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jueves, 23 de abril de 2009

INEQUIDAD.....


INEQUIDAD E IRRACIONALIDAD EN EL SIGLO XXI

Por Ana María Bebic

"La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal,

sino por las que se sientan a ver lo que pasa."

Albert Einstein

Argentina atraviesa un número de dificultades que podrían sintetizarse en un sistema tributario inequitativo con decisiones políticas no tomadas o irracionales que conducen al acrecentamiento de la pobreza.

En perseguir la maximización de los beneficios las grandes empresas y corporaciones se establecen en aquellos territorios donde la tasa de desempleo es más alta y los salarios más bajos, previo acuerdo de algún tipo de exención impositiva con la administración de turno.

Los ingresos que el fisco no recauda del sector inversor, pasan a ser presión tributaria en otro sector, o sobre aquellos bienes o servicios donde existe certeza de recaudación, o mejor dicho, donde se hace más dificultoso evadir o eludir.

Así tenemos que en Argentina, la mitad del valor de venta al público de un automóvil es carga impositiva. Los impuestos internos sobre los combustibles, bebidas alcohólicas y cigarrillos entre otros representan un monto significativo del precio final.

La alta presión tributaria que soportan sus habitantes es de larga data. Por lo menos en los últimos veinticinco años, analistas económicos, políticos y sectores de la actividad económica sostuvieron que amerita una revisión total del sistema impositivo, habida cuenta que existen innumerables normas con afán recaudatorio que limitan difusamente con confiscación, por la superposición de gravámenes o doble imposición.

Uno de los impuestos de mayor recaudación, sino el principal, sigue siendo el Impuesto al Valor Agregado. Su alícuota triplica al similar en los países desarrollados. Siendo un gravamen regresivo, el habitante que más tributa es el que menos ingresos percibe.

Por otro lado, el vasto territorio argentino se caracteriza por su ubicación geográfica, alejada de todo centro de gran consumo, y su falta de población. Otro eje que no ha concentrado la atención de los sucesivos gobiernos y permitió la absorción de la pobreza de otros países sin regulación ocupacional, sanitaria o de vivienda que se sumó a la pobreza estructural no atendida.

Que hay necesidad de poblar el país no hay duda, la pregunta sería ¿a qué costo? Y la respuesta la tenemos cuando vemos la cantidad de púberes y adolescentes con niños o embarazadas. La necesidad de poblar un territorio se hace a costa de la ignorancia, la falta de responsabilidad filial y educación sexual temprana, contribuyendo al crecimiento de la desigualdad.

Otro tema es la irresolución del conflicto agrario, la terquedad gubernamental afectó industrias conexas como la de maquinarias agrícolas que debieron en un primer momento suspender personal, luego despedirlo, encontrándose algunas de ellas con grandes dificultades de financiamiento para sostenerse en el tiempo.

La particularidad de un año de sequía extrema produjo innumerables pérdidas de los recursos agrícolas ganaderos ya deprimidos por la caída de los precios internacionales y las retenciones.

En el ámbito público, el largo conflicto docente y la reducción drástica de los haberes con menor carga horaria por cierre de cursos contribuyeron a agregar un punto más a la recesión.

El alcance de la crisis financiera internacional que abarca a empresas constructoras, industriales y de servicios, se sumó la voracidad del supermercadismo que continuó con sus precios en alza.

La pluralidad de calamidades que está soportando la sociedad argentina, sin que ningún político se inmute, y la condición de inequidad permanente a la que conduce el sistema tributario, hace concluir que la necesidad de especialistas para conocer las consecuencias resulte ociosa.

A lo expresado hay que agregar el proceso de estanflación que atraviesa Argentina en la mayoría de sus provincias que está diezmando la capacidad de subsistencia de amplios sectores medios y humildes.

No existe solución para ninguno de estos males mientras reine la inseguridad, la inoperancia y la prepotencia. Tampoco mientras continúen las tropelías o irracionalidades como el incremento o la reposición de impuestos en plena crisis.

La dilación en reparar, gobierno tras gobierno, los ejes centrales de política económica-tributaria, no implica desconocimiento del problema. De no tomar decisiones adecuadas tendremos que comenzar a hablar de una nueva década perdida.

Resolver sobre estas cuestiones aportaría al saneamiento de la economía en su conjunto en beneficio de las clases sociales más afectadas por la inequidad. Porque hasta ahora el aprendizaje de los últimos años es que con asistencialismo y sin tomar decisiones no se sale de la pobreza. Si el gobierno desea que los humildes se desarrollen no hay que ofrecerles pescado sino hay que enseñarles a pescar.

cronica y analisis

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