciente sin ofrecerle un jardín de rosas (aunque el final pueda solo ser una corona sobre su ataúd). El argentino medio ha vivido por mucho tiempo un realismo mágico, y de a poco hay que sacarlo de Disneylandia. No se pueden subir los impuestos. Esta semana el INDEC reveló que la canasta básica ronda los $ 12.500, y con $ 25.000 ya hay que pagar ganancias. Eso debe cambiar. De los últimos 150 años el Estado Nacional tuvo déficit fiscal ¡138 veces! Es decir, vivimos endeudados, somos como alcohólico con dependencia al vino. Nos encanta pedir plata prestada. Devolverla es otra cosa... En los últimos cincuenta años el déficit fiscal promedio fue del 3.4% (fuente Fausto Spotorno). Es una locura. Ahora ¿cómo se sale de esto? Por ahora, pidiendo prestado. Los K emitían, mentían los índices y hacían endeudamiento interno y otros chanchullos. Así no se puede seguir. Ahora hay que pedir plata afuera. Vamos a tener que endeudarnos. No queda otra. No tenemos la máquina de hacer billetes como el Tío Sam (que esperemos no sea el Tío Trump). Actualmente por cada 3 pesos de deuda pública, solo 1 va a inversión en infraestructura, el resto ¡es para pagar sueldos! Si se sigue en este camino, sabemos cómo se termina. ¿Cuál es la solución? Mientras que el mundo exporta casi el 30% de lo que produce, las exportaciones argentinas son solo de 15% del PBI. Esto no se resuelve como dice Massa, cortando las importaciones. El comercio mundial es de toma y daca. Eso sí, necesitamos una aduana que no sea la cueva de Ali Baba y los 40 ladrones. La productividad argentina quedó estancada en los '90 mientras que Chile triplicó su PBI. ¿Por qué? ¡Hay tantas respuestas para esto! Pero si debo elegir una, no lo dudo, es la inseguridad jurídica. Nadie puede prometer al que venga a invertir que esta política será la que impere en 5 o 10 años, y no tengamos otro "neocomunismo" fallido como el cristinismo, o alguna de las laxas variables peronistas. Al que venga a invertir no le podemos garantizar que podrá retirar ganancias, o que un juicio laboral no salga sistemáticamente a favor del asalariado. La inseguridad jurídica te mueve la mesa de operaciones constantemente y te hace muy difícil mantener el pulso. ¿Tenemos que ir hacia una concertación? Siempre es mejor concertar que sufrir una oposición rubicunda como la tuvo Alfonsín, pero los temas que se deben discutir no son los paliativos, sino los mecanismos de fondo para disminuir la pobreza. Enseñemos a pescar y no a repartir el pescado que pescó otro... Aseguremos que se pueda pescar eliminando las fuerzas corruptas que distorsionan las leyes. Aseguremos que el mérito y el esfuerzo dan fruto y no solo ganan los caballos del comisario. Si la Iglesia quiere mediar, que haga hincapié en estos valores y no en la teoría del "pobrecito", o repartiendo rosarios entre corruptos y estafadores que disfrazados de distribucionistas se llevaron la torta a su casa. Dicen (y no sé si es un mito, pero me sirve de remate) que para el estreno de Doctor's dilemma Shaw le envió una esquela participando a Winston Churchill. En ella él enviaba dos entradas para invitar a un amigo "en el supuesto caso de tener un amigo", a lo que Churchill le escribió a Shaw agradeciendo la invitación y excusándose que no podía asistir a la primera función pero con gusto asistiría a la segunda, "en caso de haber otra función". Esperemos no quedarnos sin amigos ni funciones.

PRESIÓN SINDICAL

La presión sindical Escrito por Elena Valero Narváez Periodista, historiadora y analista política El gobierno del presidente Macri debe enfrentarse a la presión sindical que, más allá de cumplir con su misión de defender las condiciones laborales de los trabajadores, intenta -desde que Perón logró el apoyo de los sectores obreros, con una nueva concepción política, donde el Estado se convirtió en el defensor de los intereses populares- tomar el lugar de los partidos políticos. Es cierto, que durante el gobierno peronista (1945-1955) los dirigentes sindicales y la masa obrera se incorporaron a la vida política en el marco de las instituciones democráticas, pero, al mismo tiempo, Juan Domingo Perón inicia la política del Estado Benefactor como sucedía en otras partes del mundo. Así lo ejemplifica la política del New Deal, la cual significó, también, la institucionalización de los sindicatos. El presidente Perón no se contentó con organizar al sindicalismo para que dejara de ser un masa inorgánica y peligrosa para el Estado, sino que en el marco de un política de estatizar empresas y regular el proceso económico -a través de leyes de control del uso de la propiedad, política bancaria y de precios, entre otras- exigió un estrecho compromiso político por el cual los dirigentes sindicales perdieron autonomía y debieron mantener a los trabajadores dentro de los límites exigidos por el gobierno. Los gremios debieron colaborar estrechamente con el. El sindicalismo argentino se organizó bajo la influencia de la "Ley Rocco" de la Italia mussoliniana, donde no se invalida la creación de otros sindicatos pero, el reconocido por el Estado, es el único que puede establecer contratos colectivos con la Empresa. Sin embargo, el derrocamiento de Perón, en 1955, hizo posible una independencia, cada vez más amplia, en las direcciones sindicales de los gobiernos, permitiéndoles capitalizar, frente a ellos, su capacidad de movilización obrera. Ello hizo conscientes a los próximos gobernantes que no es posible una política que rehúse entenderse con los sindicalistas. La importancia del sindicalismo se expresa por su peso político en el contexto del conflicto social. Tiene un fuerza política determinante en las democracias, no así en las dictaduras (incluidas las electivas), donde pierden fuerza e institucionalidad como lo demostró en Argentina, el gobierno de Perón y en mayor medida los totalitarismos del siglo XX. Estos fueron enemigos del capitalismo, en su afán de pretender absorber "todo" dentro del Estado sin dejar nada fuera de él. Macri reabrió un proceso democrático en cuanto a la política general, por ello tendrá que sufrir las demandas siempre crecientes de los sectores sindicales. Estos, por razones históricas, se vigorizaron más que el sistema de partidos, pretendiendo usurpar su lugar: golpean directamente al poder para exigir sus demandas debilitando las instituciones democráticas. Si la política del anterior gobierno fue autoritaria y trató de destruir a los partidos, la actual pretende su consolidación, mejorando la Justicia, institucionalizando la opinión pública, como así también intentando liquidar al sistema corporativo. Es de esperar, entonces, que el Gobierno logre que el sindicalismo no viole el ejercicio democrático, con huelgas, manifestaciones, u ocupaciones de los lugares de trabajo. Debiera afianzar a los partidos democráticos para que cumplan su misión de articular intereses, impidiendo las inducciones corporativas de los sindicatos o asociaciones empresarias, entre otras, en sus intentos por imponer decisiones autoritarias para dirimir los conflictos que supone la difícil realidad actual. Por su parte, los lideres sindicales debieran ayudar, en lo posible, a salir de difícil situación que viven los trabajadores, apoyando, el sistema democrático que impone un ambiente pacífico para resolver los problemas, sin olvidar que con un estado omnímodo, una sociedad civil estrangulada y la desaparición del sistema de partidos y de la propiedad privada no hay asociación voluntaria posible. A más autoritarismo, más almas serviles, por lo tanto, como lo muestra la historia, no hay sindicalismo independiente porque el gobierno asume, en ese caso, el poder político absorbiendo en sí la representatividad de todos los grupos sociales.

SIN LEY

La inseguridad no viene sola por Daniel Muchnik Escritor y periodista. Cuando gran parte de la sociedad habla de inseguridad se refiere a algo más que un simple término, a cierta instancia o a determinada calificación. Inseguridad es la violencia desenfrenada, caprichosa, extendida sin límites, plagada de locura, plena de actos irracionales, sádica, irrefrenable, donde cada uno se salva como puede pero que al mismo tiempo muestra la inexistencia de un Estado Protector. Esa inseguridad cunde en un territorio sin control, sin previsión, donde todos los muros de contención se han derrumbado. Desde hace unos años que se puede seguir en los diarios y en los noticieros radiales y televisivos situaciones de muerte fácil por robar haberes de jubilados, por quedarse con el auto de sus propietarios, por caprichos, por venganzas, por odios entre vecinos. No sólo se desplazan bandas violentas, los atracadores pueden actuar individualmente o acompañados, a pié, en moto, en automóviles. Se suman secuestros, asaltos express, varios tipos de abusos y denigraciones. Incluso a pocas cuadras o metros de una comisaría. La inseguridad de estos días es la más grande de los últimos tiempos, la determinante de un miedo colectivo que es peligroso. Se ve cuando los vecinos apresan a un ladrón. Allí utilizan la justicia por cuenta propia. Los ahorcan, les pegan hasta triturar sus cuerpos. En todos estos casos la causa de los agresores no es el hambre, la necesidad indispensable de sobrevivir. Aquí no hay Condes de Montecristo. Nadie roba pan o alimentos. Es dinero lo que buscan, bienes de alto valor, canje de dinero por vidas negociadas. Lo peor es que no hay lugar seguro. Hubo asaltos y homicidios en country o en barrios cerrados que se precian de tener custodias costosas a toda hora del día. ¿Se puede tener tanta impunidad y actuar con tanta saña? Se puede, porque hay complicidades. En todos lados hay zonas liberadas. Es decir: las fuerzas de seguridad, en combinación con los asaltantes, permiten que se desplacen con comodidad. Desde los Tribunales se investiga poco. La enfermedad está en el cuerpo de un Estado devorado por la corrupción a mansalva, que no logra prevenir la violencia extrema y en cuyos vericuetos hay funcionarios que facilitan el tránsito de drogas de todo tipo y color, de esas que le dan vuelta la cabeza, los sentidos y los límites a cualquier ser humano. La reacción es la respuesta de la víctima por cuenta propia. El médico que cubre a balazos al agresor, el carnicero que corre al ladrón y lo atropella. Son terribles e inadmisibles las reacciones posteriores. Las redes sociales reflejan o la identificación con los ladrones o el aplauso al que mató por ser violentado. ¿En dónde estamos viviendo? El derrumbe no es sólo culpa de este gobierno. Viene de décadas de arrastre. En los 13 años del Kirchnerismo y cristinismo aumentó el crecimiento del malevaje, de la bendición a los barrabravas, de la incapacidad de los funcionarios por poner barreras a la delincuencia. Es muy cierto que esta realidad no se revierte ni en meses ni en años. Nos recuerda a las películas del Far West donde según Hollywood valía la ley del más fuerte en una tierra de nadie. Históricamente hablando, en cambio, cuando Estados Unidos se decidió a partir de los comienzos del siglo XIX a conquistar el Oeste, a unir en ese país-continente- los dos océanos no actuó de un día para otro. Primero impuso la carrera por regalar las tierras al primero que llegara y favoreció a los colonos, que debieron luchar contra los indios, que eran los dueños de las regiones. Con apoyo del Ejército. Después aparecieron las instituciones, es decir el Estado en todas sus manifestaciones e instancias. Pero tras ello impuso el ferrocarril y con el ferrocarril llegaron los bancos, los negocios, las empresas de distinto monto y carácter y las fuerzas de seguridad. El pasado enseña que sin instituciones sólidas, sin ley, sin justicia, sin fuerzas de seguridad en estos tiempos de grandes carencias, la locura de violencia y la muerte gana adeptos.

REBELIÓN DE LOS MANSOS

Cambiemos: Una propuesta concreta para Macri Escrito por Rogelio López Guillemain Cifras record de pobreza, de deserción escolar, de inseguridad, de presión impositiva, de corrupción y de dependencia del estado; cifras típicas de los países más atrasados del planeta, pero presentes en un país rico y con todas las posibilidades. Esta es la realidad de nuestra Argentina. La batalla moral contra los delincuentes (los de la calle, los de guantes blancos y los del estado) parece mostrar algún gesto de activación, solo un guiño minúsculo que el tiempo nos dirá si es real o si solo se trata de otra mentira como en el truco. La batalla política, aquella que promueva un cambio ideológico más cercano a la posición política que presentan TODOS LOS PAÍSES DESARROLLADOS DEL MUNDO; es imposible de llevar adelante si no se vence antes en la batalla cultural. En nuestra patria, la cultura del trabajo, del esfuerzo y del mérito, han sido desterradas por la cultura del subsidio, del facilismo y por la justificación de la necesidad. Dicen que "a los locos hay que correrlos para el lado que disparan" y si bien muchos en Argentina padecen de viveza criolla y no de locura, creo que este dicho encierra en sí una propuesta. ¿Qué pasaría si, en lugar de regalar miles de millones de pesos en 80.000 nuevos ñoquis, en subsidios y en planes descansar; el gobierno aprovechase los millones de hectáreas de tierras fiscales ociosas que hay en el interior y las pusiera a producir? ¿Qué pasaría si el gobierno organizase estas tierras en unidades productivas suficientes, dotándolas de agua, formando, asesorando al que acepte el reto y brindándole todo lo necesario a quien quiera ser productivo en lugar de un zángano? Quizás podría tener un formato similar al de las enfiteusis de la época de Rivadavia (el miedo sería que los políticos hiciesen lo que mejor saben hacer, robar), cubriendo los gastos del estado con parte del producto y los beneficios extras reservados para los trabajadores. Quizás incluso, luego de varios años, tal vez en un par de décadas, los neo-granjeros pudiesen comprar estos terrenos (sin que los políticos hagan lo mismo que hizo Rosas con la enfiteusis de Rivadavia). Quizás funcionase. Un beneficio extra sería que, quienes verdaderamente quieren salir adelante y se encuentran rodeados de un contexto desfavorable y presionados por su entorno social, pudiesen encontrar una salida; y de este modo podríamos ver quien quiere trabajar y quien no, podríamos "separar la paja del trigo". Esta propuesta dista enormemente de mi ideario de país. Pero en las condiciones actuales, no veo ni siquiera en el horizonte lejano, la más mínima posibilidad de llevar adelante un proyecto político respetuoso de las libertades y de los emprendimientos individuales. La burocracia reinante se ha acostumbrado a vivir a costa de quienes producen; los esclavos sin cadenas, que entregan su dignidad por el chori y la coca, no parecen dispuestos a dejar su zona de confort y lo peor es que los ciudadanos que trabajan con honestidad y dedicación por un mejor futuro y por un país más justo, parecen rendidos y resignados. Como dijo Martin Luther King "La sumisión y tolerancia no es el camino moral, pero sí con frecuencia el más cómodo". Y parafraseando nuevamente a este gigante advierto que "lo preocupante no es la perversidad de los malvados sino la indiferencia de los buenos". No nos demos por vencidos, no le entreguemos un cheque en blanco a los políticos, participemos en forma activa en el destino de nuestra sociedad y de nuestro país, sumémonos a "La Rebelión de los Mansos".

Chiste de la semana

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