La gente INTELIGENTE habla de IDEAS, La gente MEDIOCRE habla de COSAS, La gente IGNORANTE habla de la GENTE

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sábado, 15 de octubre de 2016

EL DISCURSO

Por Francisco Indra l "El cuestionador Mantovani, en “El ciudadano ilustre”, no la emprende contra los oligopòlios editoriales, ni contra los medios de comunicación, ni contra los marchands del arte, ni contra las ONG´s y las Fundaciones acomodaticias; le basta con condenar a los políticos como los causantes exclusivos del malestar en la cultura". Si un objetivo queda claro, después de ver la película de la dupla Cohn-Duprat, es que sus realizadores no escatimaron esfuerzos en su intención de irradiar un discurso ajustado a los tiempos del poder. Sólo muy ingenuamente podría admitirse otra mirada, aun considerando los aciertos formales estrictamente cinematográficos del filme en su clara dirección de elaborar un producto popular que, apelando a una complicidad mecánica con el espectador, con el lugar común y un facilismo pletórico de guiños, posibilite esa lectura. El argumento básico (escritor nacido en un pueblo que, luego de más de 40 años en Europa recibe el premio Nobel, y acepta el homenaje que le propone su lugar de origen, sitio del cual se nutre argumentalmente toda su obra), anticipa desde el sobreentendido gran parte de las secuencias que se van a suceder. Lo que no anticipa es la utilización consecuente del discurso del protagonista, quien tomando la voz del ficticio Daniel Mantovani, va a derramar su bajada de línea sobre el paradigmático pueblo de Salas, sobre los espectadores del filme y, por extensión, sobre el aparato cultural argentino y su historia política. La primera duda que asalta al espectador surge en el inicio mismo del filme. Si vamos a aceptar la convención de que un escritor argentino, refugiado en Europa, gana un Nobel escribiendo historias pueblerinas, estamos ante el primer forzamiento de verosimilitud. Cuando un autor de la talla de Manuel Puig, inició sus pasos en la literatura con dos enormes novelas que aludían a su Gral. Villegas, fue proclamado poco menos que persona non grata en su ciudad. Incluso cuando Torre Nilsson filma Boquitas pintadas, no se permitió proyectar el filme en Villegas, por lo cual se generó una silenciosa caravana de villeguenses acudiendo a verlo a una localidad vecina. Pero Puig recién iniciaba la obra que el tiempo y el reconocimiento internacional, sus traducciones a decenas de lenguas, y fundamentalmente su acceso a Hollywood a través de El beso de la mujer araña, le procurarían el indulto de Villegas y el posterior homenaje permanente y revindicatorio. Nada de eso lo aproximó siquiera al Nóbel como al afortunado Daniel Mantovani, que en cuarenta años de ausencia, con tesonera lealtad, no alteró ni su acento argentino. ¿Era necesario en El ciudadano ilustre, forzar la historia de un imposible Nobel, si con un premio importante de Bs. As. hubiera bastado y sobrado para producir lo mismo? Este exceso, cuasi paródico anuncia otros desmadres que no serán accidentales. Desde lo fílmico, la secuencia de la Academia Sueca es de una visión imponente, suntuosa y creíble, que sorprende de golpe -y tropieza- con el discurso casi irreverente del homenajeado ¿Qué tiene que ver esa proclama anti establishment sobre la canonización, la cristalización y la lápida que se cierne a partir del mismo sobre el autor; con el desplante público, respecto de lo que se sugiere que escribe ese tipo? Si realmente se trata de un autor enfrentado, o al menos crítico del sistema, cosa que uno ignora como espectador, con no aceptar el premio hubiera sido suficiente. En ningún momento se advierte que Mantovani haya superado ética o estéticamente el desafío de encarar historias pueblerinas, aludiendo a personas/personajes que todo Salas reconoce. Con tan poquito le alcanza para su consagración; debería haber asesorado a Borges. Esta secuencia- “capítulo” del Nobel sólo se va a justificar una vez terminada la película, con la necesidad de establecer una convención de lectura "internacional" para el argumento, sin por ello ganar en credibilidad. Pero admitamos la convención del planteo, por más tirada de los pelos que resulte ¿Justifica acaso esto que el escritor perore y dictamine todo el tiempo, en cada oportunidad que pinte propicia? Esa actitud forma parte de cierta "idea de escritor" confeccionada sobre una parodia, no sobre la realidad. La recurrencia de lugares comunes en su discurso abruma, demasiado pronto. Cuando un gaucho de Salas recoge a Mantovani en el aeropuerto, y lo lleva en su desvencijado Fiat Regatta, continúa la pasada de rosca innecesaria, que comienza a volverse tomada de pelo. La película ha cambiado, se ha vuelto del más cursi trazo grueso, como si se tratara de una comedia de enredos de Sofovich. El peor momento de este capítulo es sin dudas el del cuento que le narra al chofer cuando se quedan en el camino de tierra: la retórica primaria que emplea Mantovani, el supuesto "lenguaje literario", parece un discurso de maestra ciruela, de taller literario elemental, nunca de un Nobel, haciendo hincapié en la vaga idea del buen decir literario, como quien emplea la palabra "rostro" cuando quiere decir "cara". Lo básico de la narración pareciera impulsar al gaucho a utilizar las hojas del libro como papel higiénico, tal vez saturado por la cantidad de latiguillos y lugares comunes, y el modo mismo de narrar con semejante patetismo. Cuando el Nobel llega al pueblo, la típica comedia berreta del cine argentino ya está avanzada: cambia el tratamiento de la imagen que deslumbraba al principio (hasta su casa en Barcelona; un palacete moderno), y comienza una producción de estricto cabotaje. Las exageraciones pueblerinas se suceden con tal obviedad, que hasta el efecto humorístico comienza a fracasar, a generar baches narrativos. La metáfora, gruesa o fina, anunciar por reiteración lo que se viene, porque todo el tiempo uno sabe qué va a ocurrir en Salas. La pasada de rosca precipita al paroxismo en la escena en el canal de cable con un entrevistador que interroga al escritor, alternando simultáneamente con la publicidad de una gaseosa local. Pudo haber evitado, como tantas otras obviedades que empobrecen la película. El efecto fácil de este tipo de secuencias no deviene homenaje a Sandrini, antes bien acentúa las limitaciones del guión. Mantovani recorre el pueblo de la mano del intendente peronista (los retratos de Perón y Eva son de ostensible y grueso subrayado), dejando a las claras las limitaciones, cuando no el ventajerismo y la deshonestidad del funcionario. En ese periplo, el permanente discurso de Mantovani reitera una y otra vez su insostenible condición de predicador de la libertad expresiva: si supuestamente hablamos de un Nobel, no se puede creer nada de ese texto pedagógico impostado y elemental que derrama sobre sus audiencias paupérrimas. Lo que queda muy claro a través del enunciado es la relación de necesidad y emergencia entre chatura pueblerina e intendente peronista, como si la película se hubiera filmado en 1956. El ciudadano ilustre despliega otras lecturas de corte gorila que pretenden darle color local y, en realidad, empobrecen en su aspiración de universalismo. Porque más allá de que el costumbrismo y el pintoresquismo, que no den para ningún Nobel, ese esquematismo perjudica a la película en su afán de buscar complicidad con el espectador. El sometimiento a una mirada muy porteña sobre los pueblos, que no son tan lineales ni obvios, es lo que manifiesta de fondo una virtual ignorancia de los entramados secretos o velados que cifran los vínculos. En el pueblo coexiste lo obvio con lo no dicho, con un lenguaje de códigos que, a modo de arcano, se revela sólo a los cómplices, o sea a los que conocen el registro. Sin ese matiz, el retrato de una comunidad cuasi endogámica como suele ser un pueblo, pierde verosimilitud, y como obra artística, pierde eficacia y honestidad. Porque proclamar que un pueblo es chato, es limitado, es una mierda que aplasta cualquier intención, resulta, en definitiva, el juicio sumario obvio del lugar común afín a cualquier caserío. Paradójica o intencionadamente, igual que ocurre con el peronismo, hay una gran variedad de tramas, de entresijos, que hacen mucho más complejo ese análisis, plagado de matices e historias que ese tipo de tratamiento previsible deja de lado, eligiendo la explicación ramplona, el común denominador que achata cualquier diferenciación. O sea que la lectura propuesta termina enarbolando lo mismo que condena. Pese a lo planteado, hay algunas buenas interpretaciones dignas de destacar , por caso Belén Chavanne, en el papel de la joven que interpela y seduce a Mantovani. También Andrea Frigerio cumple una labor destacable, aunque sus líneas de texto podrían haber sido mucho más ricas. Ahí queda perdida una historia más valiosa que la obvia, que tanto el guión como la dirección pasan por alto: la de quien quedó atrapada en el pueblo, y siguió leyendo a distancia todo lo que su ex novio escribía, episodio ausente de mucho mayor riqueza que el paseo en autobomba o todas las otras ceremonias tiradas de los pelos que le brindan al homenajeado. El concurso de plástica pudo ser un buen recurso, pero lo desmadran los matones, la persecución, todo increíble, todo excesivo, con el agravante de que pudo ser mucho más efectivo si se resolvía con sutileza. La cuestión del artista de pueblo (comparar al chico escritor del hotel con el plástico), debería haberse resuelto con más muñeca, con medios tonos, porque recurrir a la exaltación y a la ofensa a voz en cuello resulta más cercano al prejuicio que a la reacción efectiva. Todo lo agresivo que se va generando deviene insustancial, tirado de los pelos. Dady Brieva hace lo que le sale bien, y está muy logrado su cambio de tono hacia el final, aunque la cacería sigue la línea de concordancia con el resto de lo excesivo y sobra. En lugar de una cacería, el rechazo pudo ser mucho más duro y efectivo apelando a recursos más sutiles, con la negación por rechazo y una partida lejana de toda gloria. Esa necesaria sutileza de medios tonos aparece apenas en la pequeña toma del vecino que le ofrece un mate en silencio a Mantovani, en algunas actitudes corporales de Frigerio, o en sus miradas (no en su discurso), pero lamentablemente ese no es el tono de la peli que, sin dudas, busca la complicidad más primaria, como limpiarse el culo con lo que escribe Mantovani, alegoría poco feliz del modo en que Salas va a tratar a Mantovani y sus libritos chusmas. Pero existe un momento en que la bajada de discurso político se vuelve patética. Cuando están por entregar los premios del concurso de pintura, aparece el discurso ultraliberal de Mantovani respecto de cultura y política, pidiéndole a todos desconfiar de los políticos, dejar que la cultura se desenvuelva sola, sin intervención del Estado, tratando de delincuentes a quienes la mencionan, etc etc.. El cuestionador Mantovani no la emprende contra los oligopolios editoriales, ni contra los medios de comunicación, ni contra los marchands del arte, ni contra las ONG´s y las Fundaciones acomodaticias; le basta con condenar a los políticos como los causantes exclusivos del malestar en la cultura. Curiosa reflexión para un escritor de provincias que ha pasado dos tercios de su vida en el exterior. Bien podría justificarse -como suele hacerse- de que se trata del discurso de Mantovani, no de los directores, pero el lugar central que cuidadosamente se le asigna a ese panfleto exacerbado en la peli, no es casual ya que opera casi como una moraleja, una conclusión explicativa de todos los males que padece la "Cultura", y por extensión la sociedad. Y resulta una agachada política genuflexa, tan obvia como el resto del filme, destinarle tal peso moral y tal especificidad, en el preciso lugar central de la obra. O tal vez estemos equivocados y el riguroso ideario de Mantovani es el único que conduce al Nobel. Ahora que El ciudadano ilustre ha obtenido sus nominaciones para el Oscar a película extranjera y al Goya, sus responsables deben ver coronados sus objetivos. Si no los artísticos, al menos los que reporta la ubicuidad política. Lo dudoso es que esta obra, que ahora también existe en papel, conduzca a Mantovani al Nobel.

HURACÁN ANUNCIADO

clip_image002 Un huracán anunciado "Son testigos de la muralla inexpugnable de nuestra mente, de la impenetrable fortaleza de nuestra memoria". Joël Dicker En la Argentina, donde tantos están sufriendo en el barro la travesía desde el cataclismo que significaron los gobiernos kirchneristas, mal que les pese a los inexplicables fanáticos que aún los añoran hay fuertes señales de que estamos llegando al pavimento desde donde comienza un futuro mejor. La ciudadanía lo percibe y, aún en medio de tantas dificultades, sigue acompañando a Mauricio Macri. La mayor muestra del cambio de expectativas vino, como siempre, de los mercados de capitales. El Gobierno emitió, con un éxito que superó todas las esperanzas dada la previsión de aumento de las tasas por la Reserva Federal, bonos a diez años, en pesos y con interés fijo; es más, que fuera del 15,5% anual, da a la sociedad entera una certidumbre que ninguno de los argentinos recuerda haber tenido nunca. Como escribió hace unos días James Neilson, los argentinos siempre originales, cuando nos convertimos en "normales" el mundo se vuelve "anormal". En el lado negativo -siempre lo hay- de la situación local debemos sumar, como todas las semanas, los signos concretos del avance y de la potencia del narcotráfico. El incendio intencional de un Juzgado federal y las nuevas amenazas mafiosas a la Gobernadora de Buenos Aires fueron, sin duda, los episodios más graves, y todos haríamos mal en restarles importancia. La inseguridad que, por lo demás, no hace sino crecer entre las preocupaciones de los ciudadanos, me llevó a formular algunas propuestas en mi nota del sábado pasado; entre ellas, que las fuerzas de seguridad fueran destinadas a la lucha contra el delito en el interior y, en su reemplazo, se enviara a las fronteras a las fuerzas armadas. Ignoraba que algo así ya estaba en la mente de algunos gobiernos de la región, entre ellos el nuestro: esta semana se reunieron los jefes de los ejércitos de varios países para coordinar esfuerzos con esa idea, que ya ha sido adoptada por Brasil, para combatir el tráfico de narcóticos, de armas, de personas y, sobre todo, el rampante terrorismo transnacional, íntimamente relacionado con todos esos males, ya que de ellos obtiene el financiamiento de sus actividades. En los últimos siete días, una sensación que recorría el mundo y, sobre todo, a América Latina, se transformó en una certeza: el populismo se está derrumbando, empujado al abismo político por sociedades que están hartas de la corrupción o, simplemente, del derroche de los recursos públicos. En España, en las elecciones celebradas en Galicia y en el País Vasco, el PSOE recibió una paliza, pero los votos que perdió no fueron a Podemos, ese partido de izquierda de reciente formación que venía de un fuerte knock-out en los comicios nacionales. Escocia, harta del populismo que llevó al "brexit" y fuerte defensora del europeísmo, ha vuelto a plantear la necesidad de un referendum con vistas a su independencia de Gran Bretaña. Por lo que se ve, la campaña de Donald Trump, otro populista pero de derecha, se ha zambullido en un tobogán que parece no tener fin. En individuos tan profundamente morales como son los estadounidenses, las permanentes denuncias por elusiones impositivas y abusos sexuales en que el candidato ha incurrido y su inclemente racismo, han producido un enorme impacto negativo. Ni él ni Hillary Clinton se han caracterizado por la altura o la dignidad con que se han conducido en estos meses, pero esta semana hemos visto a muchos de quienes contribuyeron con fondos para el republicano pedir su devolución, y los grandes líderes de su partido lo han dejado solo o, lisa y llanamente, han llamado a votar en su contra. En Venezuela, el Tribunal Supremo (íntegramente formado por chavistas) autorizó a Nicolás Maduro a aprobar el presupuesto anual por decreto, soslayando así su tratamiento por la Asamblea Nacional, con mayoría opositora. Además, para impedir que se realice un plebiscito revocatorio de su mandato este año, lo cual obligaría a llamar a elecciones, ha ordenado a su también dependiente Consejo Nacional Electoral demorar hasta el hartazgo la verificación de las firmas obtenidas para forzar ese recurso constitucional; así, esa decisión que inevitablemente lo expulsará del Palacio de Miraflores, se producirá el año próximo y permitirá a otra figura del "socialismo bolivariano" completar el período, con los mismos vicios que, a esta altura, se han transformado en un verdadero genocidio de la población venezolana, sumida en la más irracional violencia, el hambre y la insalubridad. El incomparable Rafael Correa ha debido abandonar su pretensión de perpetuarse en la Presidencia de Ecuador y, ahora, lo han comenzado a acosar denuncias de corrupción que, como sucedió en el escándalo que tanto afectó a Dilma Rousseff, a punto tal que fue depuesta, se originan en la empresa estatal de petróleo. Y otro tanto les pasa a los restantes colegas que, en esta América del Sur tan especial, han encarnado gobiernos populistas; me refiero a Evo Morales, en Bolivia, y a Michelle Bachelet, en Chile. En el caso de la mandataria trasandina, que terminó su primer mandato con una gigantesca imagen positiva, al regresar a La Moneda inexplicablemente dedicó todos sus esfuerzos a destruir el más exitoso proceso económico de la región, que había llevado a su país a un desarrollo sin igual. En Brasil, el PT, tan erosionado por la corrupción, sufrió la peor derrota de su historia en las elecciones municipales del domingo pasado. En San Pablo, la mayor ciudad de la región, el candidato de PSDB -el partido de Fernando Henrique Cardoso- João Doria, no necesitó esperar a la segunda vuelta para expulsar del cargo al ahijado de Lula, Fernando Haddad. Y ese fue sólo el caso más notorio, ya que el huracán impactó en todo el país y de nada sirvió la presencia permanente del fundador de la sigla, que recorrió toda la geografía nacional tratando de impedir el inevitable resultado. Tampoco allí los votos que fugaron fueron a los otros partidos de izquierda (PSB, PDT, PSOL, PSTU, PCdoB); según la prestigiosa revista Veja, con el resultado de estas elecciones, las formaciones de derecha -PSDB, PMDB, PSD, PP, PR, DEM- conquistaron el 78% de los cargos. La somera descripción de lo sucedido últimamente confirma, como dije, que los vientos huracanados desatados por el fracaso de las políticas populistas están arrasando con todos los regímenes de ese signo de la región, que tanto daño han causado a nuestros países. Eso augura un futuro prometedor, con desarrollo sustentable, con libertad de comercio, con mejor educación y salud, con infraestructura adecuada, con más competitividad, con empleos más calificados, con más inversiones, es decir, con mayor bienestar general. Bs.As., 15 Oct 16 Enrique Guillermo Avogadro Abogado Tel. (+5411) ò (011) 4807 4401/02 Cel. en Argentina (+54911) o (15) 4473 4003 Cel. en Brasil (+5521) 8128 7896 E.mail: ega1@avogadro.com.ar

EL ATRILERO: LA INUNDACIÓN QUE VIENE

EL ATRILERO: LA INUNDACIÓN QUE VIENE: LA ARQUITECTURA ELECTORAL Y LA RENTABILIDAD EMPRESARIA IGNORAN LAS CATÁSTROFES Puerto Madero y, más allá, la inundación que viene, advierte...

viernes, 14 de octubre de 2016

EL ATRILERO: TABACO Y RON

EL ATRILERO: TABACO Y RON: AHORA SE PUEDEN COMPRAR TABACOS Y RON CUBANOS Barack Obama levantó las restricciones para importar ron y cigarros desde Cuba La directiva...

SOY PUTA...

Del “Soy puta, pero no tuya” a las "quebracho" agitando Rosario Alojadas en casas de familia, en clubes, en campings gremiales, en hoteles, hoteluchos, hostels y alojamientos de pueblos y ciudades vecinas una cantidad estimada en 50.000 mujeres tomaron la ciudad de Rosario. Crónica de un evento infrecuente. Rosario: El choque se ha producido. por RAÚL ACOSTA ROSARIO (Especial para Urgente24). El “finde” largo, del 7/8/9/10 de octubre juntó, en Rosario, una fecha virginal (7 de octubre, virgen del rosario) y el adelanto del “Columbus Day”, un Cristóforo Colombo devaluado, ninguneado y, en general, bastante venido a menos. A nadie importa, por estos días, quien llegó a las Américas. Hasta los profesionales de la militancia “originaria” disminuyeron su virulencia a favor de la escala pentatónica, el rechazo al caballo y la guitarra y el anatema a Melinche. No está la guita del loco Chávez. Tal vez. La sinceridad del olvido espanta. En estos días ni la doble muerte del Che (los milicos bolivianos decían una fecha y muerto en combate y un periodista argentino demostró que fue en otra fecha y con un tiro de gracia) ni el múltiple cumpleaños de Perón atrajeron nada. El siglo XXI f uma otras maravillas. El “finde” largo trajo a Rosario un número importante, importantísimo, de mujeres con anhelos sociales diversos. El mas importante, al que resulta imposible no adherir, es la Ley de Paridad, una discriminación positiva que está destinada a cambiar las relaciones en los cuerpos legislativos. Ya es ley en Provincia de Buenos Aires, en Santa Fe provincia ni radicales, ni socialistas, ni peronistas terminan en un acuerdo. Hay senadores que llevan 20 años en el cargo, diputados con 12 años de estancia en su banca. Pensar en mujeres, aún en la propia, la amante, la hija o la sobrina es imposible. Avaricia, misoginia, egoísmo, miedo. Algo similar ocurre en el plano nacional. El tema convocante era ese. Después cada grupo trajo lo suyo. Alojadas en casas de familia, en clubes, en campings gremiales, en hoteles, hoteluchos, hostels y alojamientos de pueblos y ciudades vecinas una cantidad estimada en 50.000 mujeres tomaron la ciudad de Rosario. Algunas aprovecharon la apertura fuera de horario de “Calle San Luis” (un “mini” barrio de Once, para que se entienda) para compras de ropas, telas, baratijas y abalorios que estarían ( se supone) mas baratos que en el lugar de origen. Otras recorrieron los medios, personalidades públicas como la bella señora, mamá de Malena Galmarini (la doctora Darrieu) que memoraba su presencia legislativa en aquella Ley de Cupo que llevó la representación femenina a 1/3 por Ley. Ja, no se olviden de José Luis Manzano cuando la recuerden, chicas… Ni de Menem, obvio. No faltaron las militontas a tiempo completo, que insistían que se necesitaba una declaración de libertad a Milagro Sala como hecho fundamental del encuentro. Las hubo que creían en el trabajo en los talleres (mas de 150 verdaderos, con declaraciones, conclusiones) y quienes se encontraron con una ciudad desconocida a la que pod ían recorrer en tres días soleados, absolutamente primaverales. El lunes, como despedida, llegó la lluvia. Las lesbianas y trans pidiendo jubilación para las suyas no dejaron de marcar un límite impensado en el siglo XX. Lo dicho, las prioridades de este siglo no son aquellas del anterior. Asombró la ausencia de la intendente. La primera intendente mujer en una ciudad faro del socialismo y, por tanto, de la memoria de Alicia Moreau de Justo, que junto a Evita y Mafalda son los íconos mas recordados del siglo XX por una lucha que persiste.Mónica Fein, es cierto, no tiene un buen índice de positivo en popularidad y, además, se ha convertido en un pajarito en el alambre. El “me gusta” no supera el 18% y las quejas son varias y profundas. En fin, era una oportunidad. Pero mas asombró la falta de inteligencia criminal elemental. Trataremos de explicarlo. En sendos congresos anteriores, realizados en Tucumán, Córdoba y Mar del Plata (este último en el 2015) la violencia urbana de patoteras e inadaptadas motivó la repulsa de las poblaciones violentadas, las iglesias deterioradas y el orden subvertido. Se sabía. La pregunta es demasiado obvia, pero necesaria. Si se sabía… ¿Por qué no se hizo la mas elemental tarea de prevención? Dos respuestas posibles. En ciudad y provincia no quisieron. Las autoridades de ciudad y provincia le tienen miedo a las mujeres militantes. Tal vez sea necesario sumar las variables. El posicionamiento en este tema de paridad es todo un tema. Ejem. El sábado, sin esperar una marcha, muchas chicas, frente a las iglesias, levantaban sus blusas y mostraban sus pechos en fotos que están “colgadas” en el cyber espacio. El sábado, como el domingo, una bandada de muchachas vestidas de negro, con el rostro tapado vandalizaron una avenida (Avenida Pellegrini) con pintadas realmente poco creativas y muy explicitas. La del sindicato de putas una de las que mas resaltó. “Soy puta, pero no tuya” Tal vez se hace necesario una aclaración mayor, para saber a que estuvo expuesta la Región Rosario. Raciocinio y matemática. Para un partido de futbol de Central o Ñul se contratan 1.000 policías extras por 6 horas y hay tareas rutinarias de prevención por 24 horas, en el supuesto de díscolos, vándalos, patoteros o exaltados. Que de todo habrá en una tribuna de 30.000 personas que aman al mismo clú, pero no reaccionan del mismo modo. Pregunta. Para 50.000 personas que aman el mismo clú pero estarían 72 o 96 horas por estas calles “rosarigasinas” ¿no hubo prevención…? Vamos, chicos, vamos… Otro si digo. En la cancha de “fulbo”, cuando tiran petardos sancionan al clú. A quien sancionaremos por este desmadre del “finde” largo… No hay culpables… Gentileza y caballerosidad masculina… Cuando las chicas de negro, las “quebracho” avanzaron sobre la garita al final de la calle peatonal e intentaron incendiarla (…”el ministro de Seguridad, Maximiliano Pullaro, declaró ayer (miércoles 12/10) que si la policía no intervenía con gases y postas de goma hacia los manifestantes "iban a quemar la catedral, porque tenían ocho bombas molotov"…. Ejemplo: la garita de Córdoba y Laprida —vacía de policías— estuvo a punto de ser incendiada por un grupo de manifestantes”… La nota del colega Maronna, del jueves 13 de octubre, en La Capital, titulada: ”La primera necesidad de Rosario es vivir en paz” es muy clara) la ciudad entendió que estaba sola y que ese Dios del que abominan (el gran tema subyacente a la Ley de Paridad es el aborto libre y chau catolicismo) tiró un guiño para aquietar los fuegos en la plaza frente a la Catedral, al lado del edificio Palacio Municipal, donde comienza el Monumento y donde, al ca bo, se demostró que la igualdad existe, que la paridad es un hecho. Las chicas “quebracho” son tan violentas, patoteras, inadaptadas y fuera de la ley como los varoncitos. Falta una jefa, pero aparecerá rápido ya que no perderá el tiempo, embozada como estará, en maquillarse para la foto, vicio burgués y decimonónico.

jueves, 13 de octubre de 2016

PROHIBIDO OLVIDAR

PROHIBIDO OLVIDAR La justicia se hace desear: A 7 años del asesinato del cacique Javier Chocobar Al día de hoy, todavía no se resolvió el asesinato del cacique Javier Chocobar de 68 años que se produjo el 12/10/2009. Los abusos a los derechos de los indígenas se dan desde hace mucho tiempo y los empresarios son los que quieren ocupar sus tierras por intereses económicos. Se espera a que empiece el debate oral, instancia previa para que se determine la responsabilidad de quienes asesinaron a Chocobar. De Chocobar sólo quedan fotos y recuerdos... Javier Chocobar era el cacique de la comunidad indígena de Chuschagasta, del pueblo diaguita que se ubica en Trancas, un departamento de la Provincia de Tucumán. La comunidad tiene 800 habitantes y 15.505 hectáreas que continuamente buscan ocupar empresarios. El conflicto se dio cuando el empresario Darío Amín llegó junto a 2 ex agentes de policía, Luis Humberto Gómez y Eduardo José Valdivieso Sassid al territorio ocupado por la comunidad a las 18.30. Se presentaron como los dueños de las tierras y ordenaron que abandonaran el lugar. Pero los indígenas, resistiendo las presiones de estos 3 hombres, les pidieron que dejaran su lugar, su tierra. Fue en ese momento cuando comenzaron los disparos por parte de Amín y sus compañeros a pesar de no tener permiso para portar armas. A Darío Amín se lo señala com o el autor de los disparos. Además de matar a Chocobar, hirieron a 3 personas más entre las que se encuentran Andrés Mamaní, actual cacique de la comunidad, y Emilio Mamaní. Después de este enfrentamiento, los 3 responsables fueron detenidos. Por este hecho y por los constantes abusos que sufren los pueblos indígenas a sus derechos humanos y con motivo del día de la diversidad cultural, Amnistía Internacional −un movimiento global que busca terminar con los abusos contra los derechos humanos− y Andhes −una organización no gubernamental (ONG) que promueve la vigencia de los derechos humanos y la defensa de estos derechos− siguen reclamando por el respeto de la soberanía de estos pueblos. Como resultado del asesinato se generó una causa penal a cargo del fiscal Arnoldo Suasnábar y de la Jueza Emma Lidia De Nucci por homicidio calificado, por el asesinato de Chocobar, y homicidio calificado en grado de tentativa, por Andrés y Emilio Mamaní. El fiscal señaló que los imputados tuvieron una participación activa y premeditada en el hecho porque fueron a los territorios ocupados por la comunidad armados y dispararon a los habitantes de esas tierras. Audolio, hijo de Chocobar La jueza, en agosto de 2011 consideró que había pruebas suficientes y por eso elevó la causa a juicio oral, quedando firme en marzo de 2012. En octubre de 2014, los acusados fueron citados al juicio pero todavía se espera una fecha para que empiece el juicio oral. Sin embargo, la ocupación de los territorios por parte de Amín y su familia no es nueva sino que viene desde 1959, reclamando con un título territorios en donde están ubicadas las familias de la comunidad de Chuschagasta. En el 2008 esta familia empezó a explotar, por una concesión del estado de Tucumán, una cantera de piedra laja pero la tierra en donde se ubica había sido expropiada en 1973 por el Estado para entregársela a la comunidad. El problema fue que esa entrega nunca resolvió y la comunidad sigue reclamando esos territorios desde hace más de 10 años. Años antes del asesinato, en noviembre de 2006, se sancionó la ley nacional N° 26.160 de emergencia en materia de posesión y propiedad de las tierras que tradicionalmente ocupan las comunidades indígenas originarias del país. Igualmente, los abusos se siguen dando hasta el día de hoy. Cartel de la familia de Chocobar. Instituciones internacionales como las Naciones Unidas también se manifiestan sobre la desigualdad que sufren los pueblos indígenas en todo el mundo. En el artículo 10 y 26, la “Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas” establece los derechos que tienen a poseer esas tierras que habitan desde siempre. “Los pueblos indígenas no serán desplazados por la fuerza de sus tierras o territorios. No se procederá a ningún traslado sin el consentimiento libre, previo e informado de los pueblos indígenas interesados, ni sin un acuerdo previo sobre una indemnización justa y equitativa y, siempre que sea posible, la opción del regreso” (artículo 10). Y además en el artículo 26 se determina lo siguiente: 1. Los pueblos indígenas tienen derecho a las tierras, territorios y recursos que tradicionalmente han poseí do, ocupado o utilizado o adquirido. 2. Los pueblos indígenas tienen derecho a poseer, utilizar, desarrollar y controlar las tierras, territorios y recursos que poseen en razón de la propiedad tradicional u otro tipo tradicional de ocupación o utilización, así como aquellos que hayan adquirido de otra forma. 3. Los Estados asegurarán el reconocimiento y protección jurídicos de esas tierras, territorios y recursos. Dicho reconocimiento respetará debidamente las costumbres, las tradiciones y los sistemas de tenencia de la tierra de los pueblos indígenas de que se trate. Lamentablemente este caso en Chuschagasta representa uno más de las constantes ocupaciones que quieren hacer distintos empresarios en territorios que no les pertenecen a ellos sino a las comunidades indígenas que viven ahí. Como resultado se producen protestas pacíficas para lograr que sus derechos sean respetados al igual que los de cualquier comunidad. La protesta más conocida es la que encabezó el cacique Félix Díaz − conocido como líder qom− de la comunidad "La Primavera" Potae Napoqna Navogoh en Formosa. Durante 2015 establecieron un acampe en Avenida 9 de Julio y Avenida de Mayo pidiendo que se cumplan los derechos civiles de los indígenas en Argentina. Félix Díaz es un agricultor, militante por los derechos civiles de los indígenas y el qarashé de la comunidad aborigen Potae Napocna Navogoh perteneciente a los qom en Argentina.

HISTORIA SILENCIADA

La historia silenciada de Estados Unidos Simón Itunberri Un contrapunto imprescindible a la propaganda de Estados Unidos En este libro el veterano director de cine Oliver Stone y el historiador Peter Kuznick profundizan en los hechos expuestos en la serie documental del primero que en España se tituló ‘La historia no contada de Estados Unidos’. Hasta la Segunda Guerra Mundial El libro arranca a finales del siglo XIX, relatando la brutal conquista de Filipinas (con prácticas como el waterboarding, las violaciones…), y la intervención de Estados Unidos en casi toda Iberoamérica (Cuba, Panamá, Nicaragua….) mediante el ejército o empresas como la United Fruit Company. A veces son los propios protagonistas de la infamia quienes mejor explican su papel: el general del Cuerpo de Marines Smedley Butler declaró: “He sido un gánster del capitalismo”. Un capitalismo cuyos agentes suplantan la soberanía del pueblo moviendo los hilos de la política en beneficio propio. Por ejemplo, la banca Morgan estuvo presente en las negociaciones del Tratado de Versalles. A lo largo de la obra podemos conocer las numerosas explosiones de paranoia colectiva, inducida por el poder, que han caracterizado a la sociedad estadounidense. Durante la Primera Guerra Mundial se desató una gran campaña de propaganda germanófoba y militarista basada en falsificaciones de todo tipo, acompañada de linchamientos a personas de origen alemán y censura académica y expulsión de profesores antibelicistas. Mientras tanto, el país fabricaba submarinos para Alemania. Estados Unidos también apoyó a Mussolini y vendió armas a la Alemania nazi (con la que se establecieron cárteles empresariales armamentistas). Hitler se inspiró en parte en antijudíos como el empresario estadounidense Henry Ford, y en Mein Kampf elogió el liderazgo de esta nación en la aplicación de programas eugenésicos. «Entre los capitalistas norteamericanos con mayores lazos con los nazis se encontraba Prescott Bush, padre del primer presidente Bush y abuelo del segundo» (pág. 152). Al igual que en la serie de televisión, Stone reivindica a algunas figuras alternativas, en especial a Henry Wallace, vicepresidente de Franklin D. Roosevelt, que defendía un programa antiimperialista y de búsqueda de alianzas internacionales (incluyendo a la Unión Soviética), y que fue boicoteado mediante sucias operaciones de su partido que consiguieron colocar a Truman como vicepresidente (y en consecuencia como sucesor de Roosevelt a la muerte de este). ¿Se habría evitado la Guerra Fría con un Wallace en la Casa Blanca? Roosevelt sale relativamente bien parado en el libro, pero se le reprocha que no apoyara a la República española frente a los golpistas, que no favoreciera la acogida de judíos que huían de la Europa nazi y que internara a toda la población de origen japonés en campos de concentración durante la guerra. No es poco. La obra explica cómo al final de la Segunda Guerra Mundial Japón estaba dispuesto a rendirse, pero no incondicionalmente como le exigía Truman, porque querían preservar la figura sagrada del emperador. La bomba de Hiroshima (6 de agosto de 1945) no les hizo desistir; tampoco la de Nagasaki (9 de agosto), pero la noticia de esta eclipsó otro hecho decisivo: ese mismo día Stalin adelantó el cumplimiento de su promesa de declarar la guerra a Japón, y la invasión soviética de Manchuria forzó a la rendición. Además de las bombas atómicas, la campaña de bombardeos contra Japón fue tan indiscriminada, que Robert McNamara, entonces analista del ejército (y en los años sesenta secretario de Defensa), dijo que los crímenes cometidos fueron de tal gravedad que, si Estados Unidos perdiera la contienda, serían condenados por crímenes de guerra. Pero ganaron, y desde entonces la historia la cuentan los vencedores, y la justicia sólo se ha aplicado a los perdedores. Por ejemplo, durante la Guerra de Corea (1950-1953) Eisenhower mandó bombardear presas en Corea del Norte, provocando grandes inundaciones, un tipo de actuación que según los criterios aplicados en los juicios de Núremberg era un crimen de guerra. ¿Pero quién juzga a un imperio, que jamás se ha sometido a la legalidad internacional? La Guerra Fría Stone y Kuznick exponen las depuraciones anticomunistas de funcionarios bajo Truman (1947-1951) y J. Edgar Hoover; este fue director del FBI entre 1935 y 1972, y como tal desarrolló todo tipo de operaciones ilegales y sucias (muy pocas de las cuales se recogen en el libro). El libro no menciona la Red Gladio, pero sí detalla las operaciones encubiertas y subversivas llevadas a cabo desde el comienzo de la Guerra Fría, usando incluso fondos del Plan Marshall: el apoyo al pro nazi Stepan Bandera en Ucrania, a la Democracia Cristiana en Italia, a la Organización Gehlen (de línea nazi) en Alemania… La conducta de diferentes gobiernos del país en relación con las armas nucleares explica muchos aspectos de la Guerra Fría. Eisenhower y Nixon consideraban irresponsablemente que las armas nucleares eran como las convencionales. Se diseñaron planes que contemplaban matar a millones de civiles en un primer ataque nuclear, implantar bases militares en la Luna o incluso hacer explotar una bomba atómica en nuestro satélite para que se viera desde la Tierra y sirviera de disuasión. Se planteó usar bombas atómicas en Vietnam. Se realizaron pruebas atómicas en el Pacífico, altamente contaminantes. El propio gobierno del Reino Unido llegó a comparar a la maquinaria militar de Estados Unidos con Hitler. Y el programa atómico estaba diseñado de tal modo que había muchos dedos que podían llegar a apretar el botón nuclear, desencadenando una guerra como en la película Teléfono rojo: volamos hacia Moscú. En la presidencia de Kennedy se analiza especialmente la crisis de los misiles, pero apenas se hace referencia a su asesinato (al que Stone dedicó la que es quizá su mejor película, JFK). Su sucesor Johnson y la CIA apoyaron las masacres realizadas por el golpista Suharto en Indonesia al servicio de multinacionales estadounidenses. El libro detalla la demencial política de Nixon y su consejero de seguridad Kissinger en Vietnam. De hecho, el propio presidente expuso su “teoría del loco”: "Quiero que los norvietnamitas crean que he alcanzado el punto en el que podría hacer lo que fuera para parar la guerra". Kissinger mismo hablaba en privado de Nixon como “ese loco”, y Nixon de su asesor como “psicópata”. Ambos bombardearon salvajemente no sólo Vietnam, sino también Camboya, donde se fortaleció el brutal movimiento de los Jemeres Rojos, con quienes Kissinger promovió relaciones amistosas por su acercamiento a China. El anciano psicópata Kissinger jamás ha pagado por sus crímenes, y el loco Nixon fue destituido (y perdonado por su sucesor) debido al Watergate, un asunto infinitamente menos grave que los millones de muertos que provocó en Asia. Las consecuencias para los jóvenes estadounidenses que sirvieron de carne de cañón y criminal brazo ejecutor en Vietnam también fueron terribles: se suicidaron más soldados que los 58.000 muertos en combate en esa guerra. Sin ocultar los crímenes del régimen soviético, los autores exponen cómo Estados Unidos magnificó la amenaza soviética para avivar su proyecto imperial. Por ejemplo, el conocido como “Equipo B” de la CIA, dirigida por el que después sería presidente George H. W. Bush, redactó en 1977 un informe falso y fantasioso sobre el poder armado soviético, sobredimensionándolo para así poner en marcha un programa de armas láser (la futura SDI o “guerra de las galaxias”). Carter aparece retratado como el mejor ex presidente por sus iniciativas de mediación y por la paz tras abandonar el cargo, pero como un inepto presidente que dejó la política internacional en manos de poderes fácticos de la talla de Brzezinski, la Comisión Trilateral, el Club de Bilderberg, el Council on Foreign Relations y David Rockefeller. En esa época se sembraron las semillas de muchos de los males del mundo actual. El asesor Brzezinski reconoció que Estados Unidos ya apoyaba a los muyahidines antes de la invasión soviética de Afganistán. El fin de la Guerra Fría Ronald Reagan, tan apreciado por sus compatriotas, era un ignorante que confundía sistemáticamente la realidad con la ficción y no tenía reparos en exponer públicamente datos e historias que se inventaba. Durante unas pruebas de sonido se le ocurrió hacer el comentario: “El bombardeo de Rusia comienza en cinco minutos”, provocando una peligrosa alarma diplomática. Apoyó las masacres de Ríos Montt y sus sucesores en Guatemala; comparó a la brutal Contra nicaragüense con los Padres Fundadores de Estados Unidos; invadió la isla de Granada, tomando como excusa la protección de unos estudiantes estadounidenses, que no sólo no corrían peligro, sino que muy mayoritariamente preferían permanecer en el país; recortó las ayudas sociales, aumentó las rentas de los ricos, disparó el gasto militar e incrementó el número de armas nucleares. Además, promovió el yihadismo en Afganistán y vendió armas tanto a Irán como a Irak, enfrentados en una guerra promovida por el imperio. En concreto vendió armas químicas a Sadam Huseín, quien las usaría para gasear a los kurdos (hecho silenciado hasta que años después interesó demonizar a Sadam para así invadir Irak). Reagan no llegó a firmar un plan de desarme con Gorbachov porque se aferró a su absurdo plan de Iniciativa de Defensa Estratégica (“guerra de las galaxias”), que Moscú no podía aceptar. La presidencia de Bush padre se distinguió especialmente por la invasión de Irak, basada en manipulaciones y mentiras sin fin. Y la de Clinton por su aumento del gasto militar, y por continuar el programa de un escudo militar que técnicamente no podía ser eficaz para defender, pero sí como arma ofensiva (como reconoció en 2006 la revista Foreign Affairs, vinculada al Council on Foreign Relations). Además, se negó a firmar el Tratado contra la Minas Terrestres y vendió muchas armas en todo el mundo. Cuando a su secretaria de Estado Madeleine Albright le preguntaron si para ganar la guerra merecería la pena la muerte de medio millón de niños iraquíes, ella respondió que sí. El régimen de Bush y Obama Los autores no se cuestionan la insostenible versión oficial del 11-S, pero sí exponen cómo se recibieron muchas advertencias sobre los ataques de aquel día, que fueron ignoradas por el gobierno de Bush, y detallan todas las manipulaciones que condujeron a las guerras de Afganistán e Irak. La administración Bush planeó atentados de bandera falsa y promovió un militarismo al que se plegaron los medios de comunicación: militares vinculados a la industria de armas participaron con artículos en los medios principales. La “guerra sin fin contra el terrorismo” de Bush no sólo conllevó cientos de miles de muertos, sino que reforzó a Al Qaeda, trajo el caos en Irak y en toda la región y sirvió de ocasión para que, mediante la privatización de empresas nacionales iraquíes y el despliegue de mercenarios, multinacionales de Estados Unidos se estén lucrando allí. El país norteamericano es el principal promotor de la proliferación nuclear. Como pago a su apoyo en Afganistán, Estados Unidos ha consentido su desarrollo de un programa nuclear orientado a construir la bomba atómica. El libro explica cómo Obama ha perpetuado las políticas de Bush y sus predecesores. Su campaña electoral estuvo financiada por Goldman Sachs, General Electric, J. P. Morgan Chase, Big Pharma… Como senador había votado a favor de la Foreign Intelligence Surveillance Act, que concedía inmunidad legal a las empresas cómplices de escuchas de Bush. Aunque comenzó su mandato rescindiendo algunas medidas secretistas de Bush, posteriormente impidió la investigación de las torturas y otros crímenes cometidos bajo el anterior presidente. En su presidencia ha habido menos transparencia que en la de su predecesor, y las presiones de su gobierno a periodistas de investigación han sido mayores que las que hiciera Bush. Ha realizado detenciones extraordinarias, ha negado el habeas corpus a presos afganos, ha sancionado las comisiones militares, y ha asesinado “selectivamente” a muchas personas, incluidos ciudadanos estadounidenses. Obama puso al frente de Defensa a Robert Gates, político heredado de la era Bush, y como secretaria de Estado a otro halcón, Hillary Clinton. Designó como asesor a Robert Rubin, y a Geithner en la Reserva Federal, banksters que habían revocado en 1999 la Ley Glass-Steagall, que diferenciaba la banca de inversión de la banca comercial (sentaban así las bases de la crisis de 2008). Ni siquiera limitó los salarios de ejecutivos, que han aumentado. Con él los ricos se han hecho más ricos (les ha bajado los impuestos), y los pobres más pobres (ha recortado ayudas sociales). Su reforma sanitaria se plegó a las compañías médicas, y renunció a implantar una seguridad social, sometido a la presión de miles de lobbistas de la farmaindustria. Tampoco aprobó las medidas de protección del medio ambiente que había prometido. Merece la pena destacar la siguiente cita, recogida en el libro, de un artículo que Jack Goldsmith, funcionario del Departamento de Justicia bajo Bush, publicó en New Republic el 18 de mayo de 2009: «La nueva administración ha copiado una parte, la mayor, del programa de Bush, ha ampliado otra parte y solo en la mínima parte restante lo ha reducido. Casi todos los cambios de Obama son superficiales, del discurso, simbólicos, retóricos […]. La estrategia de Obama puede por tanto calificarse de intento de conseguir que el punto de vista de Bush sobre el terrorismo sea más digerible política y legalmente, y, por consiguiente, sea también más duradero» (pág. 809). Bajo Obama se detuvo al soldado Bradley (ahora Chelsea) Manning por filtrar documentos de las guerras del Imperio, y se le mantuvo estuvo aislado durante nueve meses, en unas condiciones que se pueden clasificar como tortura. Dice el libro sobre el presidente: «Que la administración Obama decidiera juzgar a Manning por revelar la verdad y dejara escapar impunes a Bush, Cheney y sus colaboradores por mentir, torturar, invadir países soberanos y cometer otros crímenes de guerra era la triste y reveladora señal de su transparencia y sentido de la justicia. Como la profesora de Derecho Marjorie Cohn observó: “Si Manning hubiera cometido crímenes de guerra en lugar de sacarlos a la luz, hoy estaría libre”» (págs. 810-811). Obama se saltó la ley interviniendo más de sesenta días en Libia sin permiso de las cámaras parlamentarias estadounidenses, y alegó, usando un lenguaje orwelliano, que no eran “hostilidades”. Mediante los “asesinatos selectivos” con drones en Afganistán y Pakistán, mató a 14 terroristas y a 700 civiles sólo en los tres primeros años. En estos ataques, quienes intentan rescatar a las víctimas o asisten a entierros son considerados “combatientes” y pueden ser los próximos objetivos. Ya antes de ser presidente, Obama anunció que seguiría usando los drones como lo hiciera Bush. En realidad, amplió enormemente su uso, extendiéndolo al menos a cinco países. Obama fija listas de objetivos que luego atacarán los drones, en el marco de un programa secretista. En un discurso en West Point en diciembre de 2009 Obama justificó la guerra de Afganistán, obviando que, según los informes oficiales, cuando Bush la empezó allí sólo había unos 50-100 combatientes de Al Qaeda, que el mulá Omar no aprobó el 11-S y que el atentado se organizó en Alemania, España y Estados Unidos. El gasto en Afganistán ha resultado altísimo para una guerra en la que ni se planteaba la victoria. Aunque se planificó una salida en 18 meses, la ocupación se ha prorrogado indefinidamente; Robert Gates dijo: “No nos iremos nunca.” El ejército afgano es un desastre organizativo, y los soldados y oficiales tienen niños esclavos sexuales (algo que los talibanes habían prohibido). Bush prometió salir de Irak en 2008, Obama en 2011; pero, dejando el país en un absoluto caos, ha mantenido tropas y mercenarios privados para supervisar los contratos de Estados Unidos con el ejército iraquí. Traicionando su (falso) discurso de campaña, Obama se dirigió a las tropas que volvieron de Irak en términos propios de Bush, con sucias mentiras como “Dejamos atrás un Irak soberano, estable…” y “Habéis impartido justicia a quienes atentaron contra nosotros el 11 de septiembre de 2001”. Es decir, «daba crédito a la invención de la pareja Bush-Cheney según la cual la invasión de Irak estaba en cierto modo justificada por el apoyo de Sadam Hussein a Al Qaeda y perpetuaba la peligrosa fantasía de que la ocupación de Irak y Afganistán tenía algo que ver con los atentados de la organización de Bin Laden» (pág. 860). Obama ha apoyado el asesinato de Gadafi y el golpe contra Zelaya en Honduras. Ha consentido que el “lobby israelí” forzara la dimisión del relativamente moderado George Mitchell como enviado especial a Oriente Próximo; no en vano el asesor del presidente sobre Oriente Próximo es Dennis Ross, un defensor decidido de las políticas del Estado de Israel. En cuanto a China, Estados Unidos exagera su poder militar para lograr su objetivo de un área del Pacífico dominada por la nación americana: frente a más de mil bases militares del segundo por todo el mundo, China sólo tiene una fuera de sus fronteras. A fin de “contenerla”, Obama ha promovido la cooperación nuclear con la India, en contra de lo estipulado en el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares. El libro, cuya edición original es de 2012, se plantea si acaso Obama no estaría dando un giro positivo a finales de 2011. «¿Hay alguna posibilidad de que pudiera sufrir la misma conversión por la que pasó Kennedy y se haya dado cuenta del flaco favor que el militarismo y el imperialismo han hecho al pueblo norteamericano y al resto del mundo?». Cinco años después ya hemos comprobado que no: a pesar de logros (mucho más relativos que lo que los medios del Sistema venden) como los acuerdos con Irán y con Cuba, El legado del presidente Obama es la guerra sin fin, como indica el título de un artículo de un medio tan poco “antiamericano” como el Cato Institute. Conclusión Resulta muy interesante disponer de toda esta información alternativa en un solo volumen, cómodo de leer, pero no por ello menos riguroso: los datos que he seleccionado y resumido están amplísimamente documentados en las numerosas referencias bibliográficas del libro; la gran mayoría de ellas son documentos oficiales y fuentes primarias. La obra no pretende ser un balance histórico de Estados Unidos en el siglo XX, sino que, como reconocen los autores en la introducción, «preferimos no detenernos en las muchas cosas que Estados Unidos ha hecho bien», pues «existen bibliotecas enteras dedicadas a ellas y los programas de estudio de los colegios ya las ensalzan lo suficiente». Se concentra en el poder dirigente, y apenas menciona las indudables aportaciones positivas de aquel país, como los movimientos de lucha por la dignidad. Por ejemplo, sólo se menciona una vez a Martin Luther King (de quien se ofrece una cita). Hay que tener en cuenta además que, siendo ya un libro extenso, plantearlo como una historia completa lo habría hecho interminable. El objetivo del libro (dignamente alcanzado por Oliver Stone y Peter Kuznick) es más bien servir de contrapunto a toda la propaganda de ensalzamiento de esa nación (propaganda que, para las masas, se despliega ante todo mediante el cine y la televisión) y desvelar cómo, según se dice en la introducción, «el país ha traicionado su misión» al sacrificar «su espíritu republicano en el altar del imperio», como ya predijo el presidente John Quincy Adams a principios del siglo XIX. (Oliver Stone y Peter Kuznick, La historia silenciada de Estados Unidos, Madrid: La Esfera de los libros, 2015.)

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