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domingo, 27 de diciembre de 2009

EN BUSCA DE UNA BANDA


En busca de una banda

Bandas hay en todas partes del mundo, pero daría la impresión que aquí existen más. Es el eterno juego argentino de victimizarse, juego infantil si lo hay. Pero bueno, sí, hay algunas: la de los medicamentos truchos, efedrina, barrasbravas, comisarios, piqueteros, funcionarios, jueces, legisladores, abogados, escribanos, reducidores de toda laya, falsificadores, tratantes de blancas (y negras), traficantes de armas, arrebatadores, trapitos y un sinfín de etcéteras, porque por donde quiera que se presione el dedo salta una banda. Y a no enojarse que si apenas somos cuarenta millones y mucho nos conocemos.

Hasta Daniel Passarella, un histórico jugador-capitán de River Plate (el equipo de la banda roja) y del seleccionado de la AFA, loco por la banda, se presentó a elecciones para Presidente de ese popular club y ganó. una deuda de varias decenas de millones de dólares sin decir ni una palabra acerca de cómo va a pagar semejante déficit. Cualquier semejanza con los candidatos políticos que aspiran a tener su banda no es mera coincidencia.

Cobos, Macri, Das Neves, algún Rodríguez Saá, Solanas y los eternos candidatos de los partiditos de izquierda aspiran a la banda presidencial. Hasta Carlos Menem quiere tener su tercer corona de laureles y Reutemann, decidido de una vez, podría llegar a abandonar los boxes a mil. Pero es seguro que aparecerán más, muchos más, porque este sigue siendo un país generoso y apenas si faltan dos años para ser elegidos y no hay nada importante de qué ocuparse.

El que espía no interroga; el que tira no carga el arma ni los cartuchos; el que está en campaña no tiene tiempo para ejercer el cargo. De ninguna manera se pretende desde esta publicación desprestigiar la política pero sería conveniente que los políticos desistan de ser los primeros en hacerlo, porque la tenaz búsqueda de la banda presidencial muchas veces no deja advertir a los interesados que otras bandas suelen aprovecharse de semejante pasión.

Como hemos señalado en otra ocasión, el tipo de banda que a muchos políticos obsesiona es un resabio colonial que debería dejarse de lado cuando el país está cercano a cumplir sus doscientos años de vida independiente. Sin embargo, hemos de reconocer que una decisión de ese tenor es muy difícil de imponer en un territorio poblado de manecillas que atrasan y donde sus administradores actúan como señores feudales y una parte del electorado cree en políticas estatistas y dirigistas o alienta, por ejemplo, prácticas dictatoriales. Pese a ello, se manifiestan, como unos grandes y modernos demócratas.

Esta semana, a años luz de la elección presidencial, Eduardo Duhalde ha manifestado que quiere la banda. Raro, extraño, porque él y su mujer (En Argentina si no es familiar la política no es política) renegaron a tal punto del manejo de la cosa pública que el ex Presidente llegó a decir públicamente: "Los políticos son una m.", para agregar: "Yo me incluyo". Y además señaló una y otra vez que se retiraba de la política. La extraña decisión significa que hay quienes pueden borocotearse a sí mismos.

Duhalde es opositor a Néstor Kirchner. Eso dice, porque nunca se sabe. Es como los "pronósticos" oficiales del tiempo: cuando señalan que va a salir el sol, llueve; y si anticipan posibles tormentas, es que el sol rajará las piedras. Duhalde tiene historia: como cuarenta años de ella: cuarenta años de las mismas agujas del reloj que atrasan. Y si el 28 de junio se libró una gran interna peronista, la que viene será de ese tipo.

Pero llama la atención que el "lanzamiento" se produzca cuando el matrimonio presidencial está desprestigiado por denuncias de todo tipo como el conocimiento de los oscuros financiamientos de su última campaña y la población se encuentra técnicamente de vacaciones y sus mentes está en otra cosa. Por lo demás, Kirchner y Duhalde están de acuerdo en el reflotamiento de los dos partidos tradicionales en detrimento de los más chicos como si las cariocinesis partidarias pudiesen frenarse por decreto y con internas obligatorias.

Eduardo Duhalde está en su derecho de pelear la interna de su partido pero debería explicar por qué antes eligió y elogió a Néstor Kirchner para, desde tiempo atrás, rebajarlo; por qué renunció Adolfo Rodríguez Saá y cuál fue el motivo por el que Carlos Reutemann dijo que había cosas que no le gustaban cuando fue ungido para Presidente por el que ahora quiere serlo. Demasiadas cosas para aclarar la memoria de los argentinos, a veces -muchas veces- demasiado amarillenta por el paso del tiempo, o por conveniencia.
SALINAS BOHIL

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