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lunes, 14 de julio de 2008

LA PROFECÍA

La suerte no es para cualquiera y el Gobierno la sigue teniendo. Un veranito en pleno invierno hace que se gaste menos electricidad y la crisis energética no se sienta. Así los fusibles aguantan cualquier eventualidad que el primer y corto frío de este año hizo saltar por los aires cuando hubo que cortarle el envío de gas a Chile y algunas empresas locales. Si a esto se le suma el alto precio de los alimentos en el mercado internacional, los números salvan a cualquiera.

Van para cuatro meses que Argentina, como en sus mejores tiempos, se yergue altiva, de pie. Está totalmente parada. Pero los dos bandos en disputa parece que la van de sentados. En el medio, una multitud va tomando partido. A otra, inmensa, la cuestión le interesa un rábano. Y gane quien gane, el grave conflicto entre campo y Gobierno ofrecerá más capítulos for export. Como en las mejores telenovelas.

Como dijimos hace un tiempo -pese a todos los pronósticos en contrario- la guerra será larga y a todo o nada. Primero fueron los militares y después les tocó el turno a los policías, curas, FMI, supermercadistas, empresarios, jueces, periodistas y por último, a los ruralistas. La diferencia radicó en que éstos, en lugar de guardar el violín en el estuche, contraatacaron, y al compás de una sinfonía pocas veces escuchada, hicieron retroceder al Gobierno que se vio en la necesidad de despedir a un joven ministro, cambiar sobre la marcha una y otra vez no sólo los fundamentos de una resolución polémica sino también el destino de los fondos que en la última entrega se supo son indispensables para el pago de la deuda externa. Además, el matrimonio presidencial no tuvo más remedio que abrir parte del Congreso que se encontraba en refacciones desde hacía cinco largos años.

Los Kirchner están convencidos desde hace cinco años que hay quienes quieren golpearlos. Los autores pueden ser los norteamericanos, los resabios del “Proceso”, los dueños de los medios de comunicación y, en los últimos meses, la “oligarquía agroganadera”. De persistir esta actitud, podría arribar al escenario la tan sabida y temida profecía autocumplida de Merton; “una predicción que directa o indirectamente conduce a convertirse en realidad”; una definición falsa de un escenario que puede motivar en el sujeto que la expone una serie de comportamientos que lo llevan a convertirla en verdadera. Si por ejemplo, predecimos en forma pública que va a escasear un determinado producto alimenticio, la gente se agolpará en los comercios y producirá desabastecimiento; si se corre la voz que un banco está por quebrar o que es inminente que el gobierno confisque los depósitos, los ahorristas retirarán las reservas; si la población escucha que se aproxima una hiperinflación, todos saldrán a comprar alimentos provocando desabastecimiento.

De esta confusión participó en mayo pasado el universo progre kirchnerista cuando setecientas cincuenta personas de “la cultura, la educación, el periodismo, las ciencias, el cine, las artes, la poesía y la literatura” e “intelectuales”, por supuesto, se manifestaron a través de una publicitada Carta Abierta que llevó como título “En defensa de un gobierno democrático popular amenazado, preservando la libertad de crítica”. Fiel al alineamiento de los firmantes, el inconducente e ininteligible libelo intentó imponer la idea de que “Un clima destituyente se ha instalado, que ha sido considerado con la categoría de golpismo”.

Con un pasado golpista y armado a cuestas, el espectro kirchnerista cree que todos son de su condición. De ahí que se crean dueños únicos del proceso democrático y salgan a defenderlo a trompadas y palazos con sus matones irrunpiendo en cualquier manifestación que se oponga a sus designios. Puede ser en la Plaza de Mayo o en los portones de la Quinta Presidencial. A estos seres despreciables se los ha visto últimamente sentados muy cómodamente en el Senado de la Nación.

Hay que seguir esperando. La revuelta del campo parece haber adelantado en algunos meses el final de un proceso de improvisación en todas las áreas de Gobierno. Es de esperar que en algún momento se aproxime el momento final del patoterismo oficial y el gasto dispendioso de fondos públicos en el indigno clientelismo político del que este Gobierno hacer gala constantemente. Deberá ser en su medida y democráticamente.


SALINAS BOHIL
CORREO DE BUENOS AIRES

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