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miércoles, 9 de junio de 2010

EL PRESIDENTE DUERME


El Presidente Duerme

La noche yace muda como un ajusticiado.
Más allá del silencio nuevos silencios crecen.
Cien pupilas recelan las sombras de la sombra,
velan las bayonetas y el Presidente duerme.

La luna se ha escondido de frío o de vergüenza
ya sobre los gatillos los dedos se estremecen,
una esperanza absurda se aferra a los teléfonos:
el Presidente duerme.

El llanto se desata frente a las altas botas.
-¡Calle, mujer, no sea que el llanto lo despierte!
-Sólo vengo a pedirle la vida de mi esposo.
-El Presidente duerme.

Los faroles desgarran el seno de la noche,
el terraplén se apresta a sostener la muerte,
el pueblo se desvela de angustia y de impotencia
El Presidente duerme.

Tras de las bocas mudas laten hondos clamores.
“Cumplan con su deber y que ninguno tiemble
de frío ni de miedo!”… En una alcoba tibia
el presidente duerme.

“Viva la Patria!”, y luego, los dedos temblorosos,
un sargento que llora, soldados que obedecen,
veinticuatro balazos desgarrando el silencio…
Y el Presidente duerme.

Acres rosas de sangre florecen en los pechos,
el rocío mitiga las heridas aleves,
seis hombres caen de bruces sobre la tierra helada
y el Presidente duerme.

¡Silencio! ¡Que ninguno levante una protesta!
¡Que cese todo llanto! ¡Que nadie se lamente!
Un silencio compacto se adueña de la noche
Y el Presidente duerme.

¡Oh, callen, callen todos! ¡Callen los camaradas!
¡Callen los estadistas, los prelados, los jueces!
¡Que el pueblo ensangrentado se trague sus palabras!

¡El Presidente duerme!

El pueblo yace mudo como un ajusticiado
pero bajo el silencio nuevos rencores crecen,
hay ojos desvelados que acechan en la sombra…

Y el Presidente duerme.

José Gobello
(Prisión Nacional, mayo de 1957)

El Presidente Duerme

La noche yace muda como un ajusticiado.
Más allá del silencio nuevos silencios crecen.
Cien pupilas recelan las sombras de la sombra,
velan las bayonetas y el Presidente duerme.

La luna se ha escondido de frío o de vergüenza
ya sobre los gatillos los dedos se estremecen,
una esperanza absurda se aferra a los teléfonos:
el Presidente duerme.

El llanto se desata frente a las altas botas.
-¡Calle, mujer, no sea que el llanto lo despierte!
-Sólo vengo a pedirle la vida de mi esposo.
-El Presidente duerme.

Los faroles desgarran el seno de la noche,
el terraplén se apresta a sostener la muerte,
el pueblo se desvela de angustia y de impotencia
El Presidente duerme.

Tras de las bocas mudas laten hondos clamores.
“Cumplan con su deber y que ninguno tiemble
de frío ni de miedo!”… En una alcoba tibia
el presidente duerme.

“Viva la Patria!”, y luego, los dedos temblorosos,
un sargento que llora, soldados que obedecen,
veinticuatro balazos desgarrando el silencio…
Y el Presidente duerme.

Acres rosas de sangre florecen en los pechos,
el rocío mitiga las heridas aleves,
seis hombres caen de bruces sobre la tierra helada
y el Presidente duerme.

¡Silencio! ¡Que ninguno levante una protesta!
¡Que cese todo llanto! ¡Que nadie se lamente!
Un silencio compacto se adueña de la noche
Y el Presidente duerme.

¡Oh, callen, callen todos! ¡Callen los camaradas!
¡Callen los estadistas, los prelados, los jueces!
¡Que el pueblo ensangrentado se trague sus palabras!

¡El Presidente duerme!

El pueblo yace mudo como un ajusticiado
pero bajo el silencio nuevos rencores crecen,
hay ojos desvelados que acechan en la sombra…

Y el Presidente duerme.


José Gobello - (Prisión Nacional, mayo de 1957)


“Si a las tres de la mañana el virrey no ha renunciado, lo arrojaremos por la ventana de la fortaleza”. Gral Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano 1810.

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